miércoles, 22 de noviembre de 2017

LA VANIDAD DEL MUNDO SEGÚN TEÓFANES EL RECLUSO_ 1

Queridos amigos:
Los invito a ver una serie de videos que, si bien se encuentra en you-tube, yo publico aquí tan solo el primero, para que si les gusta el tema, lo puedan encontrar allí para continuarlos viendo.
Estos videos son un curso sobre un texto de San Teófanes el Recluso, abordando diversos temas de nuestro camino espiritual.
Para poder oirlos correctamente, deberán ustedes colocar pausa en el ícono de "música bella" que se encuentra a la derecha, debajo de esta página. Espero que lo disfruten.

jueves, 12 de octubre de 2017

... Continuación... AL CREADOR A TRAVÉS DE LA CREACIÓN

Reflexiones de un monje contemplativo.
 
La creación nos conduce a Dios y Dios nos devuelve a la creación.

Todas las cosas son sagradas en su ser verdadero, en lo más íntimo de su esencia, pero nuestra relación con la creación de Dios ha sido deformada por el pecado original y personal, y no volveremos a descubrir este carácter sagrado que le es intrínseco hasta que nuestro corazón haya sido purificado.

SIN RENUNCIA, SIN UNA DISCIPLINA ASCÉTICA, NO PODEMOS PROCLAMAR LA VERDADERA BELLEZA DEL MUNDO, POR ESO NO PUEDE EXISTIR VERDADERA CONTEMPLACIÓN SIN ARREPENTIMIENTO.

Asimismo, contemplación de la naturaleza quiere decir encontrar a Dios no solamente en todas las cosas, sino en todas las personas. Cada uno de nosotros es un ícono viviente de Dios. 

Para encontrar a Dios no tenemos que dejar el mundo ni aislarnos de nuestros hermanos ni lanzarnos a una especie de vacío místico. Por el contrario, Cristo nos mira a través de los ojos de los que nos encontramos. Cuando descubrimos su presencia universal, todos nuestros gestos hacia los otros se convierten en oración.

Con frecuencia se considera la contemplación como un don raro y sublime. Lo es, naturalmente, en su plenitud. Pero cada uno de nosotros lleva en sí la semilla de una actitud contemplativa.  De ahora en adelante yo puedo ir por el mundo consciente de que el mundo es de Dios y que él está muy cerca de mí en todo lo que veo y toco, y en todos aquéllos con quienes me encuentro. 

Numerosas personas que opinan que la oración sin imagen, la oración del silencio, está más allá de sus capacidades y para las que las frases familiares de la Escritura o de los libros de oración acaban por hacérseles fatigosas y estériles, pueden renovar su vida interior practicando la contemplación de la naturaleza. Al aprender a leer la palabra de Dios en el libro de la creación descubriendo su firma en todas las cosas, me doy cuenta de que frases muy conocidas de la Escritura adquieren una nueva amplitud. Así es cómo la naturaleza y la Escritura se completan.
"Donde poses los ojos, encontrarás el símbolo de Dios; donde leas encontrarás sus figuras.
Fíjate en cómo la naturaleza y la Escritura están estrechamente unidas.
¡Alabanza a Tí, Señor de la naturaleza!
¡Gloria a Tí, Señor de la Escritura!"
                                 San Efrén el Sirio
 

miércoles, 6 de septiembre de 2017

... Continuación ... AL CREADOR A TRAVÉS DE LA CREACIÓN

Reflexiones de un monje contemplativo.

La contemplación de la naturaleza tiene dos aspectos correlativos. En primer lugar, significa que apreciamos la essencia de las cosas, de las personas y de los momentos particulares. Aprendemos a ver cada piedra, cada hoja, cada brizna de hierba, cada rana, cada rostro humano, en su realidad, en su carácter distinto y en la intensidad de su ser propio.
"El verdadero misticismo", escribe Olivier Clément, "consiste en descubrir lo extraordinario en lo ordinario". 

Solamente el pecado es malo e inútil.
En segundo lugar, la contemplación de la naturaleza significa que vemos en las cosas, personas y momentos, SIGNOS Y SACRAMENTOS DE DIOS, pues en todo lo creado y a través de lo creado discernimos al Creador. Como dice Enrique Suso: "Para quien puede ver el interior en el exterior, el interior se hace aún más interior que para el que solamente puede ver el interior en el interior".

 
 Oremos con el poema de George Herbert, El elixir:
"Enséñame Señor y Rey mío,
a verte en todo
y que todo lo que yo haga
lo haga por tí.

Quien mira un cristal
puede dejar que su mirada se detenga en él
o, si le agrada, puede mirar a su través
y descubrir el cielo."

... Continuará ...

sábado, 22 de julio de 2017

Reportaje al Prior General de la Gran Cartuja

NOTA: Recordar poner pausa en la música de fondo de este blog, clickeando sobre las rayas perpendiculares del ícono "música bella" a la derecha y debajo de esta página.


viernes, 23 de junio de 2017

... Al Creador a través de la Creación ...


Reflexiones de un monje contemplativo.
 
Al hacerme más sensible al mundo de Dios en torno mío, me hago más conciente del mundo de Dios que está en mi interior. Al empezar a ver la naturaleza en Dios, comienzo a ver mi lugar como persona humana en el orden natural de las cosas. Empiezo a comprender lo que es ser microcosmos y mediador.
Todas las cosas están impregnadas y mantenidas en la existencia por las energías increadas de Dios, convirtiéndose así en una teofanía que revela su presencia.
 

Todas las cosas encierran un principio interior, su logos, implantado por el Logos creador. A través de este logos, entramos en comunicación con el Logos. Dios está por encima y más allá de todas las cosas. Contemplar la naturaleza es también descubrir las energías o logoi de Dios en todo lo que El ha hecho.
Es descubrir por medio de nuestro intelecto espiritual antes que por nuestra razón discursiva, que el universo entero es una zarza ardiente cósmica, abrasado  (brasas) por el fuego divino, pero no consumido.
Además de este principio teológico, la contemplación de la naturaleza requiere igualmente un principio moral. En el segundo grado, solamente podremos progresar en la medida en que hayamos andado el primer grado practicando la virtud y observando los mandamientos.
 
 
Si nuestra contemplación de la naturaleza no está sólidamente anclada en la "vida activa", se limitará a una contemplación estética o romántica y no llegará a elevarse a la altura de lo que es auténticamente poético o espiritual, allí donde no puede existir percepción del mundo en Dios sin un arrepentimiento radical, sin la constante metanoia
 
... Continuará...

jueves, 1 de junio de 2017

Al Creador a través de la Creación

Reflexiones de un monje contemplativo.
Continuando con el esquema presentado en el post del 13 de enero del corriente año, entramos ahora en la segunda "etapa" de la vida contemplativa, o el segundo de los tres grados del camino espiritual: la contemplación de la naturaleza o physiqué.
 
Se trata de la contemplación de la naturaleza en Dios, o la contemplación de Dios en la naturaleza y a través de la naturaleza. Este grado es un preludio del tercero; al contemplar las cosas que Dios ha hecho, el ser humano orante es conducido a contemplar a Dios.
 
No necesariamente este grado sigue a continuación de la practiqué sino que puede ser simultáneo con ella.

Como hemos dicho, la nepsis o vigilancia es la condición necesaria para la contemplación. Yo no puedo contemplar a Dios o a la naturaleza sin aprender a estar presente donde estoy, en este momento presente, en este lugar presente. Detenerse, mirar, escuchar, es el principio de la contemplación. La contemplación de la naturaleza comienza en el momento en el que abro los ojos, literal y espiritualmente, en el momento en el que empiezo a notar el mundo que me rodea, el mundo real, el mundo de Dios.
 
Contemplar la naturaleza es tomar conciencia de las dimensiones del espacio sagrado, del tiempo sagrado. Este objeto material, esta persona con la que hablo, este instante, son sagrados; cada uno es, a su manera, único, imposible de repetir y por consiguiente adquiere un valor infinito. Cada uno es una ventana hacia la eternidad.
 ... continuará ...
 

lunes, 8 de mayo de 2017

Vigilad y orad dice el Señor. Ascesis aplicable al ser humano del siglo XXI

El ser humano néptico es, como ya hemos dicho, aquél que vigila y se vigila, es aquél que ha desarrollado el autoconocimiento y como consecuencia ya puede discernir (diakrisis) distinguir entre los diversos pensamientos e impulsos que lo asaltan. . En virtud de la ascesis (práctica de las virtudes a fin de obtener la pureza de corazón) y de la oración, el ser humano podrá  conocer la diferencia entre el bien y el mal, entre lo superfluo y lo esencial, entre las fantasías de su imaginación y lo verdadero, genuino, real. Y así podrá cerrar fácilmente la puerta a las tentaciones y provocaciones del enemigo.
Como hemos dicho, una de las razones esenciales de esta vigilancia es la "lucha contra las pasiones". Por pasión entendemos no sólo el desorden de tipo sexual, sino todo apetito o deseo desordenado que se apodera violentamente del alma: cólera, celos, gula, avaricia, sed de poder, orgullo, etc. Estas pasiones, según los Padres (Abbas) y Madres (Ammas) del Desierto, son en sí, extrañas a la verdadera naturaleza del ser humano. 
Nuestro objetivo no será eliminar dichas pasiones, sino reorientar su energía. La rabia incontrolada se transformará, por ejemplo, en una indignación justificada. Los celos, llenos de desprecio, en un celo por la verdad; el desenfreno sexual se convertirá en un eros puro. Por cierto se trata entonces de purificar las pasiones y no de matarlas . Deben ser educadas y no eliminadas. Deben servir a fines positivos y no a fines negativos. No suprimamos, transformemos. Este esfuerzo por purificar estas tendencias deberá llevarse a cabo simultáneamente en el nivel del alma y en el del cuerpo. En el nivel del alma, las pasiones son purificadas por medio de la oración, por la recepción regular de los sacramentos de la penitencia y de la comunión, por la lectura cotidiana de la Escritura, cuidando de 
alimentar nuestro espíritu con pensamientos sanos, y por medio de gestos de atención amorosa hacia el otro.
 






En el nivel del cuerpo, las pasiones se purifican ante todo por medio del ayuno y la abstinencia y con frecuentes prosternaciones durante la oración (ejercicios penitenciales)

El ser humano no es un ángel, sino una unidad compuesta de cuerpo y alma. Por esta razón se insiste en el valor espiritual del ayuno. No ayunamos porque sea malo comer o beber. El alimento y la bebida son dones de Dios y se deben aprovechar con placer y gratitud. Ayunamos no por desprecio a estos dones divinos, sino para tomar mejor conciencia de que verdaderamente son un don. Ayunamos, por ejemplo, para purificar nuestra actitud hacia el alimento y la bebida y hacer de ellos no una concesión a la gula, sino un sacramento y un medio de comunión con Aquél que nos los dispensa.
 
Entendido así, el ayuno ascético no está dirigido contra el cuerpo sino contra la carne (recordemos que este término se refiere a todos aquéllas malas inclinaciones o pasiones en general). La finalidad de ayunar no es debilitar el cuerpo de una manera destructiva, sino una forma creadora de hacerlo más espiritual.
 
La purificación de las pasiones conduce eventualmente, con la gracia de Dios, a lo que Evagrio del Ponto llama la apatheia o "ausencia de pasión". Por este término entendemos no una condición negativa, como la indiferencia o la insesibilidad para no sentir la tentación, sino un estado positivo de reintegración y libertad espiritual, gracias al cual NO CEDEMOS a la tentación. La mejor forma de traducir el término apatheia sería sin dudas, "pureza de corazón". Esto quiere decir que se progresa de la inestabilidad a la estabilidad, de la duplicidad a la simplicidad o a la unicidad del corazón, de la inmadurez de nuestros temores y de nuestras sospechas a la madurez de la inocencia y de la confianza. Para Evagrio, la ausencia de pasión y el amor están estrecha e íntegramente relacionados como las dos caras de la misma moneda. El desenfreno impide el amor.

Apatheia significa que somos liberados del dominio del egoísmo y del deseo incontrolado y por lo tanto somos capaces de amar verdaderamente.
Experimentamos la "verdadera libertad de los hijos de Dios" (Rom 8, 21). Pasamos de la "esclavitud a la libertad" (Gál 5,1)
 
La persona "sin pasiones", lejos de ser apática, tiene un corazón que arde en amor por Dios, por el prójimo y por toda la creación.
 
 San Isaac el Sirio escribe:
"Cuando un ser humano con un corazón así se pone a pensar en las criaturas y a mirarlas, sus ojos se llenan de lágrimas, pues su corazón se desborda con una compasión extrema.
 
Su corazón se enternece hasta tal punto que no puede oír hablar de una herida o soportar el menor sufrimiento infligido a cualquier criatura. Por eso, no deja de orar con lágrimas en los ojos incluso por los animales, los enemigos de la verdad y los que la maltratan, para que sean protegidos y reciban misericordia divina". 

Aquí ya estamos hablando del ser humano deificado, en virtud de la Gloriosa Resurrección de Cristo Jesús.
... Continuará...