jueves, 12 de octubre de 2017

... Continuación... AL CREADOR A TRAVÉS DE LA CREACIÓN

Reflexiones de un monje contemplativo.
 
La creación nos conduce a Dios y Dios nos devuelve a la creación.

Todas las cosas son sagradas en su ser verdadero, en lo más íntimo de su esencia, pero nuestra relación con la creación de Dios ha sido deformada por el pecado original y personal, y no volveremos a descubrir este carácter sagrado que le es intrínseco hasta que nuestro corazón haya sido purificado.

SIN RENUNCIA, SIN UNA DISCIPLINA ASCÉTICA, NO PODEMOS PROCLAMAR LA VERDADERA BELLEZA DEL MUNDO, POR ESO NO PUEDE EXISTIR VERDADERA CONTEMPLACIÓN SIN ARREPENTIMIENTO.

Asimismo, contemplación de la naturaleza quiere decir encontrar a Dios no solamente en todas las cosas, sino en todas las personas. Cada uno de nosotros es un ícono viviente de Dios. 

Para encontrar a Dios no tenemos que dejar el mundo ni aislarnos de nuestros hermanos ni lanzarnos a una especie de vacío místico. Por el contrario, Cristo nos mira a través de los ojos de los que nos encontramos. Cuando descubrimos su presencia universal, todos nuestros gestos hacia los otros se convierten en oración.

Con frecuencia se considera la contemplación como un don raro y sublime. Lo es, naturalmente, en su plenitud. Pero cada uno de nosotros lleva en sí la semilla de una actitud contemplativa.  De ahora en adelante yo puedo ir por el mundo consciente de que el mundo es de Dios y que él está muy cerca de mí en todo lo que veo y toco, y en todos aquéllos con quienes me encuentro. 

Numerosas personas que opinan que la oración sin imagen, la oración del silencio, está más allá de sus capacidades y para las que las frases familiares de la Escritura o de los libros de oración acaban por hacérseles fatigosas y estériles, pueden renovar su vida interior practicando la contemplación de la naturaleza. Al aprender a leer la palabra de Dios en el libro de la creación descubriendo su firma en todas las cosas, me doy cuenta de que frases muy conocidas de la Escritura adquieren una nueva amplitud. Así es cómo la naturaleza y la Escritura se completan.
"Donde poses los ojos, encontrarás el símbolo de Dios; donde leas encontrarás sus figuras.
Fíjate en cómo la naturaleza y la Escritura están estrechamente unidas.
¡Alabanza a Tí, Señor de la naturaleza!
¡Gloria a Tí, Señor de la Escritura!"
                                 San Efrén el Sirio
 

miércoles, 6 de septiembre de 2017

... Continuación ... AL CREADOR A TRAVÉS DE LA CREACIÓN

Reflexiones de un monje contemplativo.

La contemplación de la naturaleza tiene dos aspectos correlativos. En primer lugar, significa que apreciamos la essencia de las cosas, de las personas y de los momentos particulares. Aprendemos a ver cada piedra, cada hoja, cada brizna de hierba, cada rana, cada rostro humano, en su realidad, en su carácter distinto y en la intensidad de su ser propio.
"El verdadero misticismo", escribe Olivier Clément, "consiste en descubrir lo extraordinario en lo ordinario". 

Solamente el pecado es malo e inútil.
En segundo lugar, la contemplación de la naturaleza significa que vemos en las cosas, personas y momentos, SIGNOS Y SACRAMENTOS DE DIOS, pues en todo lo creado y a través de lo creado discernimos al Creador. Como dice Enrique Suso: "Para quien puede ver el interior en el exterior, el interior se hace aún más interior que para el que solamente puede ver el interior en el interior".

 
 Oremos con el poema de George Herbert, El elixir:
"Enséñame Señor y Rey mío,
a verte en todo
y que todo lo que yo haga
lo haga por tí.

Quien mira un cristal
puede dejar que su mirada se detenga en él
o, si le agrada, puede mirar a su través
y descubrir el cielo."

... Continuará ...

sábado, 22 de julio de 2017

Reportaje al Prior General de la Gran Cartuja

NOTA: Recordar poner pausa en la música de fondo de este blog, clickeando sobre las rayas perpendiculares del ícono "música bella" a la derecha y debajo de esta página.


viernes, 23 de junio de 2017

... Al Creador a través de la Creación ...


Reflexiones de un monje contemplativo.
 
Al hacerme más sensible al mundo de Dios en torno mío, me hago más conciente del mundo de Dios que está en mi interior. Al empezar a ver la naturaleza en Dios, comienzo a ver mi lugar como persona humana en el orden natural de las cosas. Empiezo a comprender lo que es ser microcosmos y mediador.
Todas las cosas están impregnadas y mantenidas en la existencia por las energías increadas de Dios, convirtiéndose así en una teofanía que revela su presencia.
 

Todas las cosas encierran un principio interior, su logos, implantado por el Logos creador. A través de este logos, entramos en comunicación con el Logos. Dios está por encima y más allá de todas las cosas. Contemplar la naturaleza es también descubrir las energías o logoi de Dios en todo lo que El ha hecho.
Es descubrir por medio de nuestro intelecto espiritual antes que por nuestra razón discursiva, que el universo entero es una zarza ardiente cósmica, abrasado  (brasas) por el fuego divino, pero no consumido.
Además de este principio teológico, la contemplación de la naturaleza requiere igualmente un principio moral. En el segundo grado, solamente podremos progresar en la medida en que hayamos andado el primer grado practicando la virtud y observando los mandamientos.
 
 
Si nuestra contemplación de la naturaleza no está sólidamente anclada en la "vida activa", se limitará a una contemplación estética o romántica y no llegará a elevarse a la altura de lo que es auténticamente poético o espiritual, allí donde no puede existir percepción del mundo en Dios sin un arrepentimiento radical, sin la constante metanoia
 
... Continuará...

jueves, 1 de junio de 2017

Al Creador a través de la Creación

Reflexiones de un monje contemplativo.
Continuando con el esquema presentado en el post del 13 de enero del corriente año, entramos ahora en la segunda "etapa" de la vida contemplativa, o el segundo de los tres grados del camino espiritual: la contemplación de la naturaleza o physiqué.
 
Se trata de la contemplación de la naturaleza en Dios, o la contemplación de Dios en la naturaleza y a través de la naturaleza. Este grado es un preludio del tercero; al contemplar las cosas que Dios ha hecho, el ser humano orante es conducido a contemplar a Dios.
 
No necesariamente este grado sigue a continuación de la practiqué sino que puede ser simultáneo con ella.

Como hemos dicho, la nepsis o vigilancia es la condición necesaria para la contemplación. Yo no puedo contemplar a Dios o a la naturaleza sin aprender a estar presente donde estoy, en este momento presente, en este lugar presente. Detenerse, mirar, escuchar, es el principio de la contemplación. La contemplación de la naturaleza comienza en el momento en el que abro los ojos, literal y espiritualmente, en el momento en el que empiezo a notar el mundo que me rodea, el mundo real, el mundo de Dios.
 
Contemplar la naturaleza es tomar conciencia de las dimensiones del espacio sagrado, del tiempo sagrado. Este objeto material, esta persona con la que hablo, este instante, son sagrados; cada uno es, a su manera, único, imposible de repetir y por consiguiente adquiere un valor infinito. Cada uno es una ventana hacia la eternidad.
 ... continuará ...
 

lunes, 8 de mayo de 2017

Vigilad y orad dice el Señor. Ascesis aplicable al ser humano del siglo XXI

El ser humano néptico es, como ya hemos dicho, aquél que vigila y se vigila, es aquél que ha desarrollado el autoconocimiento y como consecuencia ya puede discernir (diakrisis) distinguir entre los diversos pensamientos e impulsos que lo asaltan. . En virtud de la ascesis (práctica de las virtudes a fin de obtener la pureza de corazón) y de la oración, el ser humano podrá  conocer la diferencia entre el bien y el mal, entre lo superfluo y lo esencial, entre las fantasías de su imaginación y lo verdadero, genuino, real. Y así podrá cerrar fácilmente la puerta a las tentaciones y provocaciones del enemigo.
Como hemos dicho, una de las razones esenciales de esta vigilancia es la "lucha contra las pasiones". Por pasión entendemos no sólo el desorden de tipo sexual, sino todo apetito o deseo desordenado que se apodera violentamente del alma: cólera, celos, gula, avaricia, sed de poder, orgullo, etc. Estas pasiones, según los Padres (Abbas) y Madres (Ammas) del Desierto, son en sí, extrañas a la verdadera naturaleza del ser humano. 
Nuestro objetivo no será eliminar dichas pasiones, sino reorientar su energía. La rabia incontrolada se transformará, por ejemplo, en una indignación justificada. Los celos, llenos de desprecio, en un celo por la verdad; el desenfreno sexual se convertirá en un eros puro. Por cierto se trata entonces de purificar las pasiones y no de matarlas . Deben ser educadas y no eliminadas. Deben servir a fines positivos y no a fines negativos. No suprimamos, transformemos. Este esfuerzo por purificar estas tendencias deberá llevarse a cabo simultáneamente en el nivel del alma y en el del cuerpo. En el nivel del alma, las pasiones son purificadas por medio de la oración, por la recepción regular de los sacramentos de la penitencia y de la comunión, por la lectura cotidiana de la Escritura, cuidando de 
alimentar nuestro espíritu con pensamientos sanos, y por medio de gestos de atención amorosa hacia el otro.
 






En el nivel del cuerpo, las pasiones se purifican ante todo por medio del ayuno y la abstinencia y con frecuentes prosternaciones durante la oración (ejercicios penitenciales)

El ser humano no es un ángel, sino una unidad compuesta de cuerpo y alma. Por esta razón se insiste en el valor espiritual del ayuno. No ayunamos porque sea malo comer o beber. El alimento y la bebida son dones de Dios y se deben aprovechar con placer y gratitud. Ayunamos no por desprecio a estos dones divinos, sino para tomar mejor conciencia de que verdaderamente son un don. Ayunamos, por ejemplo, para purificar nuestra actitud hacia el alimento y la bebida y hacer de ellos no una concesión a la gula, sino un sacramento y un medio de comunión con Aquél que nos los dispensa.
 
Entendido así, el ayuno ascético no está dirigido contra el cuerpo sino contra la carne (recordemos que este término se refiere a todos aquéllas malas inclinaciones o pasiones en general). La finalidad de ayunar no es debilitar el cuerpo de una manera destructiva, sino una forma creadora de hacerlo más espiritual.
 
La purificación de las pasiones conduce eventualmente, con la gracia de Dios, a lo que Evagrio del Ponto llama la apatheia o "ausencia de pasión". Por este término entendemos no una condición negativa, como la indiferencia o la insesibilidad para no sentir la tentación, sino un estado positivo de reintegración y libertad espiritual, gracias al cual NO CEDEMOS a la tentación. La mejor forma de traducir el término apatheia sería sin dudas, "pureza de corazón". Esto quiere decir que se progresa de la inestabilidad a la estabilidad, de la duplicidad a la simplicidad o a la unicidad del corazón, de la inmadurez de nuestros temores y de nuestras sospechas a la madurez de la inocencia y de la confianza. Para Evagrio, la ausencia de pasión y el amor están estrecha e íntegramente relacionados como las dos caras de la misma moneda. El desenfreno impide el amor.

Apatheia significa que somos liberados del dominio del egoísmo y del deseo incontrolado y por lo tanto somos capaces de amar verdaderamente.
Experimentamos la "verdadera libertad de los hijos de Dios" (Rom 8, 21). Pasamos de la "esclavitud a la libertad" (Gál 5,1)
 
La persona "sin pasiones", lejos de ser apática, tiene un corazón que arde en amor por Dios, por el prójimo y por toda la creación.
 
 San Isaac el Sirio escribe:
"Cuando un ser humano con un corazón así se pone a pensar en las criaturas y a mirarlas, sus ojos se llenan de lágrimas, pues su corazón se desborda con una compasión extrema.
 
Su corazón se enternece hasta tal punto que no puede oír hablar de una herida o soportar el menor sufrimiento infligido a cualquier criatura. Por eso, no deja de orar con lágrimas en los ojos incluso por los animales, los enemigos de la verdad y los que la maltratan, para que sean protegidos y reciban misericordia divina". 

Aquí ya estamos hablando del ser humano deificado, en virtud de la Gloriosa Resurrección de Cristo Jesús.
... Continuará...

domingo, 16 de abril de 2017

... Continuación ... El combate espiritual

La tradición ha clasificado en ocho los malos pensamientos que son causa de los vicios capitales: gula, lujuria, avaricia o codicia, tristeza, acedía, ira, vanagloria, soberbia u orgullo. Estos son la fuente en la que se originan todos los demás afectos desordenados.

El aumento de los malos pensamientos tiene como causa y reina a la soberbia.

La gula no sólo tiene que ver con la búsqueda desordenada del placer por las comidas, sino con todos los trastornos alimenticios y adicciones de todo tipo (drogadicción, alcoholismo, etc.).
 

La lujuria es la búsqueda desordenada del placer sensible en el campo de la sexualidad (pedofilia, trata de personas, infidelidades, entre otras).
La codicia es la avidez y apego por los bienes temporales (emoción: miedo al futuro) (consecuencias: luchas de poder, corrupción, robos, acumulación de objetos materiales, indiferencia ante el dolor ajeno, etc).
 
La ira es la excitación del ánimo por un bien que no se consigue obtener, con el deseo desordenado de venganza. Si ésta dura mucho se convierte en rencor, verdadero cáncer del ánimo. (Consecuencias: abuso de poder, irracionalidad, maltrato, violencia de género, etc.).
 
La tristeza proviene de una dependencia exagerada del mundo. Se siente melancolía por el tiempo pasado. Se lo idealiza con tal de huir del presente. Si la tristeza se reprime, se transforma en ira.
 
La acedía es otra forma de huir del presente pues se siente un total disgusto por el lugar donde se vive así como por el modo de vida que se lleva. Se siente uno aburrido, angustiado, con una gran congoja interior. Este sentimiento desordenado será luego también conocido como pereza o desidia, pues nos lleva a descuidar nuestros deberes tanto espirituales como temporales por el empeño que ellos exigen de nuestra parte. Gregorio el Grande enumera como consecuencias de la acedía, la desesperación, el desaliento, el mal humor, la amargura, la indiferencia, la somnolencia, el aburrimiento, la evasión de sí mismo, el hastío, la curiosidad, la dispersión en murmuraciones, la intranquilidad del espíritu y del cuerpo, la inestabilidad, la precipitación y la versatilidad.
 La vanagloria es el deseo desordenado de honores, fama, superioridad, preeminencia sobre los demás. Se trata de una glorificación del Yo, no de una entrega a Dios.
 La soberbia u orgullo es la hinchazón del alma que lleva a considerarse autosuficiente y por lo tanto niega la necesidad de Dios y menos aún considerarlo como Padre Omnipotente. Lleva a una total desintegración de la personalidad pues la persona, al verse como Dios, niega su condición humana.
 
... Continuará...

miércoles, 15 de marzo de 2017

... Continuación ... Camino Espiritual

"Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios." Mt 5,8
 
Continuando con nuestra vida activa o de trabajo en el campo espiritual, a fin de obtener esa "pureza de corazón" que nos permita llegar a la experiencia contemplativa, habremos de decir como punto de partida que: el acto de fe y de amor a Dios o el pecado se llevan a cabo sobre todo en el espíritu y sólo después se expresan en el cuerpo. Por eso la selección de los pensamientos para alcanzar la pureza de corazón es el punto más decisivo y comprometedor de la ascesis. "Es un compromiso que no permite respiro. Hay que combatir día y noche." (San Gregorio Nacianceno). Evagrio habla de "guerra material e inmaterial, visible e invisible". "Todo el combate del ser humano se desarrolla en el pensamiento" (Pseudo Macario). "Guárdate de abusar de tus pensamientos. No se pecaría en la acción si no se pecase en el pensamiento". (San Máximo).
 
Para evitar la caída es imprescindible conocer la táctica de penetración de los malos pensamientos: el primer movimiento viene a partir de una imagen, una idea o un deseo, sugerido por el yo, por el mundo, o por el enemigo (San Juan Damasceno). Comúnmente, el mal pensamiento viene de afuera y trata de identificarse con nosotros: esto sería imposible sin nuestra aceptación o anuencia. Al principio el pensamiento es una pura sugerencia con la que el ser humano entra en conversación, reflexionando si debe o no aceptar la sugerencia. Si el pensamiento es malo y el alma "conversa" con él, se produce la aproximación. Dado que el mal pensamiento se presenta con insistencia, el esfuerzo por rechazarlo se convierte en lucha. Sucumbiendo a la tentación, se produce el consenso con el placer prohibido sugerido por el pensamiento: eso ya es pecado. Al consenso confirmado sigue la realización del acto. Tras una serie de "pactos" se llega al término extremo "la cautividad", la pasión, la costumbre viciosa. (Evagrio, San Juan Clímaco).
Conociendo los malos pensamientos y el modo como penetran en el alma, puede organizarse la defensa. Para tranquilidad de la conciencia debe tenerse presente que el pecado SOLO COMIENZA CON EL CONSENTIMIENTO y que es IMPOSIBLE liberarse interiormente de las sugerencias. "Debemos soportar el combate de los pensamientos". (Orígenes). Con paciencia y valor, combate que si es victorioso, es meritorio y fuente de perfeccionamiento en las virtudes. "La impasibilidad y la virtud no consisten  en no sentir las pasiones, sino en no aceptarlas". (Isaac de Nínive).
Podemos y debemos no detenernos en los malos pensamientos. La "conversación" inicial con ellos no constituye pecado, pero dilapida las energías del alma y las distrae de Dios y de la oración. La paz se conserva con el arte de rechazarlos rápido, a su primera aparición, "aplasta pronto la cabeza de la serpiente" antes de que entre en la casa: si la serpiente entra, la lucha será infinitamente más dura.

No olvidemos que en esta lucha no estamos solos. El Señor nos ayuda y asiste en el combate cuando lo invocamos: "Señor Jesucristo, ten misericordia de mí".
En la próxima entrada veremos la clasificación de los malos pensamientos u ocho vicios capitales, según la Tradición.

... Continuará ...





lunes, 13 de febrero de 2017

... Continuación ... Vida espiritual (relatos de un monje contemplativo)

Con frecuencia se llama al primer grado "vida activa", mientras que el segundo y tercero son tomados como un todo y clasificados bajo el nombre de "vida contemplativa". Estos términos se refieren a estados espirituales: no solamente el asistente social o el misionero llevan una "vida activa". El ermitaño o quien vive retirado del mundo, llevan también una "vida activa", pues están llamados a luchar contra sus pasiones si quieren crecer en la virtud.


Lo mismo ocurre con la "vida contemplativa" que no se limita al desierto o a la clausura monástica, un minero, un empleado, un ama de casa pueden poseer este silencio interior, esta oración del corazón, y ser así "contemplativos" en el verdadero sentido de la palabra.

 
Esta "clasificación" en tres grados con los que hemos calificado, por decir así, nuestro peregrinaje espiritual sirven para ayudarnos pero JAMÁS deben tomarse al pie de la letra pues la oración es una relación viva entre dos personas y dichas relaciones no pueden ser clasificadas en categorías netas y precisas.

Estos tres grados no son estrictamente consecutivos: un grado no termina cuando empieza el otro. A veces una persona tiene visiones directas de la gloria divina, regalo de Dios, incluso antes de que haya empezado a arrepentirse o a comprometerse en el combate de la "vida activa".

Asimismo, por más que una persona esté profundamente iniciada por Dios en los misterios de la contemplación, mientras esté en esta tierra, tendrá que luchar sin tregua contra la tentación. 
Aprenderá a arrepentirse justo al final de su vida terrena. Por lo tanto nadie puede esperar, acá abajo, haber jamás superado el primer grado. Los tres grados son simultáneos más que sucesivos. Podemos concebir la vida espiritual como formada por tres registros de creciente intensidad que dependen unos de los otros y coexisten.

... Continuara ...