La Comunión de los Santos tiene que ver con todos los bautizados, de todos los lugares del mundo y de todas las épocas.
Se trata de un dogma de fe establecido desde los primeros siglos del cristianismo que describe la unión espiritual de todos los cristianos, vivos y muertos, en un solo Cuerpo Místico, que es la Iglesia, y cuya cabeza es Cristo.
Así pues, la Comunión de los Santos tiene dos significados estrechamente relacionados: la comunión en las cosas santas y la comunión entre las personas santas, vivas y difuntas.
La Comunión en las cosas santas
La comunión en las cosas santas se refiere a la común unión de todos los fieles en los bienes espirituales, como la fe, los Sacramentos, los distintos carismas que hay en nuestra Iglesia y los actos de caridad que realizamos en favor de los más necesitados.
La Comunión en la Fe.
En la comunidad primitiva de Jerusalén, los discípulos acudían asiduamente a la Enseñanza de los Apóstoles, a la Comunión, a la Fracción del Pan y a las Oraciones. De manera que la comunión en la fe que hoy vivimos la hemos recibido de los Apóstoles, y es un tesoro de vida que se enriquece cada vez que se comparte.
La Comunión en los Sacramentos.
El fruto de todos los Sacramentos es pertenencia de la comunidad entera, ya que los Sacramentos -y sobre todo el Bautismo- son vínculos sagrados que unen a todos y nos ligan a Jesucristo.
Los Padres de la Iglesia señalan que el nombre de “comunión” puede aplicarse a todos los Sacramentos, puesto que todos ellos nos unen con Dios. Sin embargo, este nombre es más propio de la Eucaristía que de cualquier otro Sacramento, ya que la Eucaristía lleva esta comunión a su culminación. La Comunión Eucarística es la que nos da Cristo y, en Él con su Cuerpo.
La Comunión de los Carismas.
En la comunión de la Iglesia, el Espíritu Santo reparte gracias especiales y diferentes entre los miembros de la comunidad, destinados la edificación de la propia Iglesia.
Es decir, que el Espíritu da a cada cual capacidades especiales para provecho común; o dicho de otra manera, para el bien de los demás, ya que en la Comunión de los Santos ninguno de nosotros vive para sí mismo, como tampoco nadie muere para sí mismo. Como se señala en Primera de Corintios 12, 26-27: "Si un miembro de la Iglesia sufre, todos los demás sufren con él"; y "Si un miembro de la Iglesia es honrado, todos los demás toman parte de su gozo."
La Comunión en la Caridad.
En la Comunión de los Santos, todo lo que posee el verdadero cristiano debe considerarlo un bien común; es decir, que el fiel debe estar dispuesto a socorrer al necesitado, a mitigar la miseria del prójimo.
Así pues, el menor de nuestros actos hecho con caridad -es decir, con amor -, repercute en beneficio de todos, en esta solidaridad entre todos los hombres, vivos y difuntos, que se funda en la Comunión de los Santos. Pero de igual manera, todo pecado va en detrimento de esta comunión. Nuestras malas acciones también repercuten en la Iglesia.
La Comunión entre las personas santas
Sobre este segundo aspecto de la Comunión de los Santos, el Catecismo de la Iglesia Católica señala que hasta que el Señor venga en su esplendor con todos sus ángeles a tomar dominio de todo, una parte de sus discípulos se hallará peregrinando en la tierra; otros, ya difuntos, se estarán purificando; y unos más, ya glorificados, se hallarán contemplando claramente a Dios uno y trino.
Considerando lo anterior, la Iglesia está integrada por tres estados del ser cristiano: los que están vivos, a los que se les llama Iglesia Militante o Peregrina; los que están en el cielo, a los que se les conoce como Iglesia Triunfante, y por último los que, habiendo fallecido, se preparan para entrar en el cielo purificándose de sus pecados en el Purgatorio, y a los que se les denomina Iglesia Purgante.
Para añadir a lo que hasta aquí se ha dicho tenemos pues que:
La Iglesia es "comunión de los santos": expresión que designa primeramente las "cosas santas" (sancta), y ante todo la Eucaristía, "que significa y al mismo tiempo realiza la unidad de los creyentes, que forman un solo cuerpo en Cristo" (LG 3).
Este término designa también la comunión entre las "personas santas" (sancti) en Cristo que ha "muerto por todos", de modo que lo que cada uno hace o sufre en y por Cristo da fruto para todos.
"Creemos en la comunión de todos los fieles cristianos, es decir, de los que peregrinan en la tierra, de los que se purifican después de muertos y de los que gozan de la bienaventuranza celeste, y que todos se unen en una sola Iglesia; y creemos igualmente que en esa comunión está a nuestra disposición el amor misericordioso de Dios y de sus santos, que siempre ofrecen oídos atentos a nuestras oraciones" (Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios, 30).
"Como todos los creyentes forman un solo cuerpo, el bien de los unos se comunica a los otros". También las malas obras, repercutirán en todos.
La comunión de la caridad como dijimos arriba: En la comunión de los santos, "ninguno de nosotros vive para sí mismo; como tampoco muere nadie para sí mismo" (Rm 14, 7). "Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él. Si un miembro es honrado, todos los demás toman parte en su gozo. Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte" (1 Co 12, 26-27). "La caridad no busca su interés" (1 Co 13, 5; cf. 1 Co 10, 24). El menor de nuestros actos hecho con caridad repercute en beneficio de todos, en esta solidaridad entre todos los hombres, vivos o muertos, que se funda en la comunión de los santos. Todo pecado daña a esta comunión.
Los tres estados de la Iglesia, según Lumen Gentium: «Hasta que el Señor venga en su esplendor con todos sus ángeles y, destruida la muerte, tenga sometido todo, sus discípulos, unos peregrinan en la tierra; otros, ya difuntos, se purifican; mientras otros están glorificados, contemplando "claramente a Dios mismo, uno y trino, tal cual es"» (LG 49):
«Todos, sin embargo, aunque en grado y modo diversos, participamos en el mismo amor a Dios y al prójimo y cantamos el mismo himno de alabanza a nuestro Dios. En efecto, todos los que son de Cristo, que tienen su Espíritu, forman una misma Iglesia y están unidos entre sí en Él» (LG 49).
"La unión de los miembros de la Iglesia peregrina con los hermanos que durmieron en la paz de Cristo de ninguna manera se interrumpe. Más aún, según la constante fe de la Iglesia, se refuerza con la comunicación de los bienes espirituales" (LG 49).
La intercesión de los santos. "Por el hecho de que los del cielo están más íntimamente unidos con Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad [...] No dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por medio del único mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra [...] Su solicitud fraterna ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad" (LG 49):
«No lloréis, os seré más útil después de mi muerte y os ayudaré más eficazmente que durante mi vida» (Santo Domingo, moribundo, a sus frailes: Relatio iuridica 4; cf. Jordán de Sajonia, Vita 4, 69).
Pasaré mi cielo haciendo el bien sobre la tierra (Santa Teresa del Niño Jesús, verba).
"No veneramos el recuerdo de los del cielo tan sólo como modelos nuestros, sino, sobre todo, para que la unión de toda la Iglesia en el Espíritu se vea reforzada por la práctica del amor fraterno. En efecto, así como la unión entre los cristianos todavía en camino nos lleva más cerca de Cristo, así la comunión con los santos nos une a Cristo, del que mana, como de fuente y cabeza, toda la gracia y la vida del Pueblo de Dios" (LG 50):
«Nosotros adoramos a Cristo porque es el Hijo de Dios; en cuanto a los mártires, los amamos como discípulos e imitadores del Señor, y es justo, a causa de su devoción incomparable hacia su rey y maestro; que podamos nosotros, también, ser sus compañeros y sus condiscípulos (Martirio de san Policarpo 17, 3: SC 10bis, 232 [Funk 1, 336]).
La comunión con los difuntos. «La Iglesia peregrina, perfectamente consciente de esta comunión de todo el cuerpo místico de Jesucristo, desde los primeros tiempos del cristianismo honró con gran piedad el recuerdo de los difuntos y también ofreció sufragios por ellos; "pues es una idea santa y piadosa orar por los difuntos para que se vean libres de sus pecados" (2 M 12, 46)"» (LG 50). Nuestra oración por ellos puede no solamente ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión en nuestro favor.
En la única familia de Dios. "Todos los hijos de Dios y miembros de una misma familia en Cristo, al unirnos en el amor mutuo y en la misma alabanza a la Santísima Trinidad, estamos respondiendo a la íntima vocación de la Iglesia" (LG 51).
Creer en la comunión de los santos significa que todos los bautizados formamos una sola familia espiritual en Cristo. Esta unión une a las personas de la Iglesia en la tierra, reiteramos, las que ya están en el cielo y las que se purifican en el purgatorio. Nada separa esta comunidad, ni siquiera la muerte.
La comunión de los santos es la unión espiritual entre todos los miembros de la Iglesia cristiana: los fieles que viven en la tierra, las almas que se purifican en el purgatorio y los santos que ya están en el cielo. Todos forman un solo cuerpo en Cristo y comparten bienes espirituales, fe y caridad.
- 1 Corintios 12:26-27: Si un miembro sufre, todos sufren; si uno es honrado, todos se alegran. Todos somos partes del cuerpo de Cristo.

No hay comentarios :
Publicar un comentario