martes, 16 de junio de 2020

Consejos prácticos sobre la oración de Jesús

Teófano el Recluso
La simplicidad de la Oración de Jesús
La práctica de la Oración de Jesús es simple: permanece en la presencia del Señor con la atención en el corazón e invocando: “Señor Jesucristo, Hijo de dios, ten piedad de mí.”
Lo esencial no está en las palabras, sino en la fe, en la contrición y en la sumisión al Señor. Con estos sentimientos se puede estar delante de Dios incluso sin palabras y estar igualmente en oración.
Bajo la mirada de Dios.
Trabaja recitando la Oración de Jesús. A la costumbre de recitar oralmente esta oración une también el recuerdo del Señor, acompañado de temor y de devoción. Lo más importante es que tú camines en la presencia de Dios, bajo su mirada, consciente de que Dios te está observando, está buscando tu alma y tu corazón, está viendo todo lo que sucede en ellos. Esta consciencia es la palanca más poderosa del mecanismo de la vida espiritual.
Un refugio para los indolentes.
La experiencia de la vida espiritual nos enseña que quien tiene celo en la oración no tiene necesidad de que se le enseñen como perfeccionarse en este campo. Avanzando con paciencia, el esfuerzo mismo de la oración conduce a la cumbre suprema de la oración.
Pero, ¿qué deben hacer las personas débiles e indolentes, sobre todo aquellos que, antes de haber entendido la verdadera naturaleza de la oración, se han endurecido en los hábitos cotidianos y se han dejado enfriar por una repetición formalista de las oraciones obligatorias? Estos tienen todavía la posibilidad de usar la técnica de la Oración de Jesús como refugio y fuente de fuerza. ¿No es pues sobre todo para ellos que ha sido inventada esta técnica, de modo de injertar en sus corazones la verdadera oración interior?
Un remedio contra la somnolencia
En los libros se encuentra escrito que cuando la Oración de Jesús adquiere fuerza y se establece en el corazón, entonces nos llena de energía y aleja la somnolencia. Pero una cosa es que ésta se vuelva habitual por la lengua y otra es que ésta se establezca en el corazón.
Cavar profundamente.
Cava profundamente en la Oración de Jesús con toda la fuerza que seas capaz. Esto te recompondrá a ti mismo, dándote una sensación de fuerza en el Señor, y producirá fruto en el hacerte permanecer constantemente junto a Él, mientras tú estés sólo o con otros, mientras tú hagas trabajos hogareños, o leas o reces. No debes sin embargo atribuir la fuerza de esta oración a la repetición de ciertas palabras, sino al dirigir la mente y el corazón hacia el Señor cuando repites las palabras, es decir, a la actividad que acompaña esta repetición.
Una lámpara para nuestros pasos
Aprende a practicar la oración de la mente en el corazón. La Oración de Jesús es en efecto una lámpara para nuestros pasos y una estrella que nos guía por el camino al cielo, como enseñan los santos Padres en la Filocalia. La Oración de Jesús, cuando brilla incesantemente en la mente y en el corazón, es una espada contra la debilidad de la carne y los deseos malvados de la gula y de la lujuria. Después de las palabras iniciales: “Señor Jesucristo, Hijo de Dios”, puedes también continuar así: “por la intercesión de la Madre de Dios, ten piedad de mí, pecador”.
La oración exterior por sí sola no es suficiente, Dios presta atención a la mente: por esto los monjes que no concilian la oración interior con la exterior no son monjes, son semejantes a leña quemada. El monje que no conoce o que ha olvidado la práctica de la Oración de Jesús no lleva el sello de Cristo. Los libros no pueden enseñarnos la oración interior, pueden sólo hacernos ver algunos métodos técnicos para practicarla. Es necesario en cambio recitarla con perseverancia.
Las manos al trabajo, la mente y el corazón con Dios.
Ya has leído algo respecto a la Oración de Jesús y sabes algo gracias a tu experiencia personal. La disciplina necesaria al alma puede ser mantenida sólo con la ayuda de esta oración. Sólo a través de ella podemos conservar intacta nuestra disciplina interior incluso cuando somos distraídos por las preocupaciones cotidianas. Sólo esta oración nos hace posible la observancia del mandato de los Padres: “las manos al trabajo, la mente y el corazón con Dios”. Una vez que esta oración se ha injertado en el corazón, entonces no hay interrupciones interiores y ella fluye siempre con el mismo perenne movimiento.
El camino para llegar a una disciplina interior rigurosa es muy trabajoso, pero es posible conservar esta disposición de espíritu (o una semejante) durante los variados e inevitables tareas que cada uno debe desarrollar: lo que hace posible esto es la Oración de Jesús injertada en el corazón. ¿Cómo se injerta? No se puede saber con precisión, sino lo esencial es que esto sucede. Quien hace este esfuerzo se vuelve siempre más consciente de este injerto, pero no se da cuenta cómo sucede. Para alcanzar esta disciplina interior debemos caminar siempre en presencia de Dios, repitiendo la Oración de Jesús lo más frecuentemente posible. Apenas tengamos un momento libre comencemos de nuevo y así el injerto se realizará.
Un medio para reavivar la Oración de Jesús es la lectura, y es mejor leer sobre todo textos referidos a la oración.
El camino más fácil para alcanzar la oración incesante.
Habituarse a la Oración de Jesús y hacerla enraizar en nosotros es el camino más fácil para llegar al lugar de la oración incesante. Hombres de gran experiencia han descubierto, a través de una iluminación divina, que esta forma de oración es un medio simple pero eficacísimo para instaurar y reforzar la vida espiritual entera y la vida ascética, y en sus reglas para la oración han dejado respecto a esto instrucciones detalladas.
Lo que buscamos en todos nuestros esfuerzos y combates ascéticos es la purificación del corazón y el restablecimiento del espíritu. Hay dos modos de alcanzarlo: la vía activa, es decir la práctica de una disciplina ascética, y la vía contemplativa, que consiste en el dirigir la mente a Dios. Con el primer método el alma se purifica y así recibe a Dios; con el segundo, Dios mismo del cual el alma se ha vuelto consciente quema toda impureza y viene a morar en el alma purificada. Este segundo método está enteramente resumido en la Oración de Jesús, como dice san Gregorio Sinaíta: “A Dios se conquista a través de la actividad y el trabajo, como a través del arte de invocar el Nombre de Jesús”. Él agrega que el primer camino es más largo que el segundo, el cual es también mucho más eficaz. Por este motivo algunos santos Padres han dado primaria importancia, entre todos los diversos tipos de prácticas espirituales, a la Oración de Jesús. Ésta ilumina, refuerza, reanima, vence a cualquier adversario, visible o invisible, y conduce directamente a Dios. ¡Cuán potente y eficaz es! El Nombre del Señor Jesús es el depósito de todo lo bueno, el depósito de la fuerza y de la vida en el Espíritu.
Deberemos por tanto dar desde el comienzo todas las instrucciones sobre la práctica de la Oración de Jesús a quien se arrepiente o empieza a buscar al Señor. Sólo después podremos introducir al principiante a otras prácticas, porque es éste el modo para darles firmeza lo más rápidamente posible, haciéndolos espiritualmente maduros e interiormente pacificados. Muchos, ignorando estas cosas, gastan tiempo y fatiga sin avanzar más allá de actividades formales y exteriores del alma y del cuerpo.
La práctica de la oración es llamada “arte”, y en realidad es un arte muy simple. Permanece consciente y atentamente en tu corazón y grita incesantemente: “¡Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí!”, sin crearte en la mente ninguna visión o imagen, y creed que el Señor te ve y te escucha.
Es importante conservar la atención en el corazón y, al hacer esto, controla un poco también la respiración para adecuarla al ritmo de las palabras de la oración. Pero lo más importante de todo es creer que Dios está cerca y te escucha: recita la oración únicamente para que Él te escuche.
Al comienzo, y a veces por un largo período, esta oración permanece como una actividad como cualquier otra, pero con el tiempo pasa a la mente y finalmente pone raíces en el corazón.
Es posible desviarse de este correcto modo de orar, por esto debemos aprenderlo de alguien que conozca todos los detalles. Los errores más frecuentes derivan del hecho de que la atención resida en la cabeza y no en el corazón. Aquel que mantiene la propia atención en el corazón está salvado. Más seguro aún está quien se aferra continuamente a Dios con contrición y le ruega ser liberado de la ilusión.
Un único pensamiento o bien el pensamiento de lo Único.
Esta breve oración a Jesús tiene un objetivo bastante elevado: profundizar el recuerdo de Dios y el sentimiento de amor hacia Él. Las invocaciones del alma a Dios son interrumpida muy fácilmente por las primeras impresiones que nos vienen y además, a pesar de estas invocaciones, los pensamientos continúan zumbando en la cabeza como mosquitos. Para frenar este murmullo es necesario anclar la mente en un único pensamiento, en el pensamiento del Único. Una oración breve ayuda a la mente a volverse simple y unida. Ésta desarrolla un sentimiento de amor hacia Dios y se le injerta. Cuando este sentimiento nace en nosotros, la consciencia del alma se establece en Dios y el alma comienza a realizar todas las cosas según la voluntad de Dios. Mientras recitas la breve oración, debes conservar el pensamiento y la atención dirigida hacia Dios: si en efecto tu oración se limita a las palabras, eres un “bronce que resuena”.
Las técnicas y métodos no tienen importancia, una sóla cosas es lo esencial.
La oración “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí” es una oración verbal como todas las otras. De por sí no tiene nada de especial, pero recibe toda su fuerza del espíritu según la forma en que es recitada.
Los distintos métodos descriptos por los Padres –estar sentados, hacer postraciones y las otras técnicas usadas cuando se recita esta oración- no vienen bien para todos: es más, sin una dirección personal son realmente peligrosas, y es mejor no buscar realizarlas. Hay un único método obligatorio para todos: permanecer con la atención en el corazón. Todo lo demás es accesorio y no conduce a lo esencial.
En cuanto a los frutos de esta oración, ha sido dicho que no hay nada en el mundo más sublime: pero esto es falso, ¡la Oración de Jesús no es un talismán! No hay nada en las palabras de la oración y en su recitación que de por sí pueda dar frutos. Se puede recibir cualquier fruto sin esta oración, incluso sin ninguna oración verbal, basta sólo dirigir la mente y el corazón hacia Dios.
La esencia de la oración es permanecer establemente en el recuerdo de Dios y caminar en su presencia. Se puede decir a cualquiera: “Seguí los métodos que prefieras, recitá la Oración de Jesús, haz inclinaciones y postraciones, ve a la iglesia, haz lo que quieras, basta que te esfuerces en estar siempre en el constante recuerdo de Dios”. Recuerdo haber conocido en Kiev a un hombre que decía: “No he jamás usado algún método, no conocía la Oración de Jesús, pero gracias a la misericordia de Dios camino siempre en su presencia: cómo esto ha sucedido, no lo sé ni yo, ¡Dios me lo ha concedido!”.
Es importantísimo darse cuenta que la oración es siempre un don de Dios, de otro modo nos arriesgamos de confundir el don de la gracia con un logro cualquier de nuestra parte.
Muchos dicen: “practica la Oración de Jesús porque esta es la oración interior”. Esto no es exacto: la Oración de Jesús es un buen medio para llegar a la oración interior, pero por sí misma no es una oración ni interior ni exterior. Cuantos toman el hábito de recitar la Oración de Jesús hacen bien, pero si se frenan allí y no van más allá, quedan a mitad de camino.
Incluso si estamos recitando la Oración de Jesús, debemos siempre tener el pensamiento dirigido hacia Dios, de otra manera ésta es un alimento seco. Es algo bueno que el Nombre de Jesús se apegue a vuestra lengua, pero a pesar de esto es aún posible no acordarse en absoluto de Dios e incluso alimentar pensamientos opuestos a Él. Por esto todo depende de la libre y consciente mirada dirigida hacia Dios y del esfuerzo ponderado de permanecer firmes en este estado.
¿Por qué la oración de Jesús es más eficaz que las otras oraciones?
La Oración de Jesús es como cualquier otra oración: es más eficaz que todas las otras sólo en virtud del omnipotente Nombre de Jesús, nuestro Señor y Salvador. Pero es necesario invocar el Nombre con fe plena e inquebrantable, con la profunda certeza de que Él está cerca, ve y escucha, presta atención de todo corazón a nuestra invocación y está pronto a escucharla y a concedernos cuanto buscamos. No hay que avergonzarse de esta esperanza: si a veces hay que esperar para el cumplimiento, esto puede derivar del hecho de que quien invoca no está aún preparado para recibir cuanto pide.
No es un talismán
La Oración de Jesús no es un talismán: su poder le viene de la fe en el Señor y de una profunda unión de la mente y del corazón con Él. Con una actitud así, la invocación del Nombre del Señor se vuelve eficacísima en muchos modos, pero una mera repetición de las palabras no tiene ningún sentido.
Una repetición mecánica no sirve para nada
No olvides que no debes limitarte a una repetición mecánica de las palabras de la Oración de Jesús. Esto te conduciría únicamente al hábito de repetir automáticamente la oración con la lengua, sin jamás pensar en lo que dices. Naturalmente no hay nada de malo en esto, pero constituye sólo el extremo límite exterior de la obra. Lo esencial es permanecer conscientemente en la presencia del Señor con temor, fe y amor.
Oración verbal y oración interior.
Se puede recitar la Oración de Jesús con la mente en el corazón sin ningún movimiento de los labios: esto es mejor que la oración verbal. Usa la oración verbal como soporte de la oración interior, a veces esto es necesario para reforzar esta última.
Evita las imágenes.
Cuando practiques la Oración de Jesús no interpongas ninguna imagen como intermediario entre la mente y el Señor. Las palabras que son pronunciadas son sólo una ayuda, pero no lo esencial: lo principal es permanecer ante el Señor con la mente en el corazón. Lo esencial es permanecer en Dios y este caminar en la presencia de Dios significa que tú vives con la convicción constantemente presente en tu consciencia de que Dios está en ti, así como está en todas las cosas. Vive con la firme certeza de que Dios ve todo lo que está en ti y que te conoce mejor de cuanto tú mismo te conoces. La certeza de que la mirada de Dios escruta tu ser interior no debe ser acompañada por ninguna imagen divina, sino que debe limitarse a una simple convicción y sensación. Un hombre que se encuentre en una habitación caliente siente el calor que lo envuelve y lo penetra: tal debe ser el efecto sobre nuestra naturaleza espiritual de la presencia omnicomprensiva de Dios, verdadero fuego en la habitación de nuestro ser.
Las palabras “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí” son sólo instrumento y no la sustancia de la oración, pero son un instrumento fuerte y eficaz porque el Nombre del Señor Jesús inspira temor a los enemigos de nuestra salvación y es una bendición para todos aquellos que lo buscan. No olvides que esta práctica es simple y no debe tener nada de fantasioso. En cualquier situación implora a Dios, a su purísima Madre y a tu ángel custodio: ellos te enseñarán todo, directamente o mediante otros.
Teofano el Recluso
Publicado en esicasmo.it
 

16 de Junio SANTA LUTGARDA

En el monasterio de monjas cistercienses de Aywiéres, en Brabante, santa Lutgarda, virgen, insigne por su devoción al Sagrado Corazón del Señor.
Entre las místicas más notables de los siglos doce y trece, no hay otra figura más amable y simpática que la de santa Lutgarda. Fue hija de un ciudadano de Tongres, en Holanda, donde nació en 1182. A los doce años de edad fue encomendada a las monjas benedictinas del convento de Santa Catalina, cerca de Saint-Trond, no por piedad, sino porque el dinero que se conservaba para su dote matrimonial había sido perdido en un mal negocio de su padre y, sin él, era muy dudoso de que pudiese hallar un marido conveniente. Lutgarda era una muchacha bonita que gustaba de las ropas elegantes y de las diversiones inocentes, sin ninguna vocación religiosa aparente, y en el convento vivía como una especie de pensionista, libre para entrar y salir cuando quisiera y para recibir las visitas de sus amigos y amigas. Sin embargo, cierto día en que charlaba con una de sus amistades, tuvo una visión de Nuestro Señor Jesucristo que le mostraba sus heridas y le pedía que lo amase sólo a Él. Lutgarda lo aceptó al instante como su Prometido celestial y, desde aquel momento, renunció a todas las preocupaciones de este mundo. Algunas de las monjas que observaron su cambio repentino y súbito fervor, vaticinaron que aquello no duraría; pero estaban equivocadas. Su devoción aumentaba por momentos y llegó a sentir tan vivamente la presencia del Señor que, al rezar, lo veía con sus ojos corporales, hablaba con Él en una forma casi familiar y, si acaso la llamaban sus hermanas para cumplir con algunas de las obligaciones monjiles, decía sencillamente: «Aguárdame aquí, mi Señor; volveré tan pronto como termine esta tarea».
 

MISTICO

El místico no es un hombre culto, sino un hombre inocente que puede bailar bajo la lluvia, amar un bello arco iris, estar en armonía con el universo, y cuya vida es una celebración permanente.

 

Evasión espiritual

Un comentario de Maribel Rodríguez
 
Quien predica amor espiritual por los demás, sin permitirse vínculos profundos con otros seres humanos ¿sabe qué es el amor?

En la línea de lo que decía de caer en teorizar sobre el amor, pero no permitirse implicarse en relaciones profundas que permitirían vivirlo realmente:

"La mayoría de las veces en que nos hallamos inmersos en la evasión espiritual, nos gusta la luz pero no el calor. Y cuando estamos atrapados en las formas más burdas de evasión espiritual, normalmente, teorizamos mucho más sobre las fronteras de la conciencia de lo que realmente las visitamos, sofocando el fuego en lugar de avivarlo aún más, comulgando con el ideal de amor incondicional pero sin permitir que el amor se manifieste en sus dimensiones más desafiantes y personales. Hacer eso nos daría demasiado calor, demasiado miedo y escaparía demasiado a nuestro control, haciendo aflorar a la superficie cosas que hemos estado negando o reprimiendo durante mucho tiempo.
Pero si de veras queremos la luz, no podemos permitirnos huir del calor. Como dijo Victor Frankl, «A quello que da luz debe soportar el estar ardiendo». Y estar con el calor del fuego no significa simplemente sentarnos a meditar en nuestras dificultades, sino también sumergirnos de lleno en ellas, adentrarnos hasta sus entrañas, enfrentarnos, penetrar e intimar con lo que haya allí, por mucho miedo que nos dé o por traumático, triste o crudo que nos resulte."
Masters, Robert Augustus. "La evasión espiritual" (Spanish Edition) (Posición en Kindle 258-271). Vesica Piscis. Edición de Kindle.

sábado, 30 de mayo de 2020

Pentecostés – A (Juan 20,19-23) VIVIR A DIOS DESDE DENTRO

 
Hace algunos años, el gran teólogo alemán Karl Rahner se atrevía a afirmar que el principal y más urgente problema de la Iglesia de nuestros tiempos era su «mediocridad espiritual». Estas eran sus palabras: el verdadero problema de la Iglesia es «seguir tirando con una resignación y un tedio cada vez mayores por los caminos habituales de una mediocridad espiritual».

El problema no ha hecho sino agravarse estas últimas décadas. De poco han servido los intentos de reforzar las instituciones, salvaguardar la liturgia o vigilar la ortodoxia. En el corazón de muchos cristianos se está apagando la experiencia interior de Dios.

La sociedad moderna ha apostado por lo «exterior». Todo nos invita a vivir desde fuera. Todo nos presiona para movernos con prisa, sin apenas detenernos en nada ni en nadie. La paz ya no encuentra resquicios para penetrar hasta nuestro corazón. Vivimos casi siempre en la corteza de la vida. Se nos está olvidando qué es saborear la vida desde dentro. Para ser humana, a nuestra vida le falta hoy una dimensión esencial: la interioridad.

Es triste observar que tampoco en las comunidades cristianas sabemos cuidar y promover la vida interior. Muchos no saben lo que es el silencio del corazón, no se enseña a vivir la fe desde dentro. Privados de experiencia interior, sobrevivimos olvidando nuestra alma: escuchando palabras con los oídos y pronunciando oraciones con los labios mientras nuestro corazón está ausente.
En la Iglesia se habla mucho de Dios, pero, ¿dónde y cuándo escuchamos los creyentes la presencia callada de Dios en lo más hondo del corazón? ¿Dónde y cuándo acogemos el Espíritu del Resucitado en nuestro interior? ¿Cuándo vivimos en comunión con el Misterio de Dios desde dentro?
Acoger a Dios en nuestro interior quiere decir al menos dos cosas. La primera: no colocar a Dios siempre lejos y fuera de nosotros, es decir, aprender a escucharlo en el silencio del corazón. La segunda: bajar a Dios de la cabeza a lo profundo de nuestro ser, es decir, dejar de pensar en Dios solo con la mente y aprender a percibirlo en lo más íntimo de nosotros.

Esta experiencia interior de Dios, real y concreta, puede transformar nuestra fe. Uno se sorprende de cómo hemos podido vivir sin descubrirla antes. Es posible encontrar a Dios dentro de nosotros en medio de una cultura secularizada. Es posible también hoy conocer una alegría interior nueva y diferente. Pero me parece muy difícil mantener por mucho tiempo la fe en Dios en medio de la agitación y frivolidad de la vida moderna sin conocer, aunque sea de manera humilde y sencilla, alguna experiencia interior del Misterio de Dios.
 
José Antonio Pagola

domingo, 24 de mayo de 2020

ARTÍCULO REVISTA UTOPIA

Maribel Rodriguez


A veces la mente nos traiciona ante el sufrimiento y no nos deja ver la realidad, en esos casos podemos inventarnos, inconscientemente, una mejor versión, para no afrontar lo que más nos cuesta, como está ocurriendo en el caso de la crisis del COVID-19”.

En estas semanas observo con perplejidad un fenómeno que me resulta bastante extraño y no fácilmente comprensible.

Encuentro en diferentes ámbitos como redes sociales, whatsapp y publicaciones varias, una serie de mensajes que, desde mi punto de vista, son excesivamente positivos e incluso joviales, ante esta situación que nos toca vivir con el CoVid-19.

La gran oportunidad
Resulta sorprendente la alegría inusitada de algunos, en nombre de supuestos poderes espirituales, señalando que estamos ante la posibilidad de una magnífica transformación de nuestra consciencia ¡¡y que tenemos que celebrar lo que nos está pasando!! Algunos llegan a decir que el virus es un “maestro” o que cada uno está recibiendo el sufrimiento que se merece según sus actitudes en la vida, que los seres de luz no sufriremos, etc. También podemos encontrarnos vídeos de personas cantando y bailando con sonrisas extáticas, ante esta “gran oportunidad” para subir nuestra consciencia espiritual. En ciertos casos incluso algunos invitan a retiros espirituales sus comunidades (a módicos precios, claro), para huir de la paranoia social de un virus inexistente. O bien señalan que la tierra por fin está defendiéndose de nosotros matando a los que sobran, con ideas que suenan a ecogenocidio.

Un mecanismo de evasión espiritual
Inicialmente me venía a la mente el concepto “evasión espiritual”, también llamado “by pass espiritual” que enunció John Welwood[1], que consiste en menospreciar las necesidades y preocupaciones personales, a la vez que se pretende alcanzar una identidad espiritual ideal. Ese mecanismo de “evasión espiritual” supondría utilizar la espiritualidad y las prácticas espirituales para escaparse de elementos emocionales o personales que no se han resuelto, por resultar difíciles. Creo que algo de esto hay en los fenómenos que estoy mencionando. Pero, me parece que incluso algunos van más allá de la evasión y que no solamente se evaden, sino que niegan la realidad de lo que estamos viviendo. Por eso planteo que se trata de un mecanismo de negación psicológica, aplicado a lo espiritual. Muchos no solamente se “evaden” sino que parece que están construyendo una realidad paralela y para-lelos, que genera un mundo Disney imaginario, para huir de una situación que resulta dolorosa y que es negada, para no tener que ser afrontada. De alguna forma cada mente se defiende, como puede, de lo que le resulta intolerable… Es comprensible, pero se vive así en una irrealidad de negación supuestamente espiritual, y esto me resulta contradictorio...

La negación espiritual
Señalar esta realidad presente, como una situación idílica y maravillosa, me parece una perturbación mental. Sin negar la posibilidad de evolución y de transformación que puede tener, en ocasiones, el atravesar conscientemente el sufrimiento, considero que tanta alegría, ante esta situación tan complicada, es muy cruel y carente de empatía. Esto no quiere decir que no sea útil ver el lado positivo de cualquier evento que atravesamos o que no ayude buscar consuelo en la espiritualidad. El punto de la «negación espiritual» se da cuando se niega la realidad generándose una idea ilusoria de lo que ésta es, poniendo en su lugar ideales espirituales que le alejan a uno de experimentar el dolor de lo que está sucediendo.
Me parece cruel e infantil batir palmas, alegrarse y disfrutar exaltadamente, mientras miles de personas mueren diariamente en medio del miedo y del sufrimiento, cuanto tantos han perdido a sus seres queridos sin poderse despedir, cuando es normal que otros muchos vivan hoy día temerosos de perder sus vidas o la de sus familiares, etc.

Hay que atravesar el sufrimiento
¿Qué hubiéramos pensado si ante los campos de concentración nazis algunos hubieran expresado con alegría la gran oportunidad de transformación espiritual que esperaba a sus supervivientes? ¿Qué sensación nos daría si ante el calvario y crucifixión de Jesús de Nazareth los testigos estuvieran desbordantes de alegría pues sólo fueran capaces de pensar en la resurrección posterior? ¿Qué nos parecería si ante un diagnóstico de un cáncer el oncólogo nos diera la enhorabuena y entonara cantos al sol y a la tierra hablándonos de purificar nuestro karma y de la gran suerte que nos ha tocado al padecer la enfermedad? Creo que algo nos rechinaría profundamente y que nos parecería una locura total.  Con lo cual no estoy negando que sea posible sacar cosas positivas de una asunción consciente del sufrimiento. Pero, para que ese sufrimiento aporte algo, es preciso atravesarlo y afrontarlo, sin mentiras ni escapismos. Y teniendo en cuenta que, a veces, el sufrimiento no aporta nada más que destrucción o locura, al menos transitoriamente. Estas situaciones pueden tener salida, sí, pero no engañemos generando miradas ilusorias y falsas expectativas. No hagamos sentir culpables a los que no viven esta maravillosa transformación, o quienes se exponen a situaciones de alto estrés que pueden derivar en sufrir un estrés postraumático. Abramos un poco los ojos y el corazón a ver la realidad y a empatizar con el sufrimiento ajeno, incluso con el propio que nos cueste más asumir.

Los globos pseudomísticos
Vivimos en una sociedad infantilizada en la que preferimos negar lo que está pasando en nuestra burbuja ilusoria de autocomplacencia, sin pararnos a pensar que una parte de nuestra desgracia presente ha dependido de estar en burbujas narcisistas colectivas, en las que pensábamos que a nosotros no nos iba a pasar nada, sin ninguna empatía por otros pueblos sufrientes de nuestro planeta. De ahí que hayamos tardado tanto en reaccionar (entre otros factores que no han dependido de nuestra forma de pensar). Ahora, nos ha tocado a nosotros atravesar dificultades, pero no queremos salir de las miradas ilusorias, igualmente narcisistas que siguen generando “globos pseudomísticos” para la autosatisfacción personal, con discursos que, para colmo, señalan que la realidad es lo que uno quiere que sea. Y no, señores, hay una realidad que trasciende mis propios deseos y necesidades personales, que solo puede ser afrontada si se mira como realmente es. Si no lo hacemos así sería como si ante un tigre de Bengala me concentro meditativamente diciéndome que es un lindo gatito ¿cómo pensáis que puedo terminar?

miércoles, 20 de mayo de 2020

MINDFULNESS - ALGO PARA TENER BIEN EN CUENTA

Texto que resulta crítico con el lado oscuro o el mal uso del Mindfulness, pero también estimulante para reflexionar sobre la espiritualidad y la política en el mundo actual:

"La mencionada Mindfulness Revolution, portada de la revista Time de febrero del presente año, no es nada más que un conformismo emprendedor posmoderno de una sociedad que tiene motivaciones predominantes para no enfrentarse a sus contradicciones. La estrategia en esencia es Fnalmente un budismo a medias, resultando en un aburguesamiento mental de las clases pobres, una religión del optimismo para lograr una mente eficiente y productiva."
"Técnicas de apaciguamiento psíquico y espiritual son encaradas como verdaderas revoluciones terapéuticas en el modo de adaptación de los sujetos a sus entornos productivos."
"Se trata, en muchos casos, de una adaptación mercantil occidental de la flosoFía taoísta y de cierto tipo de budismo. A partir de ella las múltiples Formas de injusticia social y de suFrimiento no son nada más que ilusiones, Fenómenos política y subjetivamente insustanciales. El suFrimiento ajeno es virtualizado, resultado de una mala programación del cerebro, es solo un avatar fcticio, una manera equivocada de mirar. Con un buen programa mental todo cesa."
"El Mindfulness en cuanto técnica de gestión del yo soberano y emprendedor es un ejemplo de esta conciliación neoliberal entre tecnología y (supuesta) sabiduría eficaz."
"El Mindfulness se convierte en el evangelio del éxito que promete la solución (técnica) para la depresión, la ansiedad y el sentimiento ilusorio de desajuste de los individuos."
"Se ha renunciado al cambio social, al cambio de las circunstancias pretendiendo simular un cambio del carácter de uno mismo."
Silvia Ferreira

Mi respuesta a Maribel Rodríguez, en su portal de Facebook:

"Gracias Maribel. Con tu permiso, me lo llevo a mi blog. Esto es lo que predomina hoy día: un montón de gente "optimista" y dadora de "consejos" como si se tratara de un mundo habitado por réplicas de ficción y no seres humanos únicos e irrepetibles pasibles de sufrimientos, alegrías, esperanzas, logros, fracasos, etc. etc. Una vez más gracias por desmitificar este tipo de modas. Sin embargo, como se dice en Nostrae Aetate, tomemos todo lo que de bueno pueda haber en todas las religiones o pensamientos no cristianos. Aunque debemos SABER DISCERNIRLOS. Un abrazo grande desde Buenos Aires, Mar del Plata, Argentina."