martes, 16 de junio de 2020

MISTICO

El místico no es un hombre culto, sino un hombre inocente que puede bailar bajo la lluvia, amar un bello arco iris, estar en armonía con el universo, y cuya vida es una celebración permanente.

 

Evasión espiritual

Un comentario de Maribel Rodríguez
 
Quien predica amor espiritual por los demás, sin permitirse vínculos profundos con otros seres humanos ¿sabe qué es el amor?

En la línea de lo que decía de caer en teorizar sobre el amor, pero no permitirse implicarse en relaciones profundas que permitirían vivirlo realmente:

"La mayoría de las veces en que nos hallamos inmersos en la evasión espiritual, nos gusta la luz pero no el calor. Y cuando estamos atrapados en las formas más burdas de evasión espiritual, normalmente, teorizamos mucho más sobre las fronteras de la conciencia de lo que realmente las visitamos, sofocando el fuego en lugar de avivarlo aún más, comulgando con el ideal de amor incondicional pero sin permitir que el amor se manifieste en sus dimensiones más desafiantes y personales. Hacer eso nos daría demasiado calor, demasiado miedo y escaparía demasiado a nuestro control, haciendo aflorar a la superficie cosas que hemos estado negando o reprimiendo durante mucho tiempo.
Pero si de veras queremos la luz, no podemos permitirnos huir del calor. Como dijo Victor Frankl, «A quello que da luz debe soportar el estar ardiendo». Y estar con el calor del fuego no significa simplemente sentarnos a meditar en nuestras dificultades, sino también sumergirnos de lleno en ellas, adentrarnos hasta sus entrañas, enfrentarnos, penetrar e intimar con lo que haya allí, por mucho miedo que nos dé o por traumático, triste o crudo que nos resulte."
Masters, Robert Augustus. "La evasión espiritual" (Spanish Edition) (Posición en Kindle 258-271). Vesica Piscis. Edición de Kindle.

sábado, 30 de mayo de 2020

Pentecostés – A (Juan 20,19-23) VIVIR A DIOS DESDE DENTRO

 
Hace algunos años, el gran teólogo alemán Karl Rahner se atrevía a afirmar que el principal y más urgente problema de la Iglesia de nuestros tiempos era su «mediocridad espiritual». Estas eran sus palabras: el verdadero problema de la Iglesia es «seguir tirando con una resignación y un tedio cada vez mayores por los caminos habituales de una mediocridad espiritual».

El problema no ha hecho sino agravarse estas últimas décadas. De poco han servido los intentos de reforzar las instituciones, salvaguardar la liturgia o vigilar la ortodoxia. En el corazón de muchos cristianos se está apagando la experiencia interior de Dios.

La sociedad moderna ha apostado por lo «exterior». Todo nos invita a vivir desde fuera. Todo nos presiona para movernos con prisa, sin apenas detenernos en nada ni en nadie. La paz ya no encuentra resquicios para penetrar hasta nuestro corazón. Vivimos casi siempre en la corteza de la vida. Se nos está olvidando qué es saborear la vida desde dentro. Para ser humana, a nuestra vida le falta hoy una dimensión esencial: la interioridad.

Es triste observar que tampoco en las comunidades cristianas sabemos cuidar y promover la vida interior. Muchos no saben lo que es el silencio del corazón, no se enseña a vivir la fe desde dentro. Privados de experiencia interior, sobrevivimos olvidando nuestra alma: escuchando palabras con los oídos y pronunciando oraciones con los labios mientras nuestro corazón está ausente.
En la Iglesia se habla mucho de Dios, pero, ¿dónde y cuándo escuchamos los creyentes la presencia callada de Dios en lo más hondo del corazón? ¿Dónde y cuándo acogemos el Espíritu del Resucitado en nuestro interior? ¿Cuándo vivimos en comunión con el Misterio de Dios desde dentro?
Acoger a Dios en nuestro interior quiere decir al menos dos cosas. La primera: no colocar a Dios siempre lejos y fuera de nosotros, es decir, aprender a escucharlo en el silencio del corazón. La segunda: bajar a Dios de la cabeza a lo profundo de nuestro ser, es decir, dejar de pensar en Dios solo con la mente y aprender a percibirlo en lo más íntimo de nosotros.

Esta experiencia interior de Dios, real y concreta, puede transformar nuestra fe. Uno se sorprende de cómo hemos podido vivir sin descubrirla antes. Es posible encontrar a Dios dentro de nosotros en medio de una cultura secularizada. Es posible también hoy conocer una alegría interior nueva y diferente. Pero me parece muy difícil mantener por mucho tiempo la fe en Dios en medio de la agitación y frivolidad de la vida moderna sin conocer, aunque sea de manera humilde y sencilla, alguna experiencia interior del Misterio de Dios.
 
José Antonio Pagola

domingo, 24 de mayo de 2020

ARTÍCULO REVISTA UTOPIA

Maribel Rodriguez


A veces la mente nos traiciona ante el sufrimiento y no nos deja ver la realidad, en esos casos podemos inventarnos, inconscientemente, una mejor versión, para no afrontar lo que más nos cuesta, como está ocurriendo en el caso de la crisis del COVID-19”.

En estas semanas observo con perplejidad un fenómeno que me resulta bastante extraño y no fácilmente comprensible.

Encuentro en diferentes ámbitos como redes sociales, whatsapp y publicaciones varias, una serie de mensajes que, desde mi punto de vista, son excesivamente positivos e incluso joviales, ante esta situación que nos toca vivir con el CoVid-19.

La gran oportunidad
Resulta sorprendente la alegría inusitada de algunos, en nombre de supuestos poderes espirituales, señalando que estamos ante la posibilidad de una magnífica transformación de nuestra consciencia ¡¡y que tenemos que celebrar lo que nos está pasando!! Algunos llegan a decir que el virus es un “maestro” o que cada uno está recibiendo el sufrimiento que se merece según sus actitudes en la vida, que los seres de luz no sufriremos, etc. También podemos encontrarnos vídeos de personas cantando y bailando con sonrisas extáticas, ante esta “gran oportunidad” para subir nuestra consciencia espiritual. En ciertos casos incluso algunos invitan a retiros espirituales sus comunidades (a módicos precios, claro), para huir de la paranoia social de un virus inexistente. O bien señalan que la tierra por fin está defendiéndose de nosotros matando a los que sobran, con ideas que suenan a ecogenocidio.

Un mecanismo de evasión espiritual
Inicialmente me venía a la mente el concepto “evasión espiritual”, también llamado “by pass espiritual” que enunció John Welwood[1], que consiste en menospreciar las necesidades y preocupaciones personales, a la vez que se pretende alcanzar una identidad espiritual ideal. Ese mecanismo de “evasión espiritual” supondría utilizar la espiritualidad y las prácticas espirituales para escaparse de elementos emocionales o personales que no se han resuelto, por resultar difíciles. Creo que algo de esto hay en los fenómenos que estoy mencionando. Pero, me parece que incluso algunos van más allá de la evasión y que no solamente se evaden, sino que niegan la realidad de lo que estamos viviendo. Por eso planteo que se trata de un mecanismo de negación psicológica, aplicado a lo espiritual. Muchos no solamente se “evaden” sino que parece que están construyendo una realidad paralela y para-lelos, que genera un mundo Disney imaginario, para huir de una situación que resulta dolorosa y que es negada, para no tener que ser afrontada. De alguna forma cada mente se defiende, como puede, de lo que le resulta intolerable… Es comprensible, pero se vive así en una irrealidad de negación supuestamente espiritual, y esto me resulta contradictorio...

La negación espiritual
Señalar esta realidad presente, como una situación idílica y maravillosa, me parece una perturbación mental. Sin negar la posibilidad de evolución y de transformación que puede tener, en ocasiones, el atravesar conscientemente el sufrimiento, considero que tanta alegría, ante esta situación tan complicada, es muy cruel y carente de empatía. Esto no quiere decir que no sea útil ver el lado positivo de cualquier evento que atravesamos o que no ayude buscar consuelo en la espiritualidad. El punto de la «negación espiritual» se da cuando se niega la realidad generándose una idea ilusoria de lo que ésta es, poniendo en su lugar ideales espirituales que le alejan a uno de experimentar el dolor de lo que está sucediendo.
Me parece cruel e infantil batir palmas, alegrarse y disfrutar exaltadamente, mientras miles de personas mueren diariamente en medio del miedo y del sufrimiento, cuanto tantos han perdido a sus seres queridos sin poderse despedir, cuando es normal que otros muchos vivan hoy día temerosos de perder sus vidas o la de sus familiares, etc.

Hay que atravesar el sufrimiento
¿Qué hubiéramos pensado si ante los campos de concentración nazis algunos hubieran expresado con alegría la gran oportunidad de transformación espiritual que esperaba a sus supervivientes? ¿Qué sensación nos daría si ante el calvario y crucifixión de Jesús de Nazareth los testigos estuvieran desbordantes de alegría pues sólo fueran capaces de pensar en la resurrección posterior? ¿Qué nos parecería si ante un diagnóstico de un cáncer el oncólogo nos diera la enhorabuena y entonara cantos al sol y a la tierra hablándonos de purificar nuestro karma y de la gran suerte que nos ha tocado al padecer la enfermedad? Creo que algo nos rechinaría profundamente y que nos parecería una locura total.  Con lo cual no estoy negando que sea posible sacar cosas positivas de una asunción consciente del sufrimiento. Pero, para que ese sufrimiento aporte algo, es preciso atravesarlo y afrontarlo, sin mentiras ni escapismos. Y teniendo en cuenta que, a veces, el sufrimiento no aporta nada más que destrucción o locura, al menos transitoriamente. Estas situaciones pueden tener salida, sí, pero no engañemos generando miradas ilusorias y falsas expectativas. No hagamos sentir culpables a los que no viven esta maravillosa transformación, o quienes se exponen a situaciones de alto estrés que pueden derivar en sufrir un estrés postraumático. Abramos un poco los ojos y el corazón a ver la realidad y a empatizar con el sufrimiento ajeno, incluso con el propio que nos cueste más asumir.

Los globos pseudomísticos
Vivimos en una sociedad infantilizada en la que preferimos negar lo que está pasando en nuestra burbuja ilusoria de autocomplacencia, sin pararnos a pensar que una parte de nuestra desgracia presente ha dependido de estar en burbujas narcisistas colectivas, en las que pensábamos que a nosotros no nos iba a pasar nada, sin ninguna empatía por otros pueblos sufrientes de nuestro planeta. De ahí que hayamos tardado tanto en reaccionar (entre otros factores que no han dependido de nuestra forma de pensar). Ahora, nos ha tocado a nosotros atravesar dificultades, pero no queremos salir de las miradas ilusorias, igualmente narcisistas que siguen generando “globos pseudomísticos” para la autosatisfacción personal, con discursos que, para colmo, señalan que la realidad es lo que uno quiere que sea. Y no, señores, hay una realidad que trasciende mis propios deseos y necesidades personales, que solo puede ser afrontada si se mira como realmente es. Si no lo hacemos así sería como si ante un tigre de Bengala me concentro meditativamente diciéndome que es un lindo gatito ¿cómo pensáis que puedo terminar?

miércoles, 20 de mayo de 2020

MINDFULNESS - ALGO PARA TENER BIEN EN CUENTA

Texto que resulta crítico con el lado oscuro o el mal uso del Mindfulness, pero también estimulante para reflexionar sobre la espiritualidad y la política en el mundo actual:

"La mencionada Mindfulness Revolution, portada de la revista Time de febrero del presente año, no es nada más que un conformismo emprendedor posmoderno de una sociedad que tiene motivaciones predominantes para no enfrentarse a sus contradicciones. La estrategia en esencia es Fnalmente un budismo a medias, resultando en un aburguesamiento mental de las clases pobres, una religión del optimismo para lograr una mente eficiente y productiva."
"Técnicas de apaciguamiento psíquico y espiritual son encaradas como verdaderas revoluciones terapéuticas en el modo de adaptación de los sujetos a sus entornos productivos."
"Se trata, en muchos casos, de una adaptación mercantil occidental de la flosoFía taoísta y de cierto tipo de budismo. A partir de ella las múltiples Formas de injusticia social y de suFrimiento no son nada más que ilusiones, Fenómenos política y subjetivamente insustanciales. El suFrimiento ajeno es virtualizado, resultado de una mala programación del cerebro, es solo un avatar fcticio, una manera equivocada de mirar. Con un buen programa mental todo cesa."
"El Mindfulness en cuanto técnica de gestión del yo soberano y emprendedor es un ejemplo de esta conciliación neoliberal entre tecnología y (supuesta) sabiduría eficaz."
"El Mindfulness se convierte en el evangelio del éxito que promete la solución (técnica) para la depresión, la ansiedad y el sentimiento ilusorio de desajuste de los individuos."
"Se ha renunciado al cambio social, al cambio de las circunstancias pretendiendo simular un cambio del carácter de uno mismo."
Silvia Ferreira

Mi respuesta a Maribel Rodríguez, en su portal de Facebook:

"Gracias Maribel. Con tu permiso, me lo llevo a mi blog. Esto es lo que predomina hoy día: un montón de gente "optimista" y dadora de "consejos" como si se tratara de un mundo habitado por réplicas de ficción y no seres humanos únicos e irrepetibles pasibles de sufrimientos, alegrías, esperanzas, logros, fracasos, etc. etc. Una vez más gracias por desmitificar este tipo de modas. Sin embargo, como se dice en Nostrae Aetate, tomemos todo lo que de bueno pueda haber en todas las religiones o pensamientos no cristianos. Aunque debemos SABER DISCERNIRLOS. Un abrazo grande desde Buenos Aires, Mar del Plata, Argentina."

miércoles, 22 de abril de 2020

Autor desconocido

Que si nació hoy, que si nació ayer, que si nació aquí, que si nació allá. Que si murió a los 33, que si murió a los 36. Que cuántos clavos, que cuántos panes y pescados. Que si eran reyes, que si eran magos. Que si tenía hermanos, que si no tenía. Que dónde está, que cuando vuelve...
A mí me agarró de la mano cuando más lo necesitaba.
Me enseñó a sonreír y agradecer por las pequeñas cosas.
Me enseñó a llorar con fuerza y a soltar. Me enseñó a despertarme saludando al sol y a acostarme con la cabeza tranquila.
A caminar muy lento y descalzo.
Me enseñó a abrazar a todos y a abrazarme a mí mismo.
Me enseñó mucho. Me enseñó a quererme con ganas. A querer al que tengo cerca y, de cuando en cuando, a extenderle la mano.
Me enseñó que siempre me está hablando en lo cotidiano, en lo sencillo, a manera de mensajes y que para escucharlo, tengo que tener abierto el corazón.
Me enseñó que un gracias o un perdón lo pueden cambiar todo.
Me enseñó que la fuerza más grande es el amor y que lo contrario al amor es el miedo.
Me enseñó cuánto me ama a través de mil detalles.
Me enseñó que los milagros sí existen. Me enseñó que si yo no perdono, soy yo el que se queda prisionero, y para perdonar primero tengo que perdonarme.
Me enseñó que no siempre se recibe bien por bien, pero que actúe bien a pesar de todo.
Me enseñó a confiar en mí y a levantar la voz frente a la injusticia.
Me enseñó a buscarlo dentro de mí y no fuera.
Me deja que me aleje, sin enojarse. Que salga a conocer la vida. A equivocarme y aprender.
Y me sigue cuidando y esperando.
Hasta me deja aprender de otros maestros, sin ponerse celoso. Porque es de necios no escuchar a todo aquel que hable de amor.
Me enseñó que solo vengo a estar aquí por un tiempo, y solo ocupo un lugar pequeño. Y me pidió que sea feliz y viva en paz, que me esfuerce cada día en ser mejor y en compartir mi luz conociendo mi sombra, que disfrute, que ría, que valore, y que él SIEMPRE va a estar en mí....que aunque dude y tenga miedo, confíe, ya que esa es la fe: confiar en Él a pesar de mí....
Se llama Jesús.

martes, 7 de abril de 2020

Espiritualidad y salud mental: reflexiones a raíz de la pandemia por el virus SARS-CoV-2

Entrevistamos a Maribel Rodríguez, doctora en Medicina, médico psiquiatra, máster en Psicoterapia y experta en Logoterapia y en Hipnosis. Ha sido profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad San Pablo CEU y de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales de la Universidad Pontificia de Comillas. Actualmente es directora de la Cátedra Edith Stein en el Centro Internacional Teresiano Sanjuanista (CITeS) de Ávila, cuya tarea central es tender puentes entre antropología, psicología y espiritualidad. Ejerce su actividad clínica en su consulta privada en Madrid.
¿Qué definición propone del término espiritualidad?
Las definiciones de lo que es la espiritualidad son muy variadas, quizás haya tantas formas de vivirla como personas. Procuraré resumir las que me parecen más acertadas, con una variedad de opciones en la que cualquier persona pueda encontrar su manera de entender la espiritualidad.
La espiritualidad tiende a considerarse como la dimensión más esencial del ser humano, o a relacionarse con aspectos inmateriales de la existencia, como nuestra capacidad de amar o de tener compasión o de sacar fuerzas de lo más profundo de nosotros mismos. También se asocia con la trascendencia, con la esperanza, con la inspiración, con el propósito y con el sentido de la vida y con el sentido último de todas las cosas. En otros casos se ha relacionado la espiritualidad con la capacidad de conectar armónicamente con lo más profundo de uno mismo, con los demás, con la naturaleza, con Dios o con una realidad superior. O bien se ha entendido como lo que inspira y alimenta el amor, la ética, la creatividad, la consciencia o la percepción de lo sagrado.
Viktor Frankl plantea que la espiritualidad es lo que tenemos de humano y la dimensión esencial en la que acontece nuestra existencia. La espiritualidad puede aportar ciertos recursos internos y puede darnos fuerzas, creatividad, humanidad o sentido a la vida. Algo que puede ser muy importante en las situaciones difíciles que se nos presentan, aportándonos elementos que permitan superarlas o afrontarlas mejor.
¿Cuál es la relación entre espiritualidad y salud mental?
En la mayoría de los estudios que tratan de buscar esa relación, se encuentra una asociación positiva entre cultivar la dimensión espiritual y mejor salud mental (menos ansiedad, menos depresión, menos adicciones, menos riesgo de suicidio, mejor pronóstico de enfermedades mentales, etc.). La espiritualidad también se ha relacionado con un mayor bienestar psicológico. No obstante, hay algún estudio que pone de manifiesto que esa relación puede ser inversa cuando se viven formas de espiritualidad más infantiles o narcisistas. Por lo que habría que discernir, en cada caso, si la espiritualidad lleva a mirar más allá de uno mismo y a amar más a otros (y en este caso hablaríamos de espiritualidad más “saludable”), o bien si la espiritualidad es una forma de regresión narcisista al servicio de los propios egoísmos (y en ese caso, esa manera de vivirla nos perjudicaría y no sería “saludable”).
A la hora de abordar el sufrimiento psíquico en las circunstancias actuales, ¿cómo debe acercarse el clínico a la exploración de la dimensión espiritual del sujeto?
Hay varias formas de acercarse a la espiritualidad del sujeto, con dos líneas fundamentales de abordaje. La primera es preguntando directamente si a una persona en concreto la religiosidad o la espiritualidad le ayuda a sobrellevar mejor su situación de sufrimiento (lo que incluiría preguntar aspectos generales de su visión espiritual y por prácticas espirituales o religiosas que le puedan resultar de ayuda). También es importante preguntar si esa religiosidad o espiritualidad puede generarle algún problema (pensemos en cuando se vive de forma estricta, cuando hay conflictos con una comunidad, etc.).
La segunda línea general de abordar la cuestión es con preguntas más indirectas, como plantearle a la persona qué le está dando fuerzas en estos momentos de dificultad o qué le ha dado fuerzas en otros momentos difíciles de su vida (muchas veces surgen alusiones a la espiritualidad).
En cuanto a los profesionales de la salud, ¿cree que deben cuidar la dimensión espiritual o que, sin saberlo, ya lo están haciendo? ¿Tiene que ver este cuidado con comulgar con una confesión religiosa o es aplicable a cualquier ser humano? 
No considero que el cuidado de la dimensión espiritual se pueda considerar como un “deber”, sino que creo que es una oportunidad de crecer y de encontrar fuerzas adicionales y sentido ante lo que nos toca vivir. Creo que todo ser humano que busca expresar ciertos valores en su vida, como el bien y la verdad, la justicia o el amor, ya está poniendo de manifiesto algo espiritual que le construye como persona y que le ayuda a dar sentido a su vida cotidianamente. El hacernos conscientes de ello nos puede ayudar a cultivarlo con más énfasis y a darnos cuenta de cómo nos llega a construir como personas, de una manera más completa, aportándonos más riqueza, profundidad, más luz y fuerzas para combatir las dificultades que tenemos que atravesar en nuestros días.
Ese cuidado puede hacerse dentro o fuera de una confesión religiosa. Al ser una dimensión constituyente de todo ser humano, se da en todas las personas, tanto si son religiosas como si no. La diferencia es que la religión aporta, entre otras cosas, un método de cultivar la dimensión espiritual y un camino compartido con otros.
¿Cómo se cultiva esa otra escucha de uno mismo y de los demás? Más aun teniendo en cuenta que están en circunstancias muy adversas por lo que respecta a la propia seguridad, desbordados por la virulencia de la infección, viéndose obligados a ser los únicos acompañantes de enfermos moribundos o teniendo que informar a sus familias.
Hay muchas formas de cultivar esta dimensión. Creo que la principal, en estas circunstancias, es aprender a mirar lo mejor y más profundo de nosotros mismos y a potenciarlo, siendo conscientes del bien que podemos albergar y aportar a otros, valorando lo que somos como seres humanos que tienen la oportunidad de traer salud, alivio y compañía humana a otras personas que sufren (pacientes y compañeros de trabajo). Acordarnos de esto y ponerlo en práctica, en nuestro trabajo como profesionales de la salud, me parece que es algo fundamental.
Añado una serie de posibilidades, porque creo que puede ser de ayuda para contemplar diversas opciones:
  • Ser conscientes de qué puede ser esa dimensión espiritual, preguntarnos por ella, explorándola para conocernos mejor a nosotros mismos. Conocernos puede hacer que nos demos cuenta de esa dimensión que todos tenemos en lo profundo y que puede aportarnos luz y fuerzas en la adversidad y ayudarnos a afrontar las dificultades cotidianas que nos toca vivir.
  • Cultivar la conexión con la espiritualidad: con oración, meditación, petición, intención de tener compasión y amor (hacia nosotros mismos y hacia los demás), lecturas espirituales, etc. También puede ayudar el hecho de darnos espacios para el silencio (aunque sea durante segundos), para estar con nosotros mismos y cultivar así nuestra vida interior. Podríamos aprovechar ese silencio interior para mirarnos con empatía y amor, apoyándonos en la perspectiva de que algo que nos sostiene desde dentro o más allá de nosotros puede ser de gran ayuda ante la adversidad. Otra opción puede ser hacer una oración en mitad de la acción pidiendo fuerzas, pidiendo por la salud y el bienestar del paciente que tenemos delante o simplemente transmitiéndole acogida y cariño (algo que es también fundamental hacer con nosotros mismos). También se puede meditar poniendo plena atención al momento presente y a lo que toca hacer en este momento, dejando de lado distracciones y “ruidos” mentales.
  • Tener experiencias comunitarias: tener una red de encuentro y de soporte, dentro de la misma fe, perspectiva espiritual o práctica de meditación, puede ser también de gran ayuda. En nuestro trabajo, también ayuda si compartimos algo de esa práctica con compañeros que tengan una perspectiva similar a la nuestra, o al menos podemos hablar de ello y apoyarnos mutuamente.
  • Buscar el sentido de la vida, como planteaba Viktor Frankl, captando el valor de lo que hacemos y de lo que sucede en cada momento. También se puede buscar el sentido mirando la vida desde una perspectiva global de nuestra existencia o buscando el sentido último de todas las cosas (como, por ejemplo, tratando de percibir un orden implícito que lo sostiene todo).
  • Buscar sentido al sufrimiento: ante el sufrimiento, Viktor Frankl propone poner en marcha los valores de actitud. Por ejemplo, tomar consciencia de que ante lo que estamos pasando puede existir la posibilidad de adoptar una actitud constructiva, viéndola como posibilidad de aprendizaje, entrega, superación personal, cooperación con otros, etc. Para Frankl esa libertad de cultivar la mejor actitud posible se sostiene en la capacidad del espíritu para oponer resistencia a circunstancias adversas.
  • Cultivar la aceptación, dándonos cuenta de que nuestro yo no es el que lo controla todo y de que la realidad que nos rodea es más que nosotros mismos y nuestros deseos. Para las personas religiosas, esto se manifestaría poniendo todo lo que no pueden controlar en manos de Dios y centrando la acción en lo que realmente sea posible controlar. La aceptación es un elemento fundamental para tolerar la incertidumbre y desarrollar humildad y apertura ante la realidad.
  • Cultivar la libertad interior: lo que quiere decir que en nuestro interior hay un espacio íntimo en el que no puede entrar nadie más que nosotros, desde donde podemos mirar lo que ocurre fuera con más libertad y perspectiva, así como encontrarnos con nosotros mismos en lo más íntimo y profundo que tenemos. Tomar consciencia de la libertad interior nos permite ejercerla y tener más capacidad de elección, lo que puede dar más posibilidades de crecer en la adversidad.
  • Tomar consciencia de fuerza del amor y ponerlo en práctica: el amor es fundamental para sobrevivir en situaciones adversas, para unirnos a otros y dar sentido a la relación de ayuda. Ese amor debe incluirnos también a nosotros mismos para ser completo y debe llevarnos a cuidarnos de manera adecuada. A su vez, el amor nos ayuda a mirar más allá de nosotros mismos y aumenta las posibilidades de que podamos ver más allá de nuestro dolor. En la situación que vivimos hay muchas vías de expresar ese amor, desde el cuidado de nuestros pacientes actuando con ellos como nos gustaría ser cuidados nosotros, hasta el cuidado y respeto a las relaciones con nuestros compañeros, familiares, etc., pues a todos nos toca, hoy en día, bregar con una dosis, mayor o menor, de sufrimiento.
  • Cultivar la consciencia de la belleza: la belleza aporta sentido, nos abre el horizonte hacia una percepción más amplia de las situaciones dolorosas, de tal forma que, si prestamos atención a la belleza de las pequeñas cosas cotidianas, es más fácil poder soportar los días adversos y que la negatividad no nos invada. Puede consistir en darnos tiempo para ver imágenes que nos resulten bellas, percibir detalles cotidianos que nos inspiren esa belleza en mitad de las dificultades que nos toquen vivir (a veces, tan sólo mirar por un instante la luz que entra por la ventana, nos puede conectar con la belleza y aliviar nuestro malestar).
El filósofo Wittgenstein acaba el “Tractatus Lógico-Filosófico” con el aforismo: “de lo que no se puede hablar, más vale callar”. ¿Qué le sugiere? ¿Recomendaría una cierta dosis de silencio en las actuales circunstancias?
Sí, necesitamos silencio ante lo que aún no podemos comprender y asimilar. Lo que no quiere decir que una vez comprendido, discernido y sometido a un juicio crítico, no podamos hacer un análisis correcto de la situación y actuar en consecuencia.
Por último, como directora de la Cátedra Edith Stein de Ávila, ¿qué nos diría una mística como ella hoy?
Creo que nos diría fundamentalmente que el sufrimiento tiene sentido, siempre y cuando sepamos mirarlo desde el lugar más profundo de nosotros mismos, con apertura al amor, a la entrega y a la empatía con el sufrimiento de otros. Para ella, el sufrimiento supone una oportunidad de aprender y de estar más unidos a un Dios que sufre con nosotros porque se ha permitido vivir la vulnerabilidad humana en la cruz, por lo que nos acompaña hasta en los dolores más intensos de la vida. Para ella, también es importante la experiencia de vivir con la confianza en que nuestra realidad interna y externa es sostenida por Dios, a pesar de todas las cosas difíciles que nos queden por atravesar.