domingo, 4 de agosto de 2019
jueves, 25 de julio de 2019
Thomas Merton EL LIBRO DE LAS HORAS
"Nuestra
vocación no consiste simplemente en ser, sino en trabajar junto con
Dios en la creación de nuestra vida, nuestra identidad, nuestro destino.
Esto significa que no debemos existir pasivamente, sino participar
activamente en Su libertad creadora, en nuestra vida y en la vida de los
otros, eligiendo la verdad.
Nosotros no conocemos con claridad y de antemano cuál será el resultado de este trabajo. El secreto de mi plena identidad está escondido en Dios. Sólo él puede hacer de mí la persona que yo soy o, mejor, la que seré cuando al fin comience a ser plenamente. Pero si no deseo esta identidad y no trabajo con Él y en Él para encontrarla, la obra nunca será realizada. La manera de hacerlo es un secreto que sólo Dios puede enseñarme. No hay forma alguna de conocer este secreto sin fe. Mas la contemplación es el don mayor y más precioso, ya que me permite ver y comprender la obra que Dios quiere que haga."
Nosotros no conocemos con claridad y de antemano cuál será el resultado de este trabajo. El secreto de mi plena identidad está escondido en Dios. Sólo él puede hacer de mí la persona que yo soy o, mejor, la que seré cuando al fin comience a ser plenamente. Pero si no deseo esta identidad y no trabajo con Él y en Él para encontrarla, la obra nunca será realizada. La manera de hacerlo es un secreto que sólo Dios puede enseñarme. No hay forma alguna de conocer este secreto sin fe. Mas la contemplación es el don mayor y más precioso, ya que me permite ver y comprender la obra que Dios quiere que haga."
lunes, 22 de julio de 2019
EL SILENCIO ME SOSTIENE Y ME LIBERA ENRIQUE MARTÍNEZ LOZANO
Desde siempre sentí una atracción especial por el silencio, antes
incluso de saber lo que era. Desde niño, sentía la necesidad de quedarme
a solas; siendo joven, empecé a buscar espacios de silencio en
monasterios cartujos y cistercienses. Y percibía que el silencio me
“recomponía”, aquietándome por dentro y armonizando toda mi existencia.
Sin embargo, la innegable atracción se daba la mano con la
dificultad que experimentaba. Buscaba el silencio, pero rara vez lograba
acallar el oleaje mental y emocional. Había demasiado ruido –miedo y
soledad- y demasiado ego en mi interior. Y me faltaba mucho para
comprender que el silencio no tiene que ver tanto con lo exterior,
cuanto con la mente y el yo. Me faltaba mucho trabajo interior –trabajo
psicológico y práctica meditativa adecuada- para ir aprendiendo a
aquietar la mente y silenciar el ego.
Hoy sigo
experimentando dificultades y mi ego se sigue desbocando. Sin embargo,
se me ha regalado una certeza impagable: que el silencio no es “algo”
que vaya buscando porque me hace bien, sino que es otro nombre de la
Realidad que me sostiene y, en último término, me constituye. Y ahora
entiendo, finalmente, por qué me atraía con tanta intensidad: el
Silencio es la “casa”, nuestra verdadera identidad. Lo contiene todo
–también los ruidos, los pensamientos y las emociones con sus vaivenes-,
pero no se reduce a nada de ello.
Tras ese regalo, vivo
el Silencio, no como algo bienhechor, ni tampoco como una práctica
beneficiosa, sino como un estado de consciencia que me permite
reencontrarme conmigo mismo en profundidad y con todos los seres.
Ahora sé también que no hay nada que lo pueda romper. Y por eso
vuelvo a él en medio de cualquier actividad e incluso de cualquier
alteración. Volver a él es venir a casa y encontrarme con lo que soy,
con lo que somos: Aquello que está siempre a salvo y no puede ser
dañado. He descubierto así el Silencio como fuente de liberación.
Y no se trata de ningún esfuerzo por “construir” o “producir”
ese silencio sanador. Es mucho más sencillo: se trata simplemente de
dejarse atraer y aprender a descansar en él. El resto viene dado. No
implica tanto esforzarse en poner atención cuanto descansar en la
atención que somos.
Descansar, vivir en el Silencio
significa poner consciencia en todo aquello que hago y vivo: en la tarea
que estoy realizando, en la relación que mantengo, en la preocupación
que aparece, en la inquietud que altera, en el dolor que desasosiega…, e
incluso en la oscuridad que parece cegarme. Sea lo que sea,
simplemente, pongo consciencia en aquello que está sucediendo –me
introduzco en el estado de consciencia que es el Silencio- y permanezco
en la Presencia que soy. Y compruebo, una y mil veces, que lo que brota
de ese estado no tiene nada que ver con lo que aparece en el estado
mental. El Silencio me unifica y me libera, me mantiene en casa, me
otorga una capacidad cada vez más fácil de resituarme cuando mi ego ha
tomado el mando y me regala el gozo de experimentar que soy uno con la
Vida.
lunes, 15 de julio de 2019
LA SABIDURIA DE VIVIR
"El
verdadero y más grande descanso es el descanso dentro de nosotros
mismos, recorrer silenciosamente todas las costas y litorales de nuestro
espacio interno. A veces nos encontramos en ese turismo interior con
costas rocosas, grandes desiertos, inundaciones emocionales, abismos
insondables....., paisajes desagradables y entornos de dolor. Por eso
este tipo de turismo interior no suele promoverse por las agencias de
viajes.
Meditar en silencio es el gran viaje, la gran travesía que nos conduce al espacio profundo de nuestro Misterio en el que podemos descansar y recomponernos verdaderamente. Es como el vuelo de un águila que, sin apenas ruido, mira desde lo alto, con cierta distancia y perspectiva, todo lo que se agita y se mueve en la superficie, pero sin descender a ella. Un viaje del que uno trae como souvenir un corazón sereno y un rostro iluminado".
Meditar en silencio es el gran viaje, la gran travesía que nos conduce al espacio profundo de nuestro Misterio en el que podemos descansar y recomponernos verdaderamente. Es como el vuelo de un águila que, sin apenas ruido, mira desde lo alto, con cierta distancia y perspectiva, todo lo que se agita y se mueve en la superficie, pero sin descender a ella. Un viaje del que uno trae como souvenir un corazón sereno y un rostro iluminado".
José Maria Toro
jueves, 11 de julio de 2019
SENTIRSE HABITADO POR LA PRESENCIA
"Nuestro
mundo interior es una frenética colmena de actividad, y a eso lo
llamamos diálogo interior; la mayor parte de ese diálogo interior es una
suma de creencias que otras personas nos han transmitido. La forma de
llegar a este lugar de paz interior es acallar el frenesí interno. A
medida que aprenda a acallarse el diálogo interior y sentirse más en
paz, comenzará a percibir la presencia de Dios en su vida. Esa paz la
sentirá tanto en su cuerpo como en su mundo interior. Cuando acallas el
diálogo interno, te encuentras en contacto directo con la amante
presencia de Dios; Dios reside dentro de nosotros".
Enrique Montalt Alcayde
Enrique Montalt Alcayde
sábado, 6 de julio de 2019
EL ICONO
¿Qué es un icono realmente?
La palabra “icono” viene del griego “eikon”, que significa semejanza, imagen que atestigua una presencia. Cristo, imagen visible de Dios invisible, es el prototipo del icono. El icono es una ventana a lo invisible. Ocupa un lugar central en la fe, y en la expresión litúrgica de esta fe, en la tradición cristiana rusa y bizantina.
Para ser iconografo se requiere por encima de talentos artísticos una vida santa. Antes de pintar, el iconografo se prepara durante cuarenta días por medio del ayuno y de la oración.
Pinta los rostros por medio de una “aclaración progresiva”. Recubre la plancha de madera de un tono oscuro y luego pasa a usar tintes más claros, añadiendo ocres y amarillos, superponiendo progresivamente claros, añadiendo ocres y amarillos, superponiendo progresivamente claros, lo que revela el nacimiento de la luz en el ser humano. Es luz manifestando la verdadera Luz que ilumina todas las cosas. En el icono la luz nace de dentro, no hay ningún foco externo que ilumine la imagen desde fuera. El iconografo nunca firma; ha sido Otro quien ha pintado a través de él.
El icono “no pintado por mano humana: recuerda el “sumi-e” japonés, donde se trata de pintar el alma de la flor, del paisaje, “sin pincel”. El pintor del icono es el Espíritu, y se dirige al ojo del espíritu. Solo lo sabe ver y reconocer el ojo humilde de un niño. Es un conocimiento por semejanza; tiene que haber una correspondencia interior entre el icono que se mira y el icono interior de quien lo mira. El icono interior anida en lo más profundo de todo ser humano, es su identidad más verdadera. Está en cada uno “desde los orígenes”, pero muchas veces está oculto bajo capas que cubren la luz del corazón. Toda la obra del Espíritu en el ser humano consiste en descubrir esta imagen.
El Icono se revela en el silencio. La mirada contemplativa prolongada descubre ahí el Misterio que ninguna palabra puede expresar, ninguna mano pintar. El icono es una alabanza de Aquel que sobrepasa toda imagen y toda palabra. Así como la fe, experiencia oscura amorosa, trasciende toda imagen y concepto gracias, precisamente, a la ruta mostrada por imágenes y conceptos, así el ser humano primero calla porque ha visto y oído, para luego volver a pintar y hablar desde el silencio.
La Palabra desde el Silencio
Por Ana Maria Schluter
miércoles, 3 de julio de 2019
EL SILENCIO EN TODAS LAS CULTURAS
!!Apartemos
en las horas de nuestras Labores Diarias un Tiempo para estar en
Silencio,Meditación y Reflexión en compañía con los nuestros familiares
especiales con nuestros niños para que adquieran este bello método para
su Futuro y desarrollo interno y externo ,en el futuro te lo van
agradecer sinceramente toda una vida.!!
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