viernes, 18 de septiembre de 2020

¿QUIÉN SOY?

Tú no eres tu apellido, tu color de ojos o piel. No eres el colegio al que tuviste el privilegio de ir, un título universitario, tu "éxito laboral", ni el cargo que tengas donde trabajas. No eres el carro que manejas, ni la casa donde vives; no eres tus viajes, todo lo que te compras, ni tu dinero. No eres la "imagen o status" que quieres demostrar en las redes sociales. No eres con quien te casaste, ni los "estándares sociales" que sigues. Nada de eso te hace mejor que nadie, porque nada de eso habla de quién eres tú en Verdad... Tú *ERES la amabilidad* que expresas al hablar, *el perdón* que otorgas cuando te ofenden y *la empatía sincera* que tengas ante cualquiera que pasa por un difícil momento. Eres *la generosidad* que tengas al compartir lo que no te sobra con otro, eres *la tolerancia* ante alguien que te impacienta y *la humildad* de no hacer sentir a otros menos que Tú. Eres *la inclusión* al no discriminar a otros por sus gustos, costumbres o posición, eres *la gentileza* que tengas hacia otro que no pueda hacer nada por ti; Eres *la bondad* que muestres ante un niño, un adulto mayor o una mascota. Eres *la inteligencia emocional* que proyectas al pensar antes de hablar para no herir a otros. Eres *la sonrisa que le brindas al desconocido* que pasa a tu lado caminando o *el abrazo honesto* que compartes con otro ser humano. Eres *la madurez* y consecuencia con la que llevas la vida, en lo que dices y en lo que haces. Eres *la sinceridad* cuando miras al otro a los ojos y le dices te amo, no por inercia sino sabiendo todo lo que amar de verdad significa. Eres *la fortaleza* que has construido, *la bondad que obsequias,* la forma en que en plena conciencia percibes la vida, tu vida. Eres la felicidad que irradias después de una tristeza, por que aprendiste que el dolor es necesario pero el sufrimiento es opcional cuando decides aprender de aquel. Eso es lo que TU eres” (Desconozco el/la autor(a).

 

domingo, 23 de agosto de 2020

EL ANACORETA REFLEXIONA SOBRE LA FE

El Anacoreta y su discípulo se sentaron bajo la palmera desgranando judías secas…El discípulo preguntó:
– Maestro. He observado que viene gente a hablar contigo que llegan llenos de Fe y parten llenos de dudas. Por el contrario los que vienen dudando se van contentos y felices.
Sonrió el Solitario, y mirando al discípulo le dijo:
– No es Fe todo lo que parece…Desgraciadamente la confundimos con la adhesión ideológica. Pensamos que creer es adherirse a una doctrina y defenderla a toda costa…
Desgranó unas cuantas judias y luego siguió:
– Fe es escuchar la Palabra y hacerla vida…Demasiadas veces utilizamos la Palabra en nuestro provecho. Sacamos citas de aquí y de allí para justificar nuestra doctrina…Es dejar que esa Palabra penetre poco a poco en nosotros…Es un error creer que esa Palabra es inamovible. La Palabra se pronuncia cada día para cada uno de nosotros. Por eso hemos de tener "odres nuevos para meter ese vino nuevo"…
Guardó un silencio que al discípulo se le hizo eterno y añadió:
– La Fe es esa pequeña lucecita en la noche que nos permite avanzar…No nos da ninguna seguridad…pero nos permite avanzar. Y podemos sostenerla en nuestras manos porque nosotros nos hemos abandonado en las manos de Dios…
Lo miró sonriendo:
– Por eso algunos que creían tener Fe, descubren conmigo que estaban muy lejos de tenerla…Y otros que se creían en la negra noche ven, casi sin darse cuenta, que en sus manos hay una lámpara de barro…
Y siguieron desgranando las alubias tranquilamente…
La imagen puede contener: fuego


jueves, 30 de julio de 2020

EN LA DESESPERACIÓN DE NUESTRA NOCHE.

 Qué hacer cuando te sientes triste y estas solo - WomanTime Psicología
Un poema de Luis Rosales de inspiración sanjuanista dice así: “De noche, iremos de noche, que para encontrar la Fuente, sólo la sed nos alumbra”.

A Dios, por lo general, acudimos cuando en nuestra vida es de noche, es decir, cuando comprendemos que le necesitamos. Cuando es de día, en cambio, son tantas las luces que nos deslumbran que es fácil olvidarse de la luz.

Al igual que al final de cualquier túnel, por largo y oscuro que sea, hay siempre una luz, en el más profundo centro de nuestras noches brilla siempre una llama. Esa llama es Dios, que nos espera en el corazón de nuestras tinieblas. La invitación, por tanto, no es a huir de la oscuridad, que es lo que normalmente hacemos, sino a entrar en ella.

Nuestra noche oscura particular puede ser ahora un vicio no erradicado, una pasión desordenada, un pacto con la mediocridad, un problema económico o familiar grave, una crisis de pareja, un miedo de apariencia insuperable…Sea cual sea nuestra noche actual, Dios está ahí para nosotros. Esta es la convicción cristiana más radical.

La felicidad del hombre en este mundo depende de su conexión con su fuente interior, lo que los cristianos llamamos Espíritu Santo. Sólo esta Fuente puede saciar el corazón humano. El resto de las alegrías son pasajeras, fugaces, efímeras…

Seducidos por el espejismo de otras fuentes o, sencillamente por pereza, con frecuencia, conscientes o no, nos alejamos de esa Fuente. A veces nos distanciamos tanto de Ella que ya ni la vemos y hasta dudamos de que exista. Y nos decimos. ¿No será una ilusión juvenil? ¿No me habré engañado cuando creí beber?

Cuando más lejos estamos de la Fuente, más se van apagando las esperanzas y menos confianza tenemos en nosotros mismos y en los demás. El futuro se va estrechando. Sentimos la vida como un peso que nos fatiga, crecen los miedos y las seguridades a las que pretendemos agarrarnos. Todo eso deja una huella física: se ensombrece el rostro y nuestra mirada se apaga. Hay quien piensa que eso es la madurez, pero se trata más bien de la decadencia espiritual o de la muerte en vida. Crecer bienes crecer en vulnerabilidad.

Es en esta situación límite, casi desesperada, cuando podemos conocer que estamos profundamente insatisfechos. Antes, quizá, no habíamos tocado fondo y aún nos dejábamos engañar por los sucedáneos de la felicidad: el prestigio social, la compensación sensorial, la seguridad material…Pareja, familia, trabajo…;nadie niega que todo eso sea importante y bueno, pero no es, ciertamente el Reino de los cielos.

Lo primero que hace falta para atisbar algo de ese Reino es tener sed; sólo entonces acudiremos a la Fuente. Lo primero es desear la luz; sólo entonces salimos de la noche. ¿Y cómo? Gritando. Sólo un grito imperioso y desgarrado es escuchado por Dios. No hay oración sincera que Él no atienda. Ni una sola. Tampoco hay ritual vacío que El escuche. Ni uno solo.

Estar en Dios y estar en las cosas de Dios no es en absoluto lo mismo. Podemos ser muy religiosos y muy poco espirituales, y quizá sea ése nuestro cáncer. Podemos recitar plegarias durante media hora sin haber conectado con Él ni un segundo. Por desconfianza a Dios y a la vida -que es la misma desconfianza- nos aseguramos todo tanto que, al final, no necesitamos nada y, en consecuencia, nada hay que pedir de verdad.

¿Cuál es hoy mi grito? Esta es la pregunta. ¿De qué necesito ser salvado en este momento de mi vida? ¿Estoy dispuesto a convertirme en un pobre que suplica?
 Agradece a Dios con estos versículos bíblicos por tu matrimonio ...
Autor: Pablo D Ors

jueves, 2 de julio de 2020

SOY ARMONÍA

Esta foto de la Vía Láctea tomada una noche de verano nos evoca a Pitágoras, el filósofo y matemático de Samos, que unos 400 años ante de Cristo, enseñaba:
"Si se os pregunta ¿en qué consiste la salud?, decid: en la armonía. ¿Y la virtud?, en la armonía. ¿Y lo bueno?, en la armonía. ¿Y lo bello?, en la armonía. ¿Y qué es Dios? Responded aún: la armonía. La armonía es el alma del mundo. Dios es el orden, la armonía, por lo que existe y se conserva el Universo".
Una de las más recientes teorías físicas describe a las partículas elementales no como corpúsculos, sino como vibraciones de minúsculas cuerdas, consideradas entidades geométricas de una dimensión. Sus vibraciones se fundan en simetrías matemáticas particulares que representan una prolongación de la visión pitagórica del universo y la recuperación, en la más moderna visión del mundo, de la antigua creencia en la Música de las Esferas.
Pero no somos el centro de todo eso, ni tan importantes como creemos desde el yo. Nuestra vida es un parpadeo del Universo, una nota musical de la sinfonía. Un parpadeo único, sí, irrepetible y cósmico en miles de años y espacios, pero un solo parpadeo.
Cuando desaparece mi personaje, ese ego mental que creo ser, despierto.
Escribe Willigis Jäger: “Una vez más se me ha permitido y se me sigue permitiendo experimentar que mi vida no representa otra cosa que un simple golpe de mar en ese acontecimiento cósmico, y que lo que yo soy verdaderamente retornará sin tiempo y sin forma a la infinitud de la que nació mi yoidad”.
Somos pues una nota del pentagrama universal. Encontrar nuestra vibración en el universo nos devuelve nuestro sitio en el Ser.
Cierra los ojos y sumérgete en el instante presente. Conectas con tu realidad sin tiempo. Te das cuenta que eres uno con el cosmos y que todos lo seres son pedazos de ti mismo. Que la muerte no es muerte, es una transición de forma, un beso con que te besa Dios al retornar a tu ser. Pero no es necesario morir para sentirse besado.
No soy el ciudadano envuelto en las circunstancias fáciles o difíciles, de éxito o fracaso que te rodean. Ya aquí y ahora “somos ciudadanos del cielo” (Flp 3.20).
Por eso es un error convertir la santidad en otra forma de protagonismo para alimentar el ego.
Perderse es encontrarse.
Entonces te percibes uva de racimo, gota entre millones de gotas del mar, chispa de una sola luz, ínfimo lucero de un cielo estrellado. Y cambia tu ser y tu compromiso con el mundo. Como certeramente encesta el mejor baloncestista, da en la diana el arquero, crea el músico, cuando no es él, sino la naturaleza, el Ser, a través de él.
La armonía es nuestra manera de reencontrarnos y el Uno, mi olvidado apellido de familia.
 

CUENTO SAPIENCIAL PARA TIEMPOS DE ENCIERRO...

-Maestro, cómo puedo enfrentar el aislamiento?
-Limpia tu casa. A fondo. En todos los rincones.
Incluso los que nunca tuviste ganas, el coraje y la paciencia de tocar.
Haz que tu casa sea brillante y cuidada. Quita el polvo, las telarañas, las impurezas. Incluso las más ocultas.
Tu casa te representa a ti mismo: si cuidas de ella, también te cuidas.
-Maestro pero el tiempo es largo.
Después de cuidar de mí a través de mi casa ¿cómo puedo vivir el aislamiento?
-Arregla lo que se puede arreglar y elimina lo que ya no necesitas.
Dedícate al remiendo, borda los arranques de tus pantalones, cose bien los bordes deshilachados de tus vestidos, restaura un mueble, repara todo lo que vale la pena reparar.
El resto, tíralo. Con gratitud.
Y con conciencia de que su ciclo ha terminado.
Arreglar y eliminar fuera de ti permite arreglar o eliminar lo que hay dentro de ti.
-Maestro ¿y luego qué?
Qué puedo hacer todo el tiempo solo?
-Siembra.
Incluso una semilla en un jarrón.
Cuida una planta, riegala todos los días, háblales, dale un nombre, quita las hojas secas y las malas hierbas que pueden asfixiarla y robarle energía vital preciosa.
Es una forma de cuidar tus semillas interiores, tus deseos, tus intenciones, tus ideales.
-Maestro ¿y si el vacío viene a visitarme?... ¿Si llegan el miedo a la enfermedad y a la muerte?
-Háblales.
Prepara la mesa para ellos también, reserva un lugar para cada uno de tus temores.
Invítales a cenar contigo. Y pregúntales por qué llegaron desde tan lejos hasta tu casa. Qué mensaje quieren traerte.
Qué quieren comunicarte.
-Maestro, no creo que pueda hacer esto...
-No es el aislamiento tu problema, sino el miedo a enfrentar tus dragones interiores. Esos que siempre quisiste alejar de ti. Ahora no puedes huir.
Míralos a los ojos, escúchalos y descubrirás que te pusieron contra la pared.
Te han aislado para poder hablar contigo.
Como las semillas que solo pueden brotar si están solas.
Autor desconocido