Primeramente, vamos a adentrarnos en el misterio de la paternidad de Dios.
Cuando los textos bíblicos se refieren a Dios como Padre del Pueblo lo hacen en primer lugar con la convicción de que el pueblo ha recibido su existencia y su organización mediante una intervención especial de Dios en la historia. Mientras que en los otros pueblos de la antigüedad se describe una "historia de los dioses" en la que los dioses engendran a otros dioses o a los mismos pueblos, en Israel no existe dicha historia, sino una intervención especial de Yahveh en la historia del pueblo, a partir de la cual se le llama "Padre".
La idea que sustenta el título de Dios como Padre es el vínculo originado en la Alianza. Por este pacto, Dios se ha convertido en "pariente" de Israel, y recíprocamente, Israel se siente y se proclama "hijo de Dios". En razón de este parentesco, los israelitas experimentan la predilección de Dios, expresada en un constante cuidado y protección. Se considera a Dios como a un Padre cuando se quiere destacar el amor con que cuida a Israel.
Además, la tradición sapiencial ha enseñado que los fieles que viven de acuerdo a la voluntad de Dios, los justos, llevan también el nombre de "hijos de Dios". Quienes son hijos de Dios en esta tierra, tienen reservada una herencia: ellos podrán participar de la inmortalidad junto con los otros "hijos de Dios", los servidores que están ante su trono (ángeles).
Israel dio el título de Hijo de Dios al Rey, pues el soberano debía compartir, por lógica, la paternidad de Dios con todo el pueblo. Es así que la concesión de este título otorgado al Rey en el momento de su coronación, es la delegación de algunas tareas que le competen a Yahveh por ser el Padre de todo el pueblo. Es decir que el Rey es Hijo de Dios porque ha recibido una participación especial en la paternidad de Dios: el cuidado por el pueblo de Dios, la providencia sobre todos y el cuidado especial sobre los débiles y los pobres. Al decir que Dios es Padre del Rey de Jerusalén, se deja entrever que Dios también es Padre del Rey esperado, el Mesías que debe llevar a pleno cumplimiento todas las promesas de Dios a su pueblo.
Pero por más sorprendentes que sean las revelaciones que aportan los libros del Antiguo Testamento, muy poco podríamos conocer acerca de Dios si Jesucristo no nos hubiera revelado al Padre. Él es el único que conoce al Padre y es el único que lo puede revelar. Jesús tenía una particular conciencia de una relación filial con Dios y desde esa experiencia, nos ha hablado del Padre bondadoso, providente y dispuesto a perdonar más que a castigar; de allí se ha derivado su enseñanza sobre la forma en que nosotros debemos vivir como hijos de este único Padre y hermanos entre nosotros.
La invocación con la que Jesús se dirigía a su Padre en la oración expresaba una experiencia personal única, ya que no tiene paralelo con la piedad judía de su tiempo. Él llamaba a Dios "Abbá" (Papito). En ese ambiente religioso la forma de orar de Jesús habría sido considerada inapropiada por ser excesivamente familiar. Todos los que se acercan a a Jesús y escuchan su palabra forman con él una sola familia en la que el único Padre es Dios y todos los demás son hermanos. Siguiendo las enseñanzas de Jesús, todos sus discípulos se dirigen al Padre llamándolo también "Abbá". No es una simple cuestión de nomenclatura. Dios, al mismo tiempo, el Señor del cielo y de la tierra, es alguien tan cercano que los hombres pueden dirigirse a él como los hijos a su padre en el ámbito hogareño. Esta concepción de Dios es el punto de partida de la relación con Dios que Jesús anuncia a sus discípulos. No es una relación que tiene sufundamento en los méritos personales que cada uno debe acumular mediante el cumplimiento de una Ley, sino en el encuentro personal con un Dios que se adelanta mostrando su misericordia.
El trato que Jesús ha dispensado a los más pequeños, a los pobres y a los enfermos, a los marginados y a los pecadores, revela ante nuestros ojos la actitud que Dios, como Padre, tiene con todos nosotros, sus hijos.
... En el próximo post veremos cómo cada uno de los evangelistas nos hablan de la Paternidad de Dios revelada en Jesucristo...