¿Por qué soy católica? Pues porque nací católica.
En mi más tierna infancia me acompañaron el Padre Osvaldo Vallejos, quien en aquélla época (1956) daba la Misa de espaldas al pueblo y en Latín, en la Parroquia Ntra. Sra. de Fátima, de la Isla Maciel, donde viví desde que nací hasta los 10 años. También fui la pequeña que acompañaba a las Hermanitas de Jesús que vivían muy cerca nuestro, en el mismo Patio Parroquial: Hermana Thérese Nicole, Madeleine Genevieve, María Amalia. Recuerdo a estas hermanas particularmente pues se bañaban con agua fría en pleno invierno; muy solidarias con nosotros los vecinos y llenas de amor. Durante una gran inundación las invitamos a subir a nuestra casa que era más alta y no se inundaba. Cálido recuerdo de las Hermanitas de Jesús, orden creada por Charles de Foucauld, el santo eremita que vivió entre los Tuaregs en el desierto de Sahara.
En aquél tiempo yo era la jefa de la pandilla. Me gustaba congregarlos a todos los chicos en el templo frente al mural de la Virgen con los tres pastorcitos, para cantarle canciones religiosas. Éramos un grupito de unos 7 u 8 chicos de entre 6 y 9 años.
Recuerdo las kermeses que organizaba el Padre Vallejos para recaudar fondos, el librito de catecismo con muchas preguntas que estudiábamos de memoria sin preguntar por qué. No se cuestionaba a los mayores, pues sabíamos que sabían más que nosotros.
Sin embargo, no todo fue bello. Me inscribieron en un Colegio Medio Pupila de unas religiosas croatas en Dock Sud, el Colegio Cristo Rey. Dichas religiosas no le hicieron ningún favor a la dulzura cristiana. Todo lo contrario. Guardo de ellas el peor de los recuerdos aunque sin rencor.
Algo tenía que andar mal, pues yo conocía la caridad puesta en práctica con mayúsculas por parte del Párroco de mi Parroquia, Osvaldo Vallejos y las Hermanitas de Jesús, versus esta versión medieval de unas religiosas que apenas conocían nuestro idioma, pero sí sabían ser violentas y crueles.
Luego vino la mudanza, el cambio de colegio, esta vez el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús en Lanús Oeste, en el que no tuve tampoco una buena experiencia de parte de las religiosas chilenas pre-conciliares.
En este nuevo barrio conoci al Párroco, Gianfranco Ferracuti de la Parroquia (¡OH Casualidad!) de Nuestra Señora de Fátima en la que tuvimos mucha cercanía familiar ya que el Padre Gianfranco almorzaba en casa de vez en cuando. Y si seguimos con las casualidades, la Parroquia quedaba en la Calle La Paz 3970 a tres cuadras de mi casa en Marco Avellaneda 3970 del ya creciente barrio de Lanús Oeste.
Y los años pasaron y fuimos creciendo y con mi auto solía llevar a los seminaristas Roberto Scali y Rubén Revello a distintas parroquias donde a veces cantábamos. La catequesis ya había mejorado bastante. Mi director espiritual, el Padre director del Seminario Diocesano de la Santa Cruz de Burzaco, Miguel Mangini, me guió en mi camino de fe. Debo decir que fui muy afortunada en contar con semejante maravillosa gente en mi juventud. Mis amigos de la juventud, como dije arriba, Roberto Scali (Q.E.P.D.), fue párroco en la Parroquia Santa Ana de Glew (donde están los frescos de Soldi) durante muchos años. y Rubén (a quien le dí clases de canto), ha hecho una carrera académica e institucional brillante y es uno de los máximos referentes en Bioética en el país.
Aquí debajo el Padre Roberto Scali, (perdón por la imagen borrosa) con el Maestro Soldi y Manigrasso.
El Padre Rubén Revello es, desde hace muchos años, el Director del Instituto de Bioética de la Facultad de Ciencias Médicas de la UCA (Universidad Católica Argentina). Su labor en ese campo ha sido tan destacada que su influencia excedió por completo los límites de la universidad:
- A nivel nacional: Fue designado miembro de la Comisión Nacional de Bioética, un organismo que asesora al Estado Argentino en dilemas éticos complejos como la inteligencia artificial aplicada a la medicina, ensayos clínicos y biotecnología. También ha recibido distinciones como el Diploma de Honor del Senado de la Nación.
- A nivel internacional: llegó a ser nombrado Miembro Correspondiente de la Pontificia Academia para la Vida en el Vaticano y vicepresidente de la Federación Internacional de Centros e Institutos de Bioética.
Me siento muy orgullosa de haber tenido como amigos de aventuras parroquiales a estos seres humanos destacados.
¿Por qué soy católica?
Porque nací católica ...
En cuando a mí. En aquélla época 1980, conocí a las Hermanas de María de Schönstatt en Florencio Varela, cuya casa se convirtió en mi casa durante muchísimos retiros sola en aquél bello lugar. Toda mi vida junto a María.
Otro lugar de peregrinación para mí ha sido San Nicolás, a orillas del Paraná donde la Madre de Cristo, bajo la advocación Ntra. Sra. del Rosario de San Nicolás se ha manifestado a lo largo de muchísimo tiempo.
Estudié en el Seminario Catequístico de Santa Teresa en CABA y en el de Don Bosco. Más tarde Teología Fundamental en el Instituto Bíblico de Quilmes Oeste.
No concibo mi vida fuera de mi Iglesia. Una Iglesia díscola, formada por pecadores como yo. Seres humanos como yo, débiles como yo, conversos día a día como yo. Una Iglesia a la que amo, pues es mi Madre, en la que creo pues fui testigo de la gran santidad que hay dentro de ella. Y una Iglesia por la que lloro y sufro cuando observo un clero politizado, ideologizado y desviado. Una Iglesia por la que rezo y por la que me niego a desesperanzarme. Una Iglesia que me regaló a los Apóstoles, a San Agustín, a los Padres y Madres del Desierto, a Santa Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz, San Charbel, Santa Catalina de Siena, San Francisco de Asís, San Benito, San Antonio Abad, San Antonio de Padua, Santo Padre Pío de Pietrelcina, el Cardenal Eduardo Pironio y tantos, tantos, tantos otros: San Carlo Acutis, Santo Padre Brochero, Santo Cura de Ars ...Padre José Kentenich, en fin la lista es interminable. Fueron perseguidos algunos de ellos, por la misma institución, pero nunca renegaron de ella. Sufrieron por ella, ofrecieron por ella. Murieron por ella.
No obstante, debo decir que además de la Iglesia Romana, en la que tengo mis raíces, admiro y amo las confesiones ortodoxas que nos regalan el segundo pulmón por el que respiramos: el pulmón de la contemplación, del silencio, de la rica liturgia, del exquisito arte, y una enorme cantidad de santos místicos de riqueza espiritual incalculable.
Creo en la Iglesia, que es una Santa Católica y Apostólica.
¿Cómo no iba a creer?
Me duelen los pecados de la iglesia romana como mis propios pecados. Ruego por la conversión de los sacerdotes que clavan espinas en la cabeza de Cristo pues como dijo Paulo VI, "Por alguna fisura el humo de satanás ha entrado en el templo de Dios"...
Este es el camino que tenemos que recorrer, el de la fidelidad, como Cristo lo hizo hasta el fin. Dios nos bendiga con su gracia y la Santísima Virgen ruegue por nosotros.
Creo en la Iglesia de Charles de Foucauld, de las Hermanitas de Jesús y en la Benedicto XVI y Rubén Revello. Somos todos necesarios en ella, pero el camino de la fidelidad no es sencillo. Sin vida de oración no se logra nada. Sin vida contemplativa, jamás llegaremos a la unión con el Señor. A la Iglesia institución, le falta mucho camino por recorrer en este sentido. El Señor nos sigue esperando y dando oportunidades una y otra vez. ¡NO LAS DESAPROVECHEMOS!
¡AMÉN!




