domingo, 23 de diciembre de 2012

NAVIDAD ES JESUS


Nuestra Diócesis de Quilmes encabezada por nuestro Padre Obispo, Carlos José Tissera ha tenido la feliz idea de dar verdadero testimonio cristiano en esta Navidad.




Hemos salido a "reventar la calle" como se dice vulgarmente, con nuestra alegría cristiana y nuestro mensaje de paz y esperanza, recorriendo la calle peatonal más importante de nuestra Ciudad de Quilmes, Provincia de Buenos Aires, República Argentina.

Nuestro Pastor bendijo permanentemente a los transeúntes que parecían agradecidos y distendidos cuando nos veían representar las escenas del Pesebre y festejar ruidosamente (con una maravillosa murga incluída) el nacimiento de nuestro redentor. 

 





 NAVIDAD SIEMPRE ES JESUS!!!

 ... y Jesús es alegría, esperanza, PAZ y BIEN por sobre todas las cosas.


 En este mundo convulsionado y en esta época en la que parece que todo gira en torno al TENER y no al SER, qué mejor momento para que todos los sacerdotes con los feligreses de nuestras parroquias, saliéramos a FESTEJAR A JESUS en medio de nuestros hermanos agitados, haciendo sus compras navideñas, para recordarles QUIEN es el motivo de nuestros festejos.

¡¡¡FELIZ IDEA, vuelvo a repetir y que TODOS LOS AÑOS DE AHORA EN MAS SE REPITA EN TODO EL MUNDO ESTA BELLA INICIATIVA!!!

¡LES DESEO UNA MUY FELIZ NAVIDAD A TODOS MIS QUERIDOS AMIGOS DEL BLOG!
 

miércoles, 19 de diciembre de 2012

DESPEDIDA DEL AÑO

Ayer, 18 de diciembre de 2012, hemos tenido el último encuentro del año con el grupo de Meditación u Oración Contemplativa, en Catedral de Quilmes.

Hemos compartido un hermoso momento de meditación, música y cosas ricas para celebrar los dos años que caminamos juntos este sendero espiritual.

Estamos muy felices por las transformaciones interiores y sanaciones que está obrando el Señor en todos nosotros gracias a la práctica de la meditación diaria (dos momentos de media hora cada uno: uno por la mañana y otro por la tarde o noche), en la que repetimos una palabra sagrada o jaculatoria (la que vos elijas) que tiene por finalidad acallar nuestra mente y nuestros ruidos interiores para encontrarnos vacíos de nosotros mismos, con Jesucristo el Señor que nos espera en el fondo de nuestro corazón.

Gracias Padre Daniel por tu compañía y tu guía.


 

viernes, 14 de diciembre de 2012

FRAY JUAN DE LA CRUZ

 
Semblanza del “medio fraile” Juan de la Cruz
 
Entre el 24 de junio de 1592 y el 14 de diciembre de 1591, desde las tierras abulenses de Fontíveros a las serranías jienenses de Úbeda, discurre la vida de San Juan de la Cruz. Al poco de nacer murió su padre y la pobreza más extrema -”pobreza de solemnidad”- acompañó su infancia y juventud primera. A los 21 se hizo religioso y a los 25, sacerdote.

Castilla -Fontíveros, Arévalo, Medina del Campo, Salamanca, Valladolid, Duruelo, Mancera, Pastrana, Alcalá de Henares, Segovia, Toledo, Almodóvar del Campo- y Andalucía -Beas de Segura, Baeza, Granada, Sevilla, Úbeda- fueron los escenarios vitales de esta existencia de cruz y de gracia. Formado en los Jesuitas, aprende latín y retórica, disciplinas que serán también importantes para su vida. Asimismo estudia Teología con los carmelitas. Pronto conoce a Teresa de Jesús Cepeda y Ahumada y su vida austera y penitente pronto cambiará, eso sí, bajo la sombra de luz y de gracia de la cruz que no cesa, mientras el fraile se adentraba en el amor de Dios y de sus manos pobres y de su corazón ardiente surgían los más bellos versos.

Ella, Santa Teresa de Jesús, con su gracejo habitual, definió al santo de Fontíveros como “medio fraile”. Aludía a su fisonomía y aspecto exterior, siempre diezmado por la pobreza, las mortificaciones, las persecuciones externas e internas y los contratiempos. En carta al Rey Felipe II, la santa abulense escribía así de fray Juan:”Y este fraile, tan siervo de Dios, está tan flaco de lo mucho que ha padecido que temo por su vida”. Y a unas monjas se lo recomendaba con estas palabras: “Ahí les mando al santo fray Juan de la Cruz. Trátenle con llaneza sus alma en ese convento, como si yo mismo fuera, porque tiene espíritu de nuestro Señor”.

Otro contemporáneo suyo, fray Eliseo de los Mártires, lo describía como “hombre de cuerpo mediano, de rostro grave y venerable, algo moreno y buena fisonomía. Su trato y conversación, apacible, muy espiritual y provechoso para quienes lo oían”. De él escriben también los documentos de la época que era “parco en el comer y en el dormir, castigador constante de su cuerpo en duras y prolongadas disciplinas, víctima de constantes persecuciones que le llegaban al alma, estaba delgado y macilento”.

Su obra literaria y espiritual
 
Considerado como uno de los principales escritores de toda la historia de la literatura -particularmente de la poesía-, es autor de cuatro grandes libros y de otros varios escritos cortos. El primero de ellos en el tiempo es “Subida al Monte Carmelo”. Escrito entre 1587 y 1585, consta, a su vez, de tres libros. Es su obra de carácter ascético. Versa sobre la llamada purificación activa, esto es, lo que debe hacer el alma para vaciarse de todo lo que no es Dios a fin de que Dios la llene de El. En esta obra, el santo expone su conocida doctrina sobre las “nadas”.

“Noche oscura” es su segunda gran obra, compuesta de dos libros. Versa sobre las purificaciones pasivas que el alma debe sufrir paralelamente a las que puede realizar ella misma para llegar a la unión mística con Dios. En este sentido, “Noche oscura” es una obra ya a medio camino entre la ascética y la mística. El mismo San Juan de la Cruz, que consagra este término de Noche oscura, la define como “las terribles pruebas que Dios envía al hombre para purificarlo”. La entera vida de San Juan de Cruz fue un continua noche oscura.

“Cántico espiritual” es la más bella de todas sus obras y una de las cumbres de la lírica de todos los tiempos. Según Marcelino Menéndez Pelayo, “es la mejor poesía lírica que tenemos en castellano”. Se trata, en efecto, de un sublime comentario a cuarenta estrofas poéticas compuestas por el mismo en la cárcel de Toledo, de donde se escapó con la primera redacción de treinta y una de estas estrofas. “Cántico espiritual” es un hermosísimo comentario al libro del Antiguo Testamento “Cantar de los Cantares”. Su tema son las ya relaciones amorosas entre Dios y el alma, desde el comienzo de la vida espiritual hasta la unión transformativa o matrimonio espiritual”. En 1977,Amancio Prada puso música al “Cántico espiritual”, con su voz acompañada únicamente de guitarra, violín y violonchelo. Es una bellísima recreación de uno de los libros poéticos más admirables de toda la historia.

Ya plenamente de carácter místico es “Llama de amor viva”, comentario a cuatro espléndidas estrofas en las que el alma transformada canta la grandeza y la sublimidad del estado al que ha sido elevada por Dios. Por último, San Juan de la Cruz es autor de otros escritos cortos como “Cautelas”, “Avisos a un religioso para alcanzar la perfección” y “Dichos de luz y de amor”.

Las fuentes doctrinales y literarias de San Juan de la Cruz se nutren, sobre todo, de la Sagrada Escritura. Según el gran poeta contemporáneo Dámaso Alonso, uno de los grandes conocedores del santo, el libro bíblico “Cantar de los Cantares”, la poesía culta italianizante del primer Renacimiento y la poesía popular y del cancionero del Renacimiento español constituyen las fuentes en las que bebe y, a su vez, fecunda San Juan de la Cruz, cuyo nombre está incluido en el Catálogo oficial de autoridades de la Real Academia Española de la Lengua.

Junto al ya citado Amancio Prada, los versos de San Juan de la Cruz han sido objeto recientes de otras bien hermosas recreaciones musicales como las levadas a cabo por Sonnia Rivas-Caballero y Belén Yuste, autoras de “Coloquio de amor”, y por Carmelo Bernaola, quien en 1991 compuso la cantata “Mística sobre versos de San Juan de la Cruz”.

Cronología esencial de San Juan de la Cruz
 
 
1542: Juan de Yepes y Alvarez nace el día 24 de junio en Fontíveros (Ávila)
1563: En Medina del Campo (Valladolid), ingresa en la Orden los Padres Carmelitas. Toma el nombre religioso de fray Juan de Santo Matías.
1567: Es ordenado sacerdote.
1568: Se une a la Santa Teresa de Jesús en la reforma del Carmelo. El 28 de noviembre de aquel año funda en Duruelo (Ávila) el primer convento masculino del Carmelo Descalzo. Cambia su nombre religioso por el de fray Juan de la Cruz.
1580-1588: El Carmelo Descalzo es reconocido, primero como provincia externa, y después como Orden religiosa.
1577-1578: Fray Juan de la Cruz es recluido en la prisión conventual de los Carmelitas Calzados de Toledo. Comienza a escribir “Cántico Espiritual”.
1578: Comienza su ministerio en Andalucía.
1590: Es destituido de todos sus cargos.
1591: En la noche del 13 al 14 de diciembre, fallece en el Carmelo Descalzo de Úbeda (Jaén). Tras varias disputas, sus reliquias -cuerpo incorrupto- se trasladan a Segovia.
1657: Es beatificado por el Papa Clemente X.
1726: Es canonizado por el Papa Benedicto XIII.
1926: Es declarado doctor de la Iglesia por el Papa Pío X.
1952: Es proclamado patrono de los poetas españoles y de los escritores católicos.

14 de diciembre: Memoria de San Juan de la Cruz, una dolorosa y luminosa vida de Cruz y de Gracia.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Beata Teresa de Calcuta (1910-1997). "Camino de sencillez".(Cap. 7).



“Escuchad lo que os digo"

Ante todo hay que dedicar tiempo a la contemplación y al silencio, sobre todo si vivimos en las grandes ciudades como Londres y Nueva York, donde todo es agitación. Por esto he decidido abrir nuestra primera casa de hermanas contemplativas, cuya vocación es orar durante la mayor parte del día, en Nueva York y no en el Himalaya, porque sentía que en las grandes urbes hay más necesidad de silencio y de contemplación.

Yo comienzo la oración siempre por el silencio. Pues es en el silencio del corazón donde habla Dios. Dios es amigo del silencio y debemos escucharle porque lo que cuenta no son nuestras palabras sino lo que él dice, y lo que dice a través de nosotros. La oración nutre el alma: lo que la sangre es para el cuerpo, es la oración para el alma. Nos acerca a Dios, purifica y limpia nuestro corazón. Una vez purificado el corazón podemos ver a Dios, hablarle y descubrir su amor en la persona de cada uno de nuestros hermanos humanos. Si vuestro corazón está puro, vosotros seréis transparentes en la presencia de Dios, no disimularéis nada, y entonces le ofreceréis libremente lo que él espera de vosotros.

domingo, 18 de noviembre de 2012

ESTAR CONSIGO MISMO

Nicolás Caballero, cmf
 

 












 Una forma de espacio, aunque elemental, puede ser la llamada relajación, hoy tan trivializada. Asumida desde la fe, es descanso, y un relativo espacio abierto al amor de Dios; un espacio en la propia corporalidad. Un espacio como sagrado:
- preservado:
de influencias negativas exteriores; de miradas que pueden robar­nos el mérito (Mt 6, 6).
- reservado:
para estar consigo mismo (vivir consigo); y para estar con Dios: so­los con El Solo.
¡No es fácil difícil estar consigo mismo! Ni siquiera sabemos quiénes somos, per­didos, como estamos, entre tantos fragmentos de nosotros mismos. Ninguno de esos fragmentos nos dice quiénes somos, ni nos refiere con verdad. Son fragmen­tos que determinan nuestra personalidad pero no refieren nuestra hondura real. Dios busca entre esos 'escombros', la persona que salió de sus manos: original, si­lenciosa, sencilla. Esos fragmentos, de los que solemos vivir, a los que nos afe­rramos, no pueden fundamentar nuestra verdad ni la experiencia humana y reli­giosa de nosotros ni tampoco la de Dios.
Estar consigo mismo
tiene que ser una experiencia de sencillez, de naturalidad, donde la mirada útil para la contemplación, comienza a ser posible cuando deja­mos de estar dependiendo de nuestros fragmentos prehistóricos y abrimos la ven­tana al cielo abierto, a antes de los tiempos.
Estar consigo
será -cuando ocurra- una experiencia sencilla de desestructura­ción y de desinstalación. Podremos sentirnos como algo invertebrado, precisa­mente cuando nos dejamos en Dios, con la paradójica pretensión de no pretender nada: estar sin eficacia - dice Juan de la Cruz. ¡En Dios!, siendo conscientes de es­tar en lo que siempre hemos estado sin vivirlo de verdad (Hch 17,28). Ajenos a tan sublime realidad, hemos cambiado el estar en él y el tener una oscura experiencia de su presencia, en fe, por esa forma, aparentemente más realista e imaginativa de pensar en Él, de segregar palabras de forma imparab1e. Podríamos fundar una cá­tedra con palabras, pero sólo nos realiza la sencilla postura sentados a los pies de Dios: sin eficacia, sin la pretensión de querer aferrarlo con nuestras manos. ¡Es li­bre como el aire; se escaparía! ¿Tendremos que volver a ser evangelizados los que creemos saber tantas cosas de Dios? Todo esto requiere catequesis y, sobre todo, humildad. No es fácil aprender el modo de ver de los sencillos ... Nos hemos vuel­to complicados ... ¡Difícil ser uno mismo! La oración es el camino ... y el no sa­ber ...

viernes, 9 de noviembre de 2012

TEMORES


Temía estar solo, hasta que aprendí a quererme a mí mismo.

Temía fracasar, hasta que me di cuenta que únicamente fracaso cuando no lo intento.

Temía lo que la gente opinara de mí, hasta que me di cuenta que de todos modos opinan.

Temía me rechazaran, hasta que entendí que debía tener fe en mi mismo.

Temía al dolor, hasta que aprendí que éste es necesario para crecer.

Temía a la verdad, hasta que descubrí la fealdad de las mentiras.

Temía a la muerte, hasta que aprendí que no es el final, sino más bien el comienzo.

Temía al odio, hasta que me di cuenta que no es otra cosa más que ignorancia.

Temía al ridículo, hasta que aprendí a reírme de mí mismo.

Temía hacerme viejo, hasta que comprendí que ganaba sabiduría día a día

Temía al pasado, hasta que comprendí que es sólo mi proyección mental y ya no puede herirme más.

Temía a la oscuridad, hasta que vi la belleza de la luz de una estrella.

Temía al cambio, hasta que vi que aún la mariposa más hermosa necesitaba pasar por una metamorfosis antes de volar.

Hagamos que nuestras vidas cada día tengan mas vida y si nos sentimos desfallecer no olvidemos que al final siempre hay algo más.
 
Hay que vivir ligero porque el tiempo de morir está fijado.
 
 
Ernest Hemingway 

martes, 6 de noviembre de 2012

La oración

Fuente: Duc in Altum - Juan Pablo II

32. Para esta pedagogía de la santidad es necesario un cristianismo que se distinga ante todo en el arte de la oración. El Año jubilar ha sido un año de oración personal y comunitaria más intensa. Pero sabemos bien que rezar tampoco es algo que pueda darse por supuesto. Es preciso aprender a orar, como aprendiendo de nuevo este arte de los labios mismos del divino Maestro, como los primeros discípulos: « Señor, enséñanos a orar » (Lc 11,1). En la plegaria se desarrolla ese diálogo con Cristo que nos convierte en sus íntimos: « Permaneced en mí, como yo en vosotros » (Jn 15,4). Esta reciprocidad es el fundamento mismo, el alma de la vida cristiana y una condición para toda vida pastoral auténtica. Realizada en nosotros por el Espíritu Santo, nos abre, por Cristo y en Cristo, a la contemplación del rostro del Padre. Aprender esta lógica trinitaria de la oración cristiana, viviéndola plenamente ante todo en la liturgia, cumbre y fuente de la vida eclesial,17 pero también de la experiencia personal, es el secreto de un cristianismo realmente vital, que no tiene motivos para temer el futuro, porque vuelve continuamente a las fuentes y se regenera en ellas.
 
¿No es acaso un « signo de los tiempos » el que hoy, a pesar de los vastos procesos de secularización, se detecte una difusa exigencia de espiritualidad, que en gran parte se manifiesta precisamente en una renovada necesidad de orar? También las otras religiones, ya presentes extensamente en los territorios de antigua cristianización, ofrecen sus propias respuestas a esta necesidad, y lo hacen a veces de manera atractiva. Nosotros, que tenemos la gracia de creer en Cristo, revelador del Padre y Salvador del mundo, debemos enseñar a qué grado de interiorización nos puede llevar la relación con él.
 
La gran tradición mística de la Iglesia, tanto en Oriente como en Occidente, puede enseñar mucho a este respecto. Muestra cómo la oración puede avanzar, como verdadero y propio diálogo de amor, hasta hacer que la persona humana sea poseída totalmente por el divino Amado, sensible al impulso del Espíritu y abandonada filialmente en el corazón del Padre. Entonces se realiza la experiencia viva de la promesa de Cristo: « El que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él » (Jn 14,21). Se trata de un camino sostenido enteramente por la gracia, el cual, sin embargo, requiere un intenso compromiso espiritual que encuentra también dolorosas purificaciones (la « noche oscura »), pero que llega, de tantas formas posibles, al indecible gozo vivido por los místicos como « unión esponsal ». ¿Cómo no recordar aquí, entre tantos testimonios espléndidos, la doctrina de san Juan de la Cruz y de santa Teresa de Jesús?
 
Sí, queridos hermanos y hermanas, nuestras comunidades cristianas tienen que llegar a ser auténticas « escuelas de oración », donde el encuentro con Cristo no se exprese solamente en petición de ayuda, sino también en acción de gracias, alabanza, adoración, contemplación, escucha y viveza de afecto hasta el « arrebato del corazón. Una oración intensa, pues, que sin embargo no aparta del compromiso en la historia: abriendo el corazón al amor de Dios, lo abre también al amor de los hermanos, y nos hace capaces de construir la historia según el designio de Dios.18