martes, 25 de agosto de 2026

CREO EN LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS

 La Comunión De Los Santos: Una Consoladora Verdad De Fe | Fundación CARF

La Comunión de los Santos tiene que ver con todos los bautizados, de todos los lugares del mundo y de todas las épocas.

Se trata de un dogma de fe establecido desde los primeros siglos del cristianismo que describe la unión espiritual de todos los cristianos, vivos y muertos, en un solo Cuerpo Místico, que es la Iglesia, y cuya cabeza es Cristo. 

Así pues, la Comunión de los Santos tiene dos significados estrechamente relacionados: la comunión en las cosas santas y la comunión entre las personas santas, vivas y difuntas.

La Comunión en las cosas santas

La comunión en las cosas santas se refiere a la común unión de todos los fieles en los bienes espirituales, como la fe, los Sacramentos, los distintos carismas que hay en nuestra Iglesia y los actos de caridad que realizamos en favor de los más necesitados.

La Comunión en la Fe. 

En la comunidad primitiva de Jerusalén, los discípulos acudían asiduamente a la Enseñanza de los Apóstoles, a la Comunión, a la Fracción del Pan y a las Oraciones. De manera que la comunión en la fe que hoy vivimos la hemos recibido de los Apóstoles, y es un tesoro de vida que se enriquece cada vez que se comparte.

La Comunión en los Sacramentos. 

El fruto de todos los Sacramentos es pertenencia de la comunidad entera, ya que los Sacramentos -y sobre todo el Bautismo- son vínculos sagrados que unen a todos y nos ligan a Jesucristo.

Los Padres de la Iglesia señalan que el nombre de “comunión” puede aplicarse a todos los Sacramentos, puesto que todos ellos nos unen con Dios. Sin embargo, este nombre es más propio de la Eucaristía que de cualquier otro Sacramento, ya que la Eucaristía lleva esta comunión a su culminación. La Comunión Eucarística es la que nos da Cristo y, en Él con su Cuerpo.

La Comunión de los Carismas. 

En la comunión de la Iglesia, el Espíritu Santo reparte gracias especiales y diferentes entre los miembros de la comunidad, destinados la edificación de la propia Iglesia.

Es decir, que el Espíritu da a cada cual capacidades especiales para provecho común; o dicho de otra manera, para el bien de los demás, ya que en la Comunión de los Santos ninguno de nosotros vive para sí mismo, como tampoco nadie muere para sí mismo. Como se señala en Primera de Corintios 12, 26-27: "Si un miembro de la Iglesia sufre, todos los demás sufren con él"; y "Si un miembro de la Iglesia es honrado, todos los demás toman parte de su gozo."

La Comunión en la Caridad. 

En la Comunión de los Santos, todo lo que posee el verdadero cristiano debe considerarlo un bien común; es decir, que el fiel debe estar dispuesto a socorrer al necesitado, a mitigar la miseria del prójimo.

Así pues, el menor de nuestros actos hecho con caridad -es decir, con amor -, repercute en beneficio de todos, en esta solidaridad entre todos los hombres, vivos y difuntos, que se funda en la Comunión de los Santos. Pero de igual manera, todo pecado va en detrimento de esta comunión. Nuestras malas acciones también repercuten en la Iglesia. 

La Comunión entre las personas santas

Sobre este segundo aspecto de la Comunión de los Santos, el Catecismo de la Iglesia Católica señala que hasta que el Señor venga en su esplendor con todos sus ángeles a tomar dominio de todo, una parte de sus discípulos se hallará peregrinando en la tierra; otros, ya difuntos, se estarán purificando; y unos más, ya glorificados, se hallarán contemplando claramente a Dios uno y trino.

Considerando lo anterior, la Iglesia está integrada por tres estados del ser cristiano: los que están vivos, a los que se les llama Iglesia Militante o Peregrina; los que están en el cielo, a los que se les conoce como Iglesia Triunfante, y por último los que, habiendo fallecido, se preparan para entrar en el cielo purificándose de sus pecados en el Purgatorio, y a los que se les denomina Iglesia Purgante.

Para añadir a lo que hasta aquí se ha dicho tenemos pues que:

La Iglesia es "comunión de los santos": expresión que designa primeramente las "cosas santas" (sancta), y ante todo la Eucaristía, "que significa y al mismo tiempo realiza la unidad de los creyentes, que forman un solo cuerpo en Cristo" (LG 3).

Este término designa también la comunión entre las "personas santas" (sancti) en Cristo que ha "muerto por todos", de modo que lo que cada uno hace o sufre en y por Cristo da fruto para todos. 

"Creemos en la comunión de todos los fieles cristianos, es decir, de los que peregrinan en la tierra, de los que se purifican después de muertos y de los que gozan de la bienaventuranza celeste, y que todos se unen en una sola Iglesia; y creemos igualmente que en esa comunión está a nuestra disposición el amor misericordioso de Dios y de sus santos, que siempre ofrecen oídos atentos a nuestras oraciones" (Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios, 30).

"Como todos los creyentes forman un solo cuerpo, el bien de los unos se comunica a los otros". También las malas obras, repercutirán en todos.

La comunión de la caridad como dijimos arriba: En la comunión de los santos, "ninguno de nosotros vive para sí mismo; como tampoco muere nadie para sí mismo" (Rm 14, 7). "Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él. Si un miembro es honrado, todos los demás toman parte en su gozo. Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte" (1 Co 12, 26-27). "La caridad no busca su interés" (1 Co 13, 5; cf. 1 Co 10, 24). El menor de nuestros actos hecho con caridad repercute en beneficio de todos, en esta solidaridad entre todos los hombres, vivos o muertos, que se funda en la comunión de los santos. Todo pecado daña a esta comunión. 

Los tres estados de la Iglesia, según Lumen Gentium: «Hasta que el Señor venga en su esplendor con todos sus ángeles y, destruida la muerte, tenga sometido todo, sus discípulos, unos peregrinan en la tierra; otros, ya difuntos, se purifican; mientras otros están glorificados, contemplando "claramente a Dios mismo, uno y trino, tal cual es"» (LG 49):

«Todos, sin embargo, aunque en grado y modo diversos, participamos en el mismo amor a Dios y al prójimo y cantamos el mismo himno de alabanza a nuestro Dios. En efecto, todos los que son de Cristo, que tienen su Espíritu, forman una misma Iglesia y están unidos entre sí en Él» (LG 49).

"La unión de los miembros de la Iglesia peregrina con los hermanos que durmieron en la paz de Cristo de ninguna manera se interrumpe. Más aún, según la constante fe de la Iglesia, se refuerza con la comunicación de los bienes espirituales" (LG 49). 

La intercesión de los santos. "Por el hecho de que los del cielo están más íntimamente unidos con Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad [...] No dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por medio del único mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra [...] Su solicitud fraterna ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad" (LG 49):

«No lloréis, os seré más útil después de mi muerte y os ayudaré más eficazmente que durante mi vida» (Santo Domingo, moribundo, a sus frailes: Relatio iuridica 4; cf. Jordán de Sajonia, Vita 4, 69).

Pasaré mi cielo haciendo el bien sobre la tierra (Santa Teresa del Niño Jesús, verba). 

"No veneramos el recuerdo de los del cielo tan sólo como modelos nuestros, sino, sobre todo, para que la unión de toda la Iglesia en el Espíritu se vea reforzada por la práctica del amor fraterno. En efecto, así como la unión entre los cristianos todavía en camino nos lleva más cerca de Cristo, así la comunión con los santos nos une a Cristo, del que mana, como de fuente y cabeza, toda la gracia y la vida del Pueblo de Dios" (LG 50):

«Nosotros adoramos a Cristo porque es el Hijo de Dios; en cuanto a los mártires, los amamos como discípulos e imitadores del Señor, y es justo, a causa de su devoción incomparable hacia su rey y maestro; que podamos nosotros, también, ser sus compañeros y sus condiscípulos (Martirio de san Policarpo 17, 3: SC 10bis, 232 [Funk 1, 336]).

La comunión con los difuntos. «La Iglesia peregrina, perfectamente consciente de esta comunión de todo el cuerpo místico de Jesucristo, desde los primeros tiempos del cristianismo honró con gran piedad el recuerdo de los difuntos y también ofreció sufragios por ellos; "pues es una idea santa y piadosa orar por los difuntos para que se vean libres de sus pecados" (2 M 12, 46)"» (LG 50). Nuestra oración por ellos puede no solamente ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión en nuestro favor.

En la única familia de Dios. "Todos los hijos de Dios y miembros de una misma familia en Cristo, al unirnos en el amor mutuo y en la misma alabanza a la Santísima Trinidad, estamos respondiendo a la íntima vocación de la Iglesia" (LG 51).

Creer en la comunión de los santos significa que todos los bautizados formamos una sola familia espiritual en Cristo. Esta unión une a las personas de la Iglesia en la tierra, reiteramos, las que ya están en el cielo y las que se purifican en el purgatorio. Nada separa esta comunidad, ni siquiera la muerte.

La comunión de los santos es la unión espiritual entre todos los miembros de la Iglesia cristiana: los fieles que viven en la tierra, las almas que se purifican en el purgatorio y los santos que ya están en el cielo. Todos forman un solo cuerpo en Cristo y comparten bienes espirituales, fe y caridad.

  • 1 Corintios 12:26-27: Si un miembro sufre, todos sufren; si uno es honrado, todos se alegran. Todos somos partes del cuerpo de Cristo.

martes, 9 de junio de 2026

CREO EN LA IGLESIA ... QUE ES UNA SANTA, CATOLICA Y APOSTÓLICA ...

 Basílica de San Pedro en el Vaticano | Historia, Descripción ...

 ¿Por qué soy católica? Pues porque nací católica. 

En mi más tierna infancia me acompañaron el Padre Osvaldo Vallejos, quien en aquélla época (1956) daba la Misa de espaldas al pueblo y en Latín, en la Parroquia Ntra. Sra. de Fátima, de la Isla Maciel, donde viví desde que nací hasta los 10 años. También fui la pequeña que acompañaba a las Hermanitas de Jesús que vivían muy cerca nuestro, en el mismo Patio Parroquial: Hermana Thérese Nicole, Madeleine Genevieve, María Amalia. Recuerdo a estas hermanas particularmente pues se bañaban con agua fría en pleno invierno; muy solidarias con nosotros los vecinos y llenas de amor. Durante una gran inundación las invitamos a subir a nuestra casa que era más alta y no se inundaba. Cálido recuerdo de las Hermanitas de Jesús, orden creada por Charles de Foucauld, el santo eremita que vivió entre los Tuaregs en el desierto de Sahara. 

En aquél tiempo yo era la jefa de la pandilla. Me gustaba congregarlos a todos los chicos en el templo frente al mural de la Virgen con los tres pastorcitos, para cantarle canciones religiosas. Éramos un grupito de unos 7 u 8 chicos de entre 6 y 9 años.

Recuerdo las kermeses que organizaba el Padre Vallejos para recaudar fondos, el librito de catecismo con muchas preguntas que estudiábamos de memoria sin preguntar por qué. No se cuestionaba a los mayores, pues sabíamos que sabían más que nosotros. 

Sin embargo, no todo fue bello. Me inscribieron en un Colegio Medio Pupila de unas religiosas croatas en Dock Sud, el Colegio Cristo Rey. Dichas religiosas no le hicieron ningún favor a la dulzura cristiana. Todo lo contrario. Guardo de ellas el peor de los recuerdos aunque sin rencor. 

Algo tenía que andar mal, pues yo conocía la caridad puesta en práctica con mayúsculas por parte del Párroco de mi Parroquia, Osvaldo Vallejos y las Hermanitas de Jesús, versus esta versión medieval de unas religiosas que apenas conocían nuestro idioma, pero sí sabían ser violentas y crueles. 

Luego vino la mudanza, el cambio de colegio, esta vez el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús en Lanús Oeste, en el que no tuve tampoco una buena experiencia de parte de las religiosas chilenas pre-conciliares.

En este nuevo barrio conoci al Párroco, Gianfranco Ferracuti de la Parroquia (¡OH Casualidad!) de Nuestra Señora de Fátima en la que tuvimos mucha cercanía familiar ya que el Padre Gianfranco almorzaba en casa de vez en cuando. Y si seguimos con las casualidades, la Parroquia quedaba en la Calle La Paz  3970 a tres cuadras de mi casa en Marco Avellaneda 3970 del ya creciente barrio de Lanús Oeste. Siguen algunas fotos de recuerdo:

Rubén, Yo y Roberto
Roberto, P. Gianfranco, otro sacerdote (francés), Rubén
Roberto y Rubén (seminaristas)
Dos catequistas y yo
Todo el grupo de jóvenes de la Parroquia con Rubén Revello camisa blanca arremangada y Roberto Scali, remera celeste mangas cortas.
 

Y los años pasaron y fuimos creciendo y con mi auto solía llevar a los seminaristas Roberto Scali y Rubén Revello a distintas parroquias donde a veces cantábamos. La catequesis ya había mejorado bastante. Mi director espiritual, el Padre director del Seminario Diocesano de la Santa Cruz de Burzaco, Miguel Mangini, me guió en mi camino de fe. Debo decir  que fui muy afortunada en contar con semejante maravillosa gente en mi juventud. Mis amigos de la juventud, como dije arriba, Roberto Scali (Q.E.P.D.), fue párroco en la Parroquia Santa Ana de Glew (donde están los frescos de Soldi) durante muchos años. y Rubén (a quien le dí clases de canto), ha hecho una carrera académica e institucional brillante y es uno de los máximos referentes en Bioética en el país. 

Aquí debajo el Padre Roberto Scali, (perdón por la imagen borrosa) con el Maestro Soldi y Manigrasso.

Imagenes de Roberto Scali de www.instagram.com

El Padre Rubén Revello es, desde hace muchos años, el Director del Instituto de Bioética de la Facultad de Ciencias Médicas de la UCA (Universidad Católica Argentina). Su labor en ese campo ha sido tan destacada que su influencia excedió por completo los límites de la universidad:

  • A nivel nacional: Fue designado miembro de la Comisión Nacional de Bioética, un organismo que asesora al Estado Argentino en dilemas éticos complejos como la inteligencia artificial aplicada a la medicina, ensayos clínicos y biotecnología. También ha recibido distinciones como el Diploma de Honor del Senado de la Nación.
  • A nivel internacional: llegó a ser nombrado Miembro Correspondiente de la Pontificia Academia para la Vida en el Vaticano y vicepresidente de la Federación Internacional de Centros e Institutos de Bioética.
Aquí debajo P. Rubén Revello con el Papa León. 

 Confirmados en el servicio a la vida Con profunda gratitud ...

Me siento muy orgullosa de haber tenido como amigos de aventuras parroquiales a estos seres humanos destacados.

¿Por qué soy católica?

Porque nací católica ...

En cuando a mí. En aquélla época 1980, conocí a las Hermanas de María de Schönstatt en Florencio Varela, cuya casa se convirtió en mi casa durante muchísimos retiros sola en aquél bello lugar. Toda mi vida junto a María.

Otro lugar de peregrinación para mí ha sido San Nicolás, a orillas del Paraná donde la Madre de Cristo, bajo la advocación Ntra. Sra. del Rosario de San Nicolás se ha manifestado a lo largo de muchísimo tiempo.

Estudié en el Seminario Catequístico de Santa Teresa en CABA y en el de Don Bosco.  Más tarde Teología Fundamental en el Instituto Bíblico de Quilmes Oeste.

No concibo mi vida fuera de mi Iglesia. Una Iglesia díscola, formada por pecadores como yo. Seres humanos como yo, débiles como yo, conversos día a día como yo. Una Iglesia a la que amo, pues es mi Madre, en la que creo pues fui testigo de la gran santidad que hay dentro de ella. Y una Iglesia por la que lloro y sufro cuando observo un clero politizado, ideologizado y desviado. Una Iglesia por la que rezo y por la que me niego a desesperanzarme. Una Iglesia que me regaló a los Apóstoles, a San Agustín, a los Padres y Madres del Desierto, a Santa Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz, San Charbel, Santa Catalina de Siena, San Francisco de Asís, San Benito, San Antonio Abad, San Antonio de Padua, Santo Padre Pío de Pietrelcina, el Cardenal Eduardo Pironio y tantos, tantos, tantos otros: San Carlo Acutis, Santo Padre Brochero, Santo Cura de Ars ...Padre José Kentenich, en fin la lista es interminable. Fueron perseguidos algunos de ellos, por la misma institución, pero nunca renegaron de ella. Sufrieron por ella, ofrecieron por ella. Murieron por ella.

No obstante, debo decir que además de la Iglesia Romana, en la que tengo mis raíces, admiro y amo las confesiones ortodoxas que nos regalan el segundo pulmón por el que respiramos: el pulmón de la contemplación, del silencio, de la rica liturgia, del exquisito arte, y una enorme cantidad de santos místicos de riqueza espiritual incalculable. 

Creo  en la Iglesia, que es una Santa Católica y Apostólica.

¿Cómo no iba a creer?

Me duelen los pecados de la iglesia romana como mis propios pecados. Ruego por la conversión de los sacerdotes que clavan espinas en la cabeza de Cristo pues como dijo Paulo VI,  "Por alguna fisura el humo de satanás ha entrado  en el templo de Dios"... 

Este es el camino que tenemos que recorrer, el de la fidelidad, como Cristo lo hizo hasta el fin. Dios nos bendiga con su gracia y la Santísima Virgen ruegue por nosotros.

Creo en la Iglesia de Charles de Foucauld, de las Hermanitas de Jesús y en la Benedicto XVI y Rubén Revello.  Somos todos necesarios en ella, pero el camino de la fidelidad no es sencillo. Sin vida de oración no se logra nada. Sin vida contemplativa, jamás llegaremos a la unión con el Señor. A la Iglesia institución, le falta mucho camino por recorrer en este sentido. El Señor nos sigue esperando y dando oportunidades una y otra vez. ¡NO LAS DESAPROVECHEMOS! 

¡AMÉN!   

Imágenes de Santos ortodoxos libres de derechos | DepositPhotos

miércoles, 20 de mayo de 2026

CREO EN EL ESPÍRITU SANTO

 ESPIRITU SANTO - Sembrando Esperanza

¡Qué osadía pretender hablar del Espíritu Santo en un espacio tan limitado como éste!

Se pueden decir tantas cosas. Acudir a tantos libros. Y aún así, nos quedaríamos cortos.

Creo que, lamentablemente, las distintas confesiones religiosas han cargado sobre Él demasiados atributos que muy pocos han llegado a experimentar. 

Ser cristiano no es un ejercicio de catequesis, es un proceso de aprendizaje que nos llevará toda la vida: es el encuentro de las circunstancias por las que atravesamos, con el Espíritu Santo que vive dentro de nosotros.

Las preguntas no dejan de surgir: ¿Qué se exige exactamente del individuo en situaciones en que la voz interior es clara, pero el mundo a nuestro alrededor no está preparado aún para oírla, o lo que es peor, cuando ni siquiera la Iglesia está preparada para escuchar?

El Espíritu Santo, presencia vigorizadora de Dios en medio de nosotros, fuerza vital que nos lleva más allá de nosotros mismos, que nos susurra que busquemos dentro, que vivifica la vida y clama insistentemente, incluso en medio del caos, incluso al borde de la desesperación, llamándonos a SER MÁS DE LO QUE SOMOS.

La vida no empieza y termina con nosotros . Hay más de lo que sabemos; hay una "carga eléctrica" que anima el mundo en todos los niveles y sobre todo interiormente. El Espíritu Santo lo llena todo de vida, nos introduce en el misterio que es Dios, nos recuerda el modelo que es Jesús, NOS LLEVA A LA PLENITUD DE NOSOTROS MISMOS. El Espíritu Santo es la gran fuerza que eleva y nos llama desde cualquier lugar a todos los lugares. Es esa fuerza que nos mantiene en movimiento a través de los agujeros negros de la vida, en la certeza de que al otro lado de esos agujeros, hay luz, esa luz que nos espera y desea. El Espíritu de Dios no nos abandona. No puede abandonarnos.

Lo que yo creo realmente es que el Espíritu Santo, que la Escritura define como energía divina, fuerza vital, sigue agitando las aguas alrededor nuestro de la misma manera que se cernía sobre las aguas en el acto de la creación. A veces nos cuesta creer que alguien realmente crea en el Espíritu Santo. Lo que yo creo realmente es que el Espíritu Santo es la presencia de Dios más activa pero menos venerada en la Iglesia.

Del Espíritu Santo se habla mucho, pero en realidad se le respeta poco. El Espíritu Santo de Dios impregna el mundo y vive en cada uno de nosotros como una llamada constante a la cristianización del universo. Cada uno de nosotros es dotado e instruido en beneficio de la creación del mundo, que está en marcha. Por consiguiente, lo que es difícil de creer no es que Dios impregna el mundo con una presencia que nos faculta a todos, sino que lo difícil es creer que la Iglesia cree de verdad que el Espíritu de Dios realmente infunde, dota y está encarnado en el corazón humano, en cada uno de nosotros.

Cuando cambió la comprensión humana del cosmos y empezó a verse la creación como una evolución, aún tuvieron que pasar años, incluso siglos, para que la Iglesia aceptara el hecho de que el Espíritu Santo hablaba en lenguajes no teológicos.

Los documentos decían que Jesús nació de una mujer por obra del Espíritu Santo, y entonces procedieron a ignorar totalmente a las mujeres en los planes de la Iglesia. Cuando finalmente, después de siglos de negativas, el mundo empezó a comprender que el cerebro femenino presentaba la misma composición que el cerebro masculino, que en ellas también estaba la otra mitad de la fuerza de la vida, que una niña  podía correr tan rápido como un niño, que las mujeres podían dirigir, insistió, no obstante, en que las mujeres tenían una "naturaleza especial" y una función más biológica que espiritual.

La Iglesia enseñaba que el Espíritu Santo de Dios se cernía sobre las aguas en el proceso de la creación dando carismas, dones A TODA LA COMUNIDAD - hijos e hijas - como anunció el profeta Joel y predicó el apóstol Pablo. Evidentemente, el Espíritu Santo hablaba tanto a través de mujeres como a través de los hombres; pero ¿con qué fin? A pesar del Espíritu, el carisma y la creación, la comunidad cristiana se transformó a tal punto en un sistema clerical que los dones de los laicos fueron excluidos para siempre de los sínodos y de las aulas conciliares, de los dicasterios y de los estudios sagrados. El Espíritu Santo habla la lengua laica y la lengua clerical, pero nadie quiere escuchar el lenguaje de los laicos. Como resultado de ello, Pentecostés es la solemnidad que nunca llega de veras, y la Confirmación es el sacramento que no cuenta en la práctica.

Se nos dice que el Espíritu Santo es el espíritu de la Sabiduría, de la femenina Sophia, en la Iglesia. Razonamos teológicamente y decimos que cada uno de nosotros tiene una porción de esta Sabiduría, que el Espíritu trabaja en nosotros para construir el Pueblo de Dios, el Reino de Dios, la Asamblea de Dios en la tierra. En todas partes, en todas las naciones, en todos los pueblos hay signos de la nueva manera de entender y vivir la relación humana con Dios. El Espíritu Santo habló a través de parejas casadas y profesionales acerca de temas como el control de la natalidad. También habló a través de mujeres - y otros eminentes teólogos, sociedades teológicas y varones estudiosos de las Escrituras - sobre el papel de la mujer en la Iglesia... pero nadie escucha. El Espíritu Santo en personas de buena voluntad es una voz que clama en el desierto, una voz rechazada, ignorada y vilipendiada.

Hace cuatrocientos años el Espíritu Santo habló a través de Martín Lutero y todos los reformadores, sobre el tráfico de reliquias/indulgencias y el clericalismo.  Pero se tuvieron que convocar tres concilios, cientos de años después, para que la Iglesia reconociera la legitimidad de sus objeciones. El Espíritu Santo está teniendo un grave problema.

Dios el Creador y Jesús el Camino, mueven a la humanidad mediante los dictados y la presencia del Espíritu Santo de Dios que nos creó y vive entre nosotros y está todavía en nosotros. Ese Espíritu Santo encarna la fuerza vital del universo, el poder de Dios, la energía que anima y está presente en todas las cosas. La fuerza de la vida que hay alrededor nuestro demuestra que, gracias al Espíritu, Jesús no se fue y Dios no está distante. El Espíritu es el impulso constante a la vida en nosotros, impulso que conduce la vida a su fin ultimo.

El Espíritu Santo nos lleva a nuevos niveles de comprensión, a nuevos tipos de testimonio, a nuevas dimensiones de la vida que se necesitan aquí y ahora. Lo estático muere bajo el impulso de un Dios creador. No vivimos en el pasado. No somos mendigos ciegos que seguimos, cada uno por  su cuenta, nuestros caminos para llegar a Dios. En cada uno de nosotros hay un imán, un don para Dios, que repele lo falso y nos impulsa a lo bueno. Los dones que se nos han concedido se adaptan unos a otros y otorgan fortaleza y seguridad.

Estamos todos juntos, por así decirlo, en el camino más esperanzador y conocido, más claramente asombroso; y todos somos por igual adultos, miembros de pleno derecho y responsables de la Iglesia. POR CONSIGUIENTE NINGUNA DIMENSIÓN DE LA IGLESIA TIENE EL MONOPOLIO DE LA ILUMINACIÓN, DE LA GRACIA, DE LOS DICTADOS DE DIOS EN ESTE LUGAR Y EN ESTE TIEMPO. EL ESPÍRITU DE DIOS ES IMPREDECIBLE, PUES ALIENTA DONDE QUIERE, SE MUEVE COMO LE PLACE Y SE POSA POR IGUAL EN MUJERES Y EN HOMBRES.

(Yo viví en carne propia la discriminación y la exclusión en la Iglesia. Siendo yo coordinadora de un grupo hermoso de oración contemplativa en la Catedral de Quilmes, Provincia de Buenos Aires, Argentina, caminábamos desde hacía 4 años y bajo la anuencia del Párroco, a la luz del Espíritu Santo y de las enseñanzas de la Iglesia.  Para no aburrir con esta historia , sucedió que cuando fue designado un nuevo párroco comenzaron las persecuciones y trabajos de "espionaje" para con nuestra gente y mi persona. El cura "infiltró" personas que le llevaban chismes de todo tipo y color, movidos por la envidia hacia un grupo numeroso y entusiasta de gente que se reunía a meditar. La sola palabra meditación les generaba urticaria. En lugar de profundizar en las enseñanzas de los Padres y Madres del Desierto, se dedicaron a hacernos la vida imposible. Yo denuncié en Facebook lo que estaba pasando y por consiguiente ardió Troya. El grupo fue desarticulado. Yo fui defenestrada en mi reputación y todo el trabajo de 4 años fue tirado a la basura. Sin embargo, el Espíritu Santo, y esto es lo que me consuela, seguirá haciendo su  obra en cada uno de nosotros, incluso en los verdugos. Pero, lo que me afectó muchísimo fue el grado de ignorancia y cerrazón de ciertos clérigos de nuestra amada y bendita Iglesia.)

Continuemos ... 

La tradición dice que el Espíritu Santo está con la Iglesia para guiarla. Pero, en ese caso, nosotros como institución y como personas tenemos que estar abiertos a esa guía, VENGA DE QUIEN VENGA. INCLUSO CUANDO VIENE DE LA CIENCIA, DE LOS LAICOS O DE LAS MUJERES. A menos, claro está, que queramos afirmar que la Iglesia pertenece exclusivamente a los clérigos, en cuyo caso de debilita y se extingue la teología del Espíritu Santo, del que dependen la autenticidad y la inspiración actual de la Iglesia. Sólo de pensarlo se nos encoge el alma.

Al Espíritu se le llama Sophia, o sea, "Santa Sabiduría", y  por eso se alude a ella en femenino. En las Escrituras el Espíritu se llama Ruah, palabra igualmente de género femenino que describe el aspecto femenino de la divinidad, el aliento de Dios, el poderoso soplo que se cernía sobre las aguas vacías cuando, dentro del proceso de la creación, surgió la vida. Todas ellas son imágenes femeninas de un Dios Padre y Madre que da a luz y cría, que espera el parto, rompe aguas y alumbra la vida. Pero cuando la sabiduría se define a sí misma y se manifiesta, lo hace siempre mediante un mensaje masculino en el que no aparece ninguna mujer. Y así la Sabiduría renguea.

Este Espíritu, esta Sabiduría viva que es Dios, nos eleva por encima de nosotros mismos, nos permite oír la voz del  Creador a nuestro alrededor y, en nuestro interior, aparece  con suave fuerza o con terrible toma de conciencia. El Espíritu nos aguijonea, nos prueba, hace que la vida que hay en nosotros alcance la plenitud creativa. El Espíritu es Dios con nosotros, en nosotros, alrededor de nosotros, el que nos infunde el soplo de vida. Sin embargo al Dios sin género se le asigna un género y en la Iglesia se niega la plenitud de Dios, la plenitud de la vida. La Iglesia queda en la mitad de lo que es y el Espíritu deja de alentar en más de la mitad de ella.

Es verdad que hemos nacido cristianos pero nos pasamos la vida aprendiendo lo que esto significa. Recibimos el sacramento de la Confirmación y nos comprometemos a defender la fe, pero tardamos en aprender que la fe implica un proceso de crecimiento.  Cada paso requiere valor, apertura al Espíritu. No tenemos ningún problema en creer que Dios nos creó y que Jesús nos guía; pero cuando realmente creemos que el Espíritu está en cada uno de nosotros mostrándonos, como Iglesia, el camino, ahí se necesita CORAJE y se requiere fe. EL ESPÍRITU ES MÁS GRANDE QUE LA INSTITUCIÓN. EL ESPÍRITU VIVE EN NOSOTROS, NOS GUÍA Y PIDE UNA RESPUESTA DE TODOS Y CADA UNO DE NOSOTROS EN ARAS DE LA CREACIÓN, EN ARAS DE LA IGLESIA.

Cuando decimos "Creo en el Espíritu Santo" decimos una oración que aún falta completar. La Confirmación es un sacramento que todavía se encuentra en proceso de realización y aún corre el peligro de verse malogrado al menos para la mitad de la humanidad y para la mayoría de los laicos. Para ello es preciso PONER EN PRÁCTICA LAS ENSEÑANZAS DE ESA MISMA IGLESIA A LA QUE AÚN LE CUESTA ENTENDER: LA VOLUNTAD SALVÍFICA UNIVERSAL DE DIOS (1 Tim 2, 4).

Los invito a leer los documentos conciliares LUMEN GENTIUM  y GAUDIUM ET SPES a los que se debería prestar más atención . 

Roguemos al Señor que todo lo puede, envíe su Espíritu al Clero, pero sobre todo roguemos que el  noventa por ciento del Clero le abra las puertas. Amén.

🙏✨ Imagen que nos comparte el Padre Juan Cruz En el marco ...