lunes, 20 de enero de 2014
martes, 14 de enero de 2014
¿QUE ESTA CONSUMIENDO TU ALEGRIA?
¿Estás list@ para rendirte?
En la primera lectura de hoy, continuamos con la historia de la pobre Ana. Su alegría había sido consumida por años de aridez. Ahora lo somete todo a Dios, aún aquello que más anhela - un hijo - prometiéndole retornárselo a Dios si le ayuda a concebir. En esa entrega total, sus oraciones son finalmente escuchadas.
Qué triste que se haya permitido estar en esa confusión por tantos años, sintiéndose inferior por su esterilidad, en lugar de elegir confiar en Dios.
¿Le dio Dios al hijo porque se desesperó tanto que entró en una negociación con Él en el templo? ¿Le hizo esperar hasta que abandonó todo en Sus manos? Por supuesto que no. Él no quería que se sintiera desesperada ni que llegara al punto de la agonía que vemos en esta historia. El hijo que le dio había sido parte de Su plan aún antes que Ana misma hubiera nacido: El hijo que Él le dio era Samuel, quien sería uno de los sacerdotes más grande y santo de Israel, quien ungiría al primer rey (Saúl) y luego buscaría y ungiría a David para reemplazar a Saúl, cuando este último se tornara perjudicial para Israel.
En el pasaje del Evangelio de hoy, Jesús saca un espíritu dañino de un hombre. ¿Qué espíritus dañinos te están afectando? ¿Qué está consumiendo tu alegría? ¿Quién está haciéndote sentir inferior? ¿En qué estás confiando que es peligroso para tu fe en Dios? ¿Qué está deteniéndote para que te rindas totalmente a Sus planes y encuentres tu alegría en Él?
Aún la religiosidad puede ser perjudicial. Eso podría sonar irreverente, pero - ¿realizamos ritos y acciones religiosas porque esperamos que esto soborne a Dios para que conteste nuestras oraciones? ¿O, tal vez, porque esto nos hace parecer buenos ante los demás? Al contrario, deberíamos estar tan enamorados de Dios que los ritos y las buenas acciones fueran expresiones de nuestra devoción, y nuestra propia estima no viniera de lo que otros opinaran sino del tremendo amor de Dios por nosotros.
¿Tienes entusiasmo o haces lo mínimo? ¿Saltas ansiosamente ante nuevas oportunidades de crecer espiritualmente o, simplemente, descansas en lo que ya estás haciendo? Lleva mucho trabajo y determinación madurar espiritualmente lo suficiente para someter todo a Dios.
¿Estás esperando que Dios te diga lo que tienes que hacer, o tal vez, darte lo que estás esperando, simplemente porque has negociado con Él? Por el contrario, deberíamos estar moviéndonos hacia adelante, tomando iniciativas y caminando hacia el siguiente escalón hacia la concreción de nuestros sueños y deseos santos, confiando en que Dios guiará nuestros pies y nos preservará de alejarnos por otros caminos.
Dios no espera que nos desesperemos o que negociemos con Él. Hay un plan en marcha. Él ya está haciendo lo que debe hacerse. Cuando estamos tristes, es tiempo de someter a Él todo lo que hemos pedido en oración como si verdaderamente confiáramos en que Él hará lo que sea mejor. Pero, ten cuidado: esto también podría ser una herramienta de negociación que estamos usando para estar en control, o completa confianza en Su control divino.
¿Estás listo para rendirte?
Reflexiones de las Buenas Nuevas
¿Estás listo para rendirte?
Reflexiones de las Buenas Nuevas
Martes de la Primera Semana del Tiempo Ordinario
Enero 14, 2014
viernes, 10 de enero de 2014
EL BAUTISMO
El próximo Domingo estaremos celebrando el Bautismo de Nuestro Señor. Les comparto la bella catequesis del Santo Padre Francisco que impartiera recién comenzado este año.
1. El Bautismo es el sacramento sobre el que se sustenta nuestra
propia fe y que nos injerta como miembros vivos en Cristo y en su
Iglesia. Junto a la Eucaristía y la Confirmación forma la llamada
"Iniciación Cristiana", la cual constituye como un único gran
acontecimiento sacramental que nos configura al Señor y nos convierte en
un signo vivo de su presencia y de su amor.
Pero puede nacer en nosotros una pregunta: ¿es realmente necesario el Bautismo para vivir como cristianos y seguir a Jesús? ¿No se trata en el fondo de un simple rito, un acto formal de la Iglesia para dar el nombre al niño o a la niña? Es una pregunta que puede surgir, ¿no? En este sentido, es esclarecedor lo que escribe el apóstol Pablo: "¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? A través del bautismo, pues, fuimos sepultados con él en la muerte, para que al igual que Cristo resucitó de los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros podamos caminar en una vida nueva". ¡Así que no es una formalidad! Es un acto que afecta profundamente nuestra existencia. No es lo mismo, un niño bautizado o un niño no bautizado. ¡No es lo mismo! No es lo mismo una persona bautizada o una persona no bautizada. Nosotros con el bautismo somos sumergidos en la fuente inagotable de la vida que es la muerte de Jesús, el más grande acto de amor de toda la historia; y gracias a este amor podemos vivir una nueva vida, ya no a merced del mal, el pecado y la muerte, sino en comunión con Dios y con los hermanos.
Texto de la catequesis del Papa
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy comenzamos una serie de catequesis sobre los Sacramentos, y la
primera es respecto al Bautismo. Por una feliz coincidencia, el próximo
domingo precisamente la fiesta del Bautismo del Señor.
Pero puede nacer en nosotros una pregunta: ¿es realmente necesario el Bautismo para vivir como cristianos y seguir a Jesús? ¿No se trata en el fondo de un simple rito, un acto formal de la Iglesia para dar el nombre al niño o a la niña? Es una pregunta que puede surgir, ¿no? En este sentido, es esclarecedor lo que escribe el apóstol Pablo: "¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? A través del bautismo, pues, fuimos sepultados con él en la muerte, para que al igual que Cristo resucitó de los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros podamos caminar en una vida nueva". ¡Así que no es una formalidad! Es un acto que afecta profundamente nuestra existencia. No es lo mismo, un niño bautizado o un niño no bautizado. ¡No es lo mismo! No es lo mismo una persona bautizada o una persona no bautizada. Nosotros con el bautismo somos sumergidos en la fuente inagotable de la vida que es la muerte de Jesús, el más grande acto de amor de toda la historia; y gracias a este amor podemos vivir una nueva vida, ya no a merced del mal, el pecado y la muerte, sino en comunión con Dios y con los hermanos.
2. Muchos de nosotros no tienen el más mínimo recuerdo de la
celebración de este Sacramento, y es obvio, si fuimos bautizados poco
después del nacimiento. Pero yo hice esta pregunta dos o tres veces,
aquí en la plaza: quién de ustedes conoce la fecha de su Bautismo,
levante la mano. ¿Quién la sabe? Pocos. Pero es importante, es
importante conocer cuál fue el día en el que yo fui sumergido, puesto
justamente en aquella corriente de salvación de Jesús. Y me permito
darles un consejo. Pero, más que un consejo, una tarea para hoy. Hoy, en
casa, busquen, pregunten la fecha del Bautismo y así sabrán cuál fue el
día tan bello del Bautismo. ¿Lo harán? No noto entusiasmo, ¿Lo harán?
¡sí! Porque es conocer una fecha feliz, aquella de nuestro Bautismo.
El riesgo de no saberlo es perder la conciencia de lo que el Señor
hizo en nosotros, del don que recibimos. Entonces llegamos a
considerarlo sólo como un acontecimiento que ocurrió en el pasado - y ni
siquiera por nuestra propia voluntad, sino por la de nuestros padres –
por lo que ya no tiene ninguna incidencia sobre el presente. Debemos
despertar la memoria de nuestro Bautismo: despertar la memoria del
Bautismo. Estamos llamados a vivir nuestro Bautismo todos los días, como
una realidad actual en nuestra existencia. Si conseguimos seguir a
Jesús y a permanecer en la Iglesia, a pesar de nuestras limitaciones,
nuestras fragilidades y nuestros pecados es precisamente por el
Sacramento en el que nos convertimos en nuevas criaturas y fuimos
revestidos de Cristo.
Es en virtud del Bautismo, en efecto, que, liberados del pecado original, estamos injertados en la relación de Jesús con Dios Padre; que somos portadores de una esperanza nueva, porque el Bautismo nos da esta esperanza nueva. La esperanza de ir por el camino de la salvación, toda la vida. Y a esta esperanza nada y nadie la puede apagar, porque la esperanza no defrauda. Acuérdense. Esto es verdad. La esperanza del Señor no defrauda nunca.
Gracias al Bautismo somos capaces de perdonar y de amar también a quien nos ofende y nos hace mal; logramos reconocer en los últimos y en los pobres el rostro del Señor que nos visita y se hace cercano. Y esto, el Bautismo, nos ayuda a reconocer en el rostro de las personas necesitadas, en los que sufren, también de nuestro prójimo, el rostro de Jesús. Es gracias a esta fuerza del Bautismo.
3. Un último elemento importante: Les hago una pregunta. ¿Una persona puede bautizarse a sí misma? ¡No oigo! ¿Están seguros? No se puede bautizar. ¡Nadie puede bautizarse a sí mismo! ¡Ninguno! Podemos pedirlo, desearlo, pero siempre necesitamos a alguien que nos confiera este Sacramento en el nombre del Señor. El Bautismo es un don que se otorga en un contexto de interés e intercambio fraterno. Siempre, en la historia, uno bautiza al otro y el otro al otro. Es una cadena. Una cadena de gracia. Pero yo no me puedo bautizar a mí mismo. Se lo tengo que pedir a otro. Es un acto de fraternidad. Un acto de filiación a la Iglesia. En su celebración podemos reconocer los rasgos más genuinos de la Iglesia, que como una madre sigue generando nuevos hijos en Cristo, en la fecundidad del Espíritu Santo.
Entonces pidamos de corazón al Señor para que podamos experimentar
cada vez más, en la vida cotidiana, la gracia que recibimos en el
Bautismo. Que encontrándonos, nuestros hermanos puedan encontrar a
verdaderos hijos de Dios, a verdaderos hermanos y hermanas de
Jesucristo, a verdaderos miembros de la Iglesia.
Es en virtud del Bautismo, en efecto, que, liberados del pecado original, estamos injertados en la relación de Jesús con Dios Padre; que somos portadores de una esperanza nueva, porque el Bautismo nos da esta esperanza nueva. La esperanza de ir por el camino de la salvación, toda la vida. Y a esta esperanza nada y nadie la puede apagar, porque la esperanza no defrauda. Acuérdense. Esto es verdad. La esperanza del Señor no defrauda nunca.
Gracias al Bautismo somos capaces de perdonar y de amar también a quien nos ofende y nos hace mal; logramos reconocer en los últimos y en los pobres el rostro del Señor que nos visita y se hace cercano. Y esto, el Bautismo, nos ayuda a reconocer en el rostro de las personas necesitadas, en los que sufren, también de nuestro prójimo, el rostro de Jesús. Es gracias a esta fuerza del Bautismo.
3. Un último elemento importante: Les hago una pregunta. ¿Una persona puede bautizarse a sí misma? ¡No oigo! ¿Están seguros? No se puede bautizar. ¡Nadie puede bautizarse a sí mismo! ¡Ninguno! Podemos pedirlo, desearlo, pero siempre necesitamos a alguien que nos confiera este Sacramento en el nombre del Señor. El Bautismo es un don que se otorga en un contexto de interés e intercambio fraterno. Siempre, en la historia, uno bautiza al otro y el otro al otro. Es una cadena. Una cadena de gracia. Pero yo no me puedo bautizar a mí mismo. Se lo tengo que pedir a otro. Es un acto de fraternidad. Un acto de filiación a la Iglesia. En su celebración podemos reconocer los rasgos más genuinos de la Iglesia, que como una madre sigue generando nuevos hijos en Cristo, en la fecundidad del Espíritu Santo.
¡Y no se olviden de la tarea de hoy! ¿Cuál era? Buscar, preguntar la
fecha de mi Bautismo. Como sé la fecha de mi nacimiento, también tengo
que conocer la fecha de mi Bautismo, porque es un día de fiesta.
Gracias.+
Nota: Yo, Susana Beatriz Topasso, he sido bautizada un día 7.04 (fecha en que los historiadores fijan el real nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo), en la Parroquia de San Juan Bautista, Buenos Aires. Alabado sea el Señor.
Nota: Yo, Susana Beatriz Topasso, he sido bautizada un día 7.04 (fecha en que los historiadores fijan el real nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo), en la Parroquia de San Juan Bautista, Buenos Aires. Alabado sea el Señor.
domingo, 5 de enero de 2014
LA EPIFANIA DEL SEÑOR
Queridos amigos, les comparto un bello escrito que tomé del blog de una amiga:
En mi caso el montaje lo he realizado diferente.
¡¡¡FELIZ DIA DE REYES PARA TODOS!!!
Escrito por Clemente Sobrado
No siempre un mismo camino es el de
ida y de regreso. Puede que cuando crees haber llegado al final de tu
camino, a Dios se le ocurra que regreses por otro nuevo. Es que en la
vida hay muchos caminos. Los tuyos y los de Dios. Los de búsqueda y los de regreso luego del encuentro. Este fue el camino de estos Tres personajes venidos de no sabemos dónde. Sabemos qué buscaban, pero no
sabemos su punto de partida. Porque la búsqueda puede partir de
cualquier lugar. ¿Eran del Oriente? Yo prefiero decir: “eran del mundo”.
Es que en la vida hay muchos
caminos. Los tuyos y los de Dios. Los de búsqueda y los de regreso luego
del encuentro. Este fue el camino de estos tres personajes venidos de
no sabemos dónde, de conservar caminos.
Estos tres personajes han sentido la
necesidad de “buscar”. Buscar al que otros también esperaban, pero que
se olvidaron de buscar. Era la búsqueda del corazón. Y era la búsqueda a
través de los signos. Todo parece que fue muy fácil, sólo cuando ya
estaban a punto de llegar, el camino se pierde porque se pierde la
señal.
Es que las crisis de la fe pueden
darse en cualquier momento y en cualquier recodo del camino.
Y a veces
son crisis al comienzo del camino. Otras, al final, cuando uno ya está
como para tocarlo con la mano. Como en todo camino, hay momentos de
alegría y felicidad.
Y hay momentos de duda, de tristeza, de angustia. Y
no es que uno no quiera creer. Sencillamente son situaciones en que las
señales que marcan la dirección se pierden. Se oscurecen.
“Tarde o temprano llegará un ángel y
tu jornada habrá llegado a su término”. En su oscuridad no se arredran,
ni vuelve sobre sus huellas.
Es el momento de las preguntas.
Es el momento en el que, incluso quien se niega a buscar, puede convertirse en señal que vuelve a señalar la ruta.
Porque hasta los malos pueden luz.
Porque hasta los que viven desinteresados pueden ser faros de orientación.
Eso fue lo que hicieron los Magos.
Entrar en Jerusalén.
Y preguntar a quién menos interés tenía por el nuevo rey de los judíos, a Herodes.
Y de nuevo aparece la estrella.
De
nuevo se ilumina el camino. Y de nuevo siguen alegres, peregrinos de
Dios, hasta que llegan a la cuna del Niño.
Los caminos de búsqueda de
Dios pueden tener paisajes maravillosos. Pueden estar llenos de flores
en los campos. Y pueden ser escarpados. Con un cielo que se oscurece.
Con un Dios que pareciera se ha escondido. La fe tiene momentos de
luminosidad, y momentos de oscuridad. Y a Dios también se le encuentra
en la oscuridad de la noche.
Cuando ya habían aprendido el camino, ahora Dios los manda regresar por otro nuevo y desconocido.
El camino de la búsqueda ya no sirve para el regreso.
Ya no es el camino que va al encuentro.
Es el camino de haber encontrado.
Nadie que haya conocido a Dios, puede seguir por el mismo camino de antes.
Nadie que se haya encontrado
realmente con Dios puede andar los mismos caminos del pasado. Porque
ahora es el mismo Dios quien se hace tu camino.
Un camino que ya no depende de una estrella, de una señal.
Es el camino de quien ha llegado y ha dejado que Dios se haga luz en su corazón.
Es el camino no del que busca, sino el camino que se convierte en vida, en una nueva visión, en una nueva realidad vital.
No se puede encontrar a Dios y seguir igual.
Cuando uno se ha contagiado de Dios, la vida ya no es la misma.
Cuando uno ha visto a Dios, aunque sea en la pobreza de un pesebre, los ojos ya no ven lo mismo.
Cuando uno ha escuchado a Dios, la vida tiene otra música.
Cuando uno ha sentido a Dios en su corazón, la vida se llena de caminos y todos son caminos de Dios.
Algunas preguntas que pueden ayudar para un momento de oración:
- ¿Estás en el camino de ida o de regreso?
- ¿Estás en el camino de búsqueda o del encuentro?
- ¿Estás en tus viejos caminos o andas ya por los nuevos caminos donde Dios mismo se hace tu camino?
- ¿Tratas de andar los caminos por donde andan todos, o andas por ese nuevo camino donde escuchas la voz de Dios en tu alma?
martes, 31 de diciembre de 2013
2013 EL AÑO QUE NOS REGALO A FRANCISCO
Queridos amigos:
Si bien discrepo con Leonardo Boff en algunos aspectos de su teología, me parecería injusto no publicar este interesante escrito. Sin embargo, es dable puntualizar que nuestro Papa no deja de ponderar nuestra riquísima tradición ni las enseñanzas de la Iglesia como resultado de la reflexión de tantos grandes místicos intelectuales que nos ha regalado. En este bendito año 2013 que ya se está yendo (en Buenos Aires, el reloj marca las 13:41 hs) agradezco personalmente al Señor el haber designado a este PASTOR, como Obispo de Roma y Jefe de nuestra Iglesia Católica, así con mayúsculas. Este Papa me ha ayudado a discernir y a tomar decisiones importantísimas para mi vida espiritual, se lo he dicho en una carta. A él y a sus antecesores del siglo XX les estaré eternamente agradecida por haberme enseñado tanto.
Me alegro que figuras que han estado tan peleados con la Iglesia institución, vean en Francisco alguien que los acoge con la ternura de Cristo.
Me alegro que figuras que han estado tan peleados con la Iglesia institución, vean en Francisco alguien que los acoge con la ternura de Cristo.
¡FELIZ 2014 EN CRISTO Y MARIA PARA TODOS!
Aquí va el artículo de Boff:
En medio del malestar mundial hay lugar para la alegría
2013-12-31
En medio del innegable malestar mundial irrumpió sorprendentemente
este año una figura que nos devolvió esperanza, alegría y gusto por la
belleza: el Papa Francisco. Su primer texto oficial lleva como título
Exhortación Apostólica Alegría del Evangelio. Un texto entreverado de
alegría, de las categorías del encuentro, de la proximidad, de la
misericordia, del lugar central de los pobres, de la belleza, de la
“revolución de la ternura” y de la “mística del vivir juntos”.
Tal mensaje es un contrapunto a la decepción y al fracaso ante las promesas del proyecto de la modernidad de traer bienestar y felicidad para todos. En realidad está poniendo en peligro el futuro de la especie por el asalto avasallador que sigue haciendo sobre los bienes y servicios escasos de la Madre Tierra. Bien dice el Papa Francisco: «la sociedad tecnológica ha logrado multiplicar las posibilidades de placer pero encuentra muy difícil engendrar la alegría» (Exhortación, nº7). El placer es cosa de los sentidos. La alegría es cosa del corazón. Y nuestro modo de ser es sin corazón.
Tal mensaje es un contrapunto a la decepción y al fracaso ante las promesas del proyecto de la modernidad de traer bienestar y felicidad para todos. En realidad está poniendo en peligro el futuro de la especie por el asalto avasallador que sigue haciendo sobre los bienes y servicios escasos de la Madre Tierra. Bien dice el Papa Francisco: «la sociedad tecnológica ha logrado multiplicar las posibilidades de placer pero encuentra muy difícil engendrar la alegría» (Exhortación, nº7). El placer es cosa de los sentidos. La alegría es cosa del corazón. Y nuestro modo de ser es sin corazón.
No es una alegría de bobos alegres que lo son sin saber por qué. Brota
de un encuentro con una Persona concreta que le suscitó entusiasmo, lo
elevó y simplemente lo fascinó. Fue la figura de Jesús de Nazaret. No se
trata de aquel Cristo cubierto de títulos de pompa y gloria que la
teología posterior le confirió. Es el Jesús del pueblo sencillo y pobre,
de las carreteras polvorientas de Palestina que traía palabras de
frescor y de fascinación. El Papa Francisco da testimonio del encuentro
con esa Persona. Fue tan arrebatador que cambió su vida y le creó una
fuente inagotable de alegría y de belleza. Para él evangelizar es
rehacer esta experiencia, y la misión de la Iglesia es recuperar el
frescor y la fascinación por la figura de Jesús. Evita la expresión ya
oficial de “nueva evangelización”. Prefiere “conversión pastoral” hecha
de alegría, belleza, fascinación, proximidad, encuentro, ternura, amor y
misericordia.
Qué diferencia con sus predecesores de siglos anteriores que presentaban un cristianismo como doctrina, dogma y norma moral. Se exigía adhesión inquebrantable y sin el menor asomo de duda, pues gozaba de las características de la infalibilidad.
El Papa Francisco entiende el cristianismo en otra clave. No como una doctrina, sino como un encuentro personal con una Persona, con su causa, con su lucha, con su capacidad para afrontar las dificultades sin huir de ellas. Agradan sobremanera las palabras contenidas en la Epístola a los Hebreos donde se dice que Jesús “pasó por las mismas pruebas que nosotros… que experimentó todas las flaquezas… que entre gritos y lágrimas suplicó a aquel que podía salvarlo de la muerte y que no fue atendido en su angustia”, según los estudios de dos grandes sabios de las Escrituras, A. Harnack y R. Bultmann, que dan esta versión en lugar de la que está en la Epístola: “y fue escuchado en atención a su piedad” (eusebeia en griego puede significar, además de piedad, también angustia) “y aprendió a obedecer mediante el sufrimiento”(Hebreos 4,15; 5,2.7-8).
Qué diferencia con sus predecesores de siglos anteriores que presentaban un cristianismo como doctrina, dogma y norma moral. Se exigía adhesión inquebrantable y sin el menor asomo de duda, pues gozaba de las características de la infalibilidad.
El Papa Francisco entiende el cristianismo en otra clave. No como una doctrina, sino como un encuentro personal con una Persona, con su causa, con su lucha, con su capacidad para afrontar las dificultades sin huir de ellas. Agradan sobremanera las palabras contenidas en la Epístola a los Hebreos donde se dice que Jesús “pasó por las mismas pruebas que nosotros… que experimentó todas las flaquezas… que entre gritos y lágrimas suplicó a aquel que podía salvarlo de la muerte y que no fue atendido en su angustia”, según los estudios de dos grandes sabios de las Escrituras, A. Harnack y R. Bultmann, que dan esta versión en lugar de la que está en la Epístola: “y fue escuchado en atención a su piedad” (eusebeia en griego puede significar, además de piedad, también angustia) “y aprendió a obedecer mediante el sufrimiento”(Hebreos 4,15; 5,2.7-8).
En la evangelización tradicional todo pasaba por la inteligencia intelectual (intellectus fidei),
expresada por el credo y por el catecismo. En la Exhortación, el Papa
Francisco llega a decir que «hemos aprisionado a Cristo en esquemas
aburridos… privando así al cristianismo de su creatividad» (nº 11). En
su versión, la evangelización pasa por la inteligencia cordial (intellectus cordis)
porque ahí tiene su sede el amor, la misericordia, la ternura y el
frescor de la Persona de Jesús. Ella se expresa por la proximidad, por
el encuentro, por el diálogo y por el amor. Es un
cristianismo-casa-abierta para todos, «sin fiscales de doctrina», no una
fortaleza cerrada que intimida.
Ese es, pues, el cristianismo que necesitamos, capaz de producir
alegría, pues todo lo que nace verdaderamente de un encuentro profundo y
verdadero genera una alegría que nadie puede quitar. Es como la alegría
de los sudafricanos en el entierro de Mandela: nacía del fondo de
corazón y movía todo el cuerpo.
En nuestra cultura mediática e internética nos falta ese espacio de
encuentro, de ojos en los ojos, cara a cara, piel a piel. Para eso
tenemos que realizar “salidas”, palabra que repite siempre el Papa.
“Salida” de nosotros mismos hacia el otro, “salida” a las periferias
existenciales (las soledades y los abandonos) “salida” hacia el universo
de los pobres. Esa “salida” es un verdadero “Éxodo” que trajo alegría a
los hebreos libres del yugo del faraón.
Nada mejor que recordar el testimonio de F. Dostoievski al “salir” de la
Casa de los Muertos en Siberia: «A veces Dios me envía instantes de
paz; en esos instantes, amo y siento que soy amado; en uno de esos
momentos compuse para mí mismo un credo, donde todo es claro y sagrado.
Ese credo es muy sencillo. Es éste: creo que no existe nada más bello,
más profundo, más simpático, más humano, más perfecto que Cristo; y me
lo digo a mi mismo con un amor celoso, que no existe ni puede existir. Y
más que eso: si alguien me probara que Cristo no está en la verdad y
que ésta no se encuentra en él, prefiero quedarme con Cristo a quedarme
con la verdad».
El Papa Francisco haría suyas estas palabras de Dostoievski. No es una
verdad abstracta que llena la vida, sino el encuentro vivo con una
Persona, con Jesús, el Nazareno. A partir de él la verdad se hace
verdad. Si el 2014 nos trae un poco de ese encuentro (llámenlo Cristo,
lo Profundo, el Misterio en nosotros, lo Sagrado de todo ser), entonces
habremos cavado una fuente de donde brota una alegría que es
infinitamente mejor que cualquier placer inducido por el consumo.
miércoles, 25 de diciembre de 2013
UNA HISTORIA NAVIDEÑA -
¡FELIZ NAVIDAD MIS AMIGOS!
Les
quiero compartir un escrito que me enviara mi amiga Ana Márquez (seguidora de este blog), desde España, a modo de hermoso saludo navideño.
"Parece leyenda, pero es Historia. En la nochebuena de 1944, en plena II
Guerra Mundial, tres soldados americanos, uno de ellos herido, perdieron
el contacto con su unidad en la batalla de las Árdenas, y quedaron
aislados en el bosque de Hurtgen, en la frontera germanobelga. No
conocían la zona, no sabían hacia dónde se dirigían, estaba nevando y
una espesa niebla apenas les dejaba ver un palmo más allá de las puntas
de sus botas. El frío era un lobo predador. Después de pasar varias
horas deambulando por el lugar, divisaron una cabaña perdida en la nada
blanca que les rodeaba, pero de cuya chimenea brotaba una pacífica
columna de humo que en esas circunstancias no podía resultarles nada
menos que acogedor. Los soldados sabían que tenían pocas opciones. Si
pasaban la noche a la intemperie no llegarían vivos al amanecer. Si
llamaban a la puerta de aquella casa, podrían ser capturados por los
alemanes... O no. La idea de calentarse junto a una chimenea durante al
menos unos minutos les pareció lo suficientemente atractiva como para
correr el riesgo.
En la casa vivía una mujer alemana, Elisabeth Vincken, con su hijo
de doce años, Fritz. El esposo de Elisabeth servía como cocinero en las
fuerzas del Tercer Reich y su hijo mayor había muerto en la Batalla de
Estalingrado. Los tres americanos preguntaron a Elisabeth si podían
pasar allí la noche. La mujer les invitó a entrar y los sentó a su mesa.
Estaba haciendo una cura al soldado herido cuando, de pronto, cuatro
soldados alemanes golpearon bruscamente en la puerta, ella les abrió y
entraron con las armas en ristre exigiendo que se les entregara a los
que ya consideraban sus prisioneros... Pero Elisabeth no era mujer que
se arredrara fácilmente, era una mujer curtida en otras mil batallas
vitales y vio a aquellos jóvenes como lo que parecían, un grupo de niños
furibundos peleándose por tener la razón en un juego sangriento. Ella
ya había perdido a un hijo en aquella locura y, quizás, pensó en las
madres de todos aquellos chicos, casi todos de la misma edad que el
suyo, que pretendían convertir su casa en un pequeño campo de batalla.
Elisabeth se interpuso entre los dos grupos de enemigos y dijo unas
frases dirigidas al grupo alemán que ya forman parte de la Historia: "Ellos -dijo señalando a los americanos- podrían
ser mis hijos, como podríais serlo vosotros. Ellos, como vosotros,
están hambrientos y cansados. Si queréis compartir nuestra cena, sois
bienvenidos. Pero nadie matará a nadie en mi casa en Nochebuena". Y
tal fue la fuerza y la convicción con que aquella brava mujer dijo estas
palabras, que los soldados alemanes, que realmente estaban
desfallecidos de hambre, cansancio y frío, aceptaron la invitación a
sentarse a la mesa con sus "enemigos", con el pequeño Fritz y con la
intrépida anfitriona que preparó para todos ellos una humilde pero
especialísima cena de Navidad, a riesgo de ser acusada de traición y
fusilada por dar cobijo a los aliados.
¿Qué ocurrió? Acabaron cantando villancicos todos juntos y, a la
mañana siguiente, los soldados alemanes indicaron a los americanos cómo
llegar hasta su unidad y les desearon "buena suerte".
Mucho tiempo después, en 1996, Fritz Vincken, el hijo de aquella mujer extraordinaria, viajó a Maryland para encontrarse con Ralph Blank, el soldado americano herido que cenó con ellos en la inolvidable nochebuena de 1944... El encuentro fue, como supondréis, conmovedor.
Parece
leyenda, pero es Historia. La Navidad tiene la virtud de despertar algo
que -por desgracia- permanece dormido el resto del año para la mayoría
de nosotros; esa convicción atávica, llegada de no se sabe dónde, que
nos insta a ser un poco mejor con el otro, aunque sólo sea unos días,
una pulsión extraña, en contra incluso de nuestra naturaleza "animal"
que, por desginios de la selección natural, nos empuja a eliminar a
quienes nos estorban.
Muchos piensan que la Navidad es la "época de los hipócritas", porque somos "buenos" solamente durante un par de semanas... ¿Y eso qué importa? ¿No es mejor ser buenos dos semanas, que no serlo nunca? Por eso celebramos estos días especiales, porque no nos comportamos de la manera correcta durante todo el año y debemos establecer un punto de atención. Por eso celebramos el Día del Niño, el Día de la Mujer, el Día de la Tercera Edad, para advertirnos a nosotros mismos y a la sociedad que hay una causa justa por la que seguir luchando pacíficamente, para recordarnos algo que está "mal" y hay que solucionarlo. El hecho de que el día después del Día del Niño sigan muriendo miles de criaturas de hambre en todo el mundo, ¿convierte la celebración de ese día en una efemérides hipócrita? La Navidad es el único día del año que nos recuerda que estamos aquí para hacer algo por los otros, para echar un cable, dentro de las posibilidades de cada cual, para advertirnos que, o nos ayudamos unos a otros, o la nave se hundirá con todos nosotros a bordo. No hay otra salida. La Navidad pone de manifiesto nuestra verdadera naturaleza solidaria y espiritual.
Muchos piensan que la Navidad es la "época de los hipócritas", porque somos "buenos" solamente durante un par de semanas... ¿Y eso qué importa? ¿No es mejor ser buenos dos semanas, que no serlo nunca? Por eso celebramos estos días especiales, porque no nos comportamos de la manera correcta durante todo el año y debemos establecer un punto de atención. Por eso celebramos el Día del Niño, el Día de la Mujer, el Día de la Tercera Edad, para advertirnos a nosotros mismos y a la sociedad que hay una causa justa por la que seguir luchando pacíficamente, para recordarnos algo que está "mal" y hay que solucionarlo. El hecho de que el día después del Día del Niño sigan muriendo miles de criaturas de hambre en todo el mundo, ¿convierte la celebración de ese día en una efemérides hipócrita? La Navidad es el único día del año que nos recuerda que estamos aquí para hacer algo por los otros, para echar un cable, dentro de las posibilidades de cada cual, para advertirnos que, o nos ayudamos unos a otros, o la nave se hundirá con todos nosotros a bordo. No hay otra salida. La Navidad pone de manifiesto nuestra verdadera naturaleza solidaria y espiritual.
¿Que los grandes almacenes se aprovechan? Pues sí, toda lucha tiene su daño colateral.
Ojalá,
algún día, ni la Navidad, ni el Día del Niño, ni el de la Mujer, etc.
sean ya necesarios. Será un síntoma esperanzador de que ya nada ni nadie
deberá recordarnos lo evidente.
Pero, mientras ese momento llega, os deseo, de todo corazón (sin
hipocresías), que paséis unas navidades llenas de armonía, luz,
esperanza y todo aquello que necesitéis. Y que el próximo año, sea mucho
mejor.
Un abrazo a todos.
Ana Márquez
Ana Márquez
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