viernes, 28 de febrero de 2020

ORACION

Condúceme a lo secreto, Señor,
allí donde habitaremos juntos.

Al lugar de la desnudez y el despojo,
a la intemperie de mis miedos y ansiedades,
a la tristeza de mis noches frías
a la soledad del corazón herido
a la incertidumbre de mis frustraciones,
al silencio de mis palabras censuradas.

Condúceme a lo secreto,
allí donde habitaremos juntos.

Al desierto de mil manantiales escondidos,
al cobijo del sol que me alienta,
a la raíz de la vida escondida,
al fuego de los hondos deseos,
a la ternura del afecto que cura
al silencio de la oración confiada.

Condúceme a lo secreto,
allí desde donde resucitaremos juntos.

-Matías Hardoy

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jueves, 27 de febrero de 2020

ORACION DE CUARESMA


Aquí estoy contigo y quiero ser yo misma de verdad.
Quiero entrar dentro de mi
Quiero hacer camino hasta el desierto de mi corazón.
Quiero tocar mi hondura y dejar de vivir desde la superficialidad.
Quiero, Jesús, descubrirme por dentro y vivir desde dentro
Quiero tomar conciencia de lo que no soy, y de lo que soy,
Quiero poner en mi vida razones profundas que me hagan vivir.
Quiero tener motivaciones sanas que me eleven a la altura,
Quiero tener voluntad propia a la hora de decidir.
Quiero, Jesús, dejar la arena y apoyarme en roca firme.
Quiero ser original y no copiar modas,
Quiero vivir en la autenticidad y no perder mi verdad por la imagen barata.
Quiero ser valiente, enérgico/a, decidido/a y no andar en duda continua.
Quiero, Jesús, ser yo.
Ábreme el corazón a la escucha desde el silencio.
Ábreme el corazón al contacto de tu Palabra.
Quiero estar contigo a solas, en paz y en silencio porque se que me amas.

martes, 25 de febrero de 2020

ORACION CONTEMPLATIVA SIGUIENDO A JESUCRISTO

¿Cómo ir caminando hacia el silencio contemplativo? capillita JLVB

Queridos amigos, aquí está la explicación de lo que significa un camino contemplativo cristiano. Para los cristianos, todo es GRACIA. No es el fruto de un esfuerzo personal ni de una técnica en especial. Nosotros, llamados por Jesucristo (esto es una vocación), nos ponemos a disposición de la GRACIA DEL ESPÍRITU SANTO QUE OBRA EN LO MÁS PROFUNDO DE NUESTRO CORAZÓN.

Tomado del blog de José Luis Vázquez Borau

Antes que nada decir que este camino es un camino en el Espíritu del Señor Resucitado. Es un camino de gracia y no un camino de esfuerzo personal, de conquista.Es Él el que nos lleva a un lugar apartado, al desierto, para hablarnos al corazón. Este camino místico no es tarea fácil. Hacer silencio exterior puede ser relativamente fácil. Silenciarse interiormente requiere un cierto método. En primer lugar escoger un espacio pequeño en el hogar donde hacer silencio contemplativo. Se trata de un pequeño templo presidido principalmente por un icono de Jesús y otro de la Virgen María. Hay que recordar que en la tradición oriental los iconos son un presencia real de Jesús, la Virgen y los santos. Por eso cuando entramos en un templo ortodoxo no tenemos la misma sensación que cuando entramos en una iglesia. Allí tenemos la sensación de que entramos en el mismo cielo. Así, una cosa que nos puede ayudar, como hizo Moisés ante la zarza ardiendo del Sinaí, es descalzarnos, como símbolo de pobreza ante el Señor.
Ahora solo nos resta dos cosas: sentarnos y quedarnos quietos. Tener la espalda erguida y las piernas cruzadas en forma de loto o dobladas, arrodillados en un banquillo de oración. La quietud es el silencio del cuerpo. Y ahora centrados ante el icono de Jesús ir repitiendo la «oración del corazón» : Señor Jesús, ten piedad de mi pobre pecador…hasta que nos vamos silenciando interiormente. El silencio no se conforma consigo mismo y va en busca de la palabra. En este caso de la Palabra de Dios. Y lo que se escucha en el silencio del desierto del corazón no es «yo soy» sino , «soy amado», «soy hijo», “soy hermano”. Afirmar que Dios es Padre es afirmar la experiencia del fundamento amoroso de la mística cristiana. Y esto nos proporciona humildad, paz y alegría. Se nos iluminan los ojos para poder descubrir que Dios nos habla a través de los acontecimientos de la vida.

¿SER CONSCIENTES?: ¿CUÁNDO NO SE DEBE MEDITAR? CONTRAINDICACIONES DE ...

¿SER CONSCIENTES?: ¿CUÁNDO NO SE DEBE MEDITAR? CONTRAINDICACIONES DE LA MEDITACIÓN...: Max Ernst, Grätenwald, 1926 La meditación se está convirtiendo en un fenómeno de masas. Es raro quien hoy en día no ha oído hablar...

sábado, 1 de febrero de 2020

¿QUE ES MEDITAR?


Meditar, es regresar al origen. A la esencia. A la fuente invisible de donde brota todo lo visible. Es cerrar los ojos de afuera, para abrir los ojos por dentro. Es tomar conciencia de tu inhalación y exhalación. De cada latido de tu corazón. Sincronizar con la respiración del Universo, el conocido OM, aquí y ahora.
Meditar es no pensar. Nada. Y así aprender a conscientemente hacerlo. Si quieres aprender a meditar comienza cachándote al juzgar, al etiquetar, o cuando te aferras en querer definir lo bueno y malo. Comienza a desarrollar tu conciencia de observador. De contemplar todo y a todos sin necesitar identificarte. Soltando los deseos de posesión y de pertenencia a cualquier persona o esquema social. Atrapa a esos pensamientos que detonan tu estrés o tu enojo y medita sobre ellos, palpa su contenido y descubre de donde surgen. De que manera es que obtienen su carga. Como todo, tu pensamiento es energía, y es donde esta tu atención que empoderas tu creación. Observa bien esos pensamientos destructivos, para poder reconocerlos y saber que tu no eres esa programación. Así te será fácil tirarlos a la basura. Así empezaras a integrar tu energía. A saber conservarla. A no desperdiciarla en interferencias, y enfocarte incrementando tu nivel de magnetismo. O sea, tu poder de atraer lo que deseas manifestar en tu vida. Así podrás plasmar en esta dimensión tu visión. Tu imaginación. Tu creación tan valiosa en la evolución.
La meditación no es sólo sentarte en loto por 5 minutos cerrando los ojos. La meditación es todos los días, a cada instante, con cada persona y en cada situación. Nada es ordinario ni cotidiano cuando recuerdas que estas vivo. Para el ser consciente, ese que honra su energía, todo es sagrado. Todo te está hablando. Desde la pasión de una diminuta hormiga, hasta el paso del mas grande elefante, hay magia en todo.
Meditar es estar plenamente consiente que eres tu quien esta creando a todo y a todos. Que nadie mas que tu eres responsable de lo que ha pasado, está pasando o puede pasar. Es detenerte, en el presente continuo, a observar tu causa. Tu aportación a este mundo. Sumergirte de respiración a respiración en tu sub consciente, para disolver esos bloqueos que te hacen ser reactivo en vez de creativo. Que te hacen impulsivo en vez de reflexivo.
Meditar es auto observarte, y auto observarte es conscientemente reprogramarte, estableciendo en un presente perpetuo, una relación contigo mismo de respeto, congruencia, serenidad y templanza. Meditar es conscientemente crear. Es pulir tus controles, y afinar tus sensores, para filtrar a tu gusto a personas nocivas y pensamientos obsoletos, abriendo las alas y dirigiendo tu vuelo.

viernes, 31 de enero de 2020

¿QUÉ QUIERES DE ESTA VIDA?

Pregunta 1: ¿Quieres ser feliz?
Si quieres ser feliz, deja de buscar la felicidad y sé feliz AHORA. Si no eres feliz AHORA no lo serás en el futuro, porque la felicidad es un estado de nuestra consciencia y no un estado de ánimo que depende de algo externo.
Pregunta 2: ¿Quieres incrementar tu felicidad?
Compártela con otros y sé generoso con cualquiera sin buscar nada a cambio.
Pregunta 3: ¿Quieres ser fuerte?
No te aferres a nada, suéltalo todo, y toma responsabilidad por todo, incluso por cómo te sientes. Ponerte en el lugar de víctima te debilita.
Pregunta 4: ¿Quieres ser excelente?
Estate dispuesto a equivocarte, avanza con confianza, naturalidad y humildad. Agradece y aprende de los errores del pasado para no repetirlos, pide perdón y perdónate.
Pregunta 5: ¿Quieres ser sabio?
Escucha a tu corazón y deja que él te guíe. No necesitas recopilar más información, reconocer tu propia ignorancia es suficiente.
Pregunta 6: ¿Quieres paz?
Acepta a las personas y a las situaciones tal cual son, solo así podrás aceptarte a ti y estar en Paz.
Pregunta 7: ¿Quieres abundancia?
Pon foco en todo lo que tienes y agradécelo y no en lo que crees que te falta.
Pregunta 8: ¿Quieres recibir amor?
Deja de exigirlo, llamar la atención y generar tensión. Da amor incondicional y te sentirás desbordado de Amor y Dicha. El Amor maduro es dar, el inmaduro es tomar.
Pregunta 9: ¿Quieres ver con claridad?
Cierra los ojos y despiértate.
Pregunta 10: ¿Quieres ver milagros?
Abre los ojos y mira, están por todos lados y todo el tiempo.
Pregunta 11: ¿Quieres respuestas?
La quietud y el silencio te las darán. Luego no habrá más preguntas y todo será muy evidente.
Pregunta 12: ¿Quieres sentirte conectado contigo, con los demás y con todo el Universo?
Medita.
Pregunta 13: ¿Quieres estar centrado?
Deja de juzgar y culpar a los demás y a ti mismo. Recibe de la misma manera las críticas y los elogios.
Pregunta 14: ¿Quieres avanzar en la vida?
Deja de estar pendiente de las opiniones de los demás. Escúchalos, pero luego toma tus propias decisiones y hazte cargo.
Pregunta 15: ¿Quieres cambiar el mundo?
Cambia tú.
Pregunta 16: ¿Quieres salir de la depresión?
Sé útil para los demás, haz algún tipo de servicio voluntario y no estés esperando y demandando atención y lástima. Deja de pensar, "yo, yo, yo", o preguntarte, "¿por qué a mí?", "qué injusticia", etc. Esta forma de pensar tira más y más de ti hacia abajo.
Pregunta 17: ¿Quieres tener tu autoestima alta?
Observa, conoce y disuelve tu Ego, sé natural, claro y sincero y el mundo entero se rendirá a tus pies.
Pregunta 18: ¿Quieres iluminarte?
Sólo date cuenta que ya lo estás...

lunes, 30 de diciembre de 2019

PARA BUSCADORES SOLITARIOS DE DIOS

(de un Ermitaño anónimo)
Algunos consejos a la hora de usar una imagen
Una imagen es una obra de arte destinada a propiciar la oración y la contemplación. No es por lo tanto un objeto de decoración o de adorno.
Ha sido creada para ayudar a los creyentes en la plegaria individual, familiar o de pequeños grupos.
Mantenla oculta siempre que no estés en oración y evita miradas de otras personas o las tuyas propias, cuando no estás orando.
No es un objeto para enseñarlo a las amistades ni una decoración exótica para la casa.
Es una evocación de lo Sagrado a través de una imagen.
Antes de elegir un icono, una imagen o una figura, mira bien si realmente evoca en ti lo Sagrado. No tengas prisa en elegir. Tómate todo el tiempo que haga falta.
Un icono, una figura, una imagen, un templo o cualquier lugar de oración no es imprescindible; afortunadamente Dios está en todas partes; pero lo que tienes que ver es si tú lo ves en todas partes. Si es así, no te hace falta ningún elemento externo de ayuda, pero tienes que ser muy sincero y si no es así, y resulta que una imagen, un icono, determinadas iglesias o cualquier otro elemento te ayuda a evocar la presencia de lo Sagrado, entonces es bueno y sabio el que lo utilices.
Algunos consejos sobre la oración
En la oración no se trata de pedir cosas a Aquel que todo conoce. La oración no es para decirle a Dios lo que quieres sino para escuchar lo que Él quiere para ti y que no es otra cosa que compartir lo que Él es: Tranquilidad profunda, Beatitud, Paz, Bondad, Belleza, Amor …
 
No se trata de pedir cosas sino de comprender que no necesitas nada más que la presencia de Dios y descansar en esa morada llena de sus cualidades.
Antes de orar debes comprender que detrás de todos tus deseos de objetos o de situaciones del mundo, solo hay un deseo: la paz profunda. Y ese deseo último que tanto anhelas y que proyectas en los objetos y situaciones del mundo solo lo puedes obtener en tu interior. La tranquilidad y la plenitud solo están en tu espíritu, que es el Espíritu de Dios.
Una persona se pone a orar cuando ha comprendido claramente la futilidad y la relatividad de todos los objetivos convencionales humanos que, aún teniendo su importancia, no pueden darle la paz profunda, la plenitud que todo ser humano anhela con nostalgia. Es comprendiendo claramente esto, bien sea por la propia inteligencia, o movido por las constantes dificultades de la vida, cuando uno se acerca a la Paz, la Belleza, la Bondad, la Plenitud y la Alegría que proporciona el contacto con lo Absoluto y con lo Sagrado a través de la oración en su calidad más contemplativa.
Sumergirse en el “acto orante” es el síntoma más claro de que se ha llegado al discernimiento (entre lo verdadero y lo falso), al desapego (de las cosas del mundo), a la aceptación
(de la Voluntad de Dios), a la humildad (respecto a nuestra capacidad humana), a la sabiduría (habiendo comprendido donde está la plenitud y el gozo verdadero), al Amor (al abrazar en nuestra oración a toda la creación), y a todas las demás virtudes… Todas las virtudes están contenidas en la oración.
Orar es un acto simple de permanecer ante la Presencia de lo Sagrado.
No te compliques con rituales ni con palabrería o con lecturas excesivas. Orar es muy sencillo, no hace falta que te leas todos los libros que hay sobre el tema. Se trata de orar, no de leer sobre ello. Vale más un minuto de presencia en lo Sagrado que un año de lecturas sobre la oración.
El rato de oración es un paréntesis de tranquilidad en tu vida. Nunca tengas prisa. La prisa, la ansiedad, la complicación y la dispersión son los mayores enemigos del espíritu. Mantenlos a raya cueste lo que cueste. Nunca te dejes llevar por ellos. Mantente todo el tiempo que haga falta hasta que reconozcas la presencia de lo Sagrado. Esto puede llevarte desde unos pocos minutos hasta horas. Ten paciencia y espera.
Evita hacerlo de manera mecánica y rutinaria; hazlo, no por obligación, sino por amor. Eso te sitúa en una actitud y una atmósfera totalmente diferentes.
 
El pensamiento racional puede llegar a ser un gran enemigo del espíritu. No pienses, ni razones, ni elucubres sobre lo que haces. Simplemente hazlo; simplemente ora. Entra en esa atmósfera, no pienses sobre ella. El pensamiento no entiende esos estados y antes, durante o después de la oración, pondrá todo tipo de impedimentos y de razonamientos haciéndote ver lo absurdo de la práctica. El pensamiento empleará todo tipo de argumentos de lo más convincentes e ingeniosos. ¡No hagas caso al pensamiento! Diga lo que diga la mente, tú continúa con tu práctica de oración.
Ten en cuenta que esto te sucederá, incluso, después de muchos años de práctica y de frecuentación de esos “lugares del Espíritu”. Muchos son los testimonios de personas de oración y de vida interior que así lo confirman. Nunca hagas caso a esos pensamientos. La mente pensante, hiper desarrollada en las personas actuales, no puede abarcar ciertas moradas y se resiste con todas sus fuerzas poniendo una barrera que debemos vencer con perseverancia e inspiración.
* * *
Siéntate derecho, relajado y atento, en silencio y quietud.
Puedes emplear una invocación simple como por ejemplo:
Ven Señor Jesús ... Abba Padre ... Maranatha ... Señor mío y Dios mío ... Jesús te amo ... Dios Amor ... etc ...
La repetición se irá uniendo, poco a poco, a la respiración: al tomar aire y al expulsarlo.
Puede llegar un momento en el que el aliento en sí, se transforma en oración. El contenido de la palabra se traspasará a la respiración, al cuerpo y al mundo. Entenderás lo que es «ver a Dios en las formas y las formas en Dios».
Si decides usar otra plegaria, mira que sea una sencilla frase o palabra que evoque en ti lo Sagrado y que repetirás con tranquilidad dejándote impregnar por su sabor.
Puedes centrar tu atención en el corazón. Eso enraíza la oración en el cuerpo y despeja a la mente del continuo bullicio del pensamiento. De esa manera el espíritu se “corporaliza” y el cuerpo se “espiritualiza”. En el corazón vivirá entonces una llama orante permanentemente encendida; como una luz que señala donde hay un “templo vivo de Dios”.
Puedes abrir los ojos de vez en cuando un momento y mirar a la imagen que te inspira, de manera que añadas un impulso más hacia las alturas a través de la visión.
No fuerces la plegaria, ni mucho menos la respiración. Una de las claves fundamentales de la oración está en aprender la manera en que la plegaria “suceda” por sí misma, a su propio ritmo, “se rece” en ti, lo mismo que la respiración “ocurre” sin ningún esfuerzo.
Los momentos más propicios para la oración son el amanecer y el anochecer , pero puedes hacerlo en cualquier otro momento del día o de la noche.
 
Con el tiempo la oración se irá haciendo continua en tu vida, tanto la «Oración Verbal» cuando sea posible, como la «Presencia en el Sabor de lo Sagrado» que se mantendrá como plano de fondo a lo largo de todo el día.
Sobre ese sagrado “lienzo de fondo” verás que se van dibujando las situaciones, los movimientos, las conversaciones, el trabajo etc… Toda tu vida quedará cubierta por el manto de tranquilidad de lo Sagrado e iluminada por la “dorada luz del Tabor”; un gran manto de tranquilidad, lucidez, comprensión y gracia que irá abarcando las situaciones, los paisajes, las personas en cada momento de tu vida.
También con el tiempo esa invocación, ese sabor o esa luz, se mantendrán por la noche durante los sueños.
Si sois una familia, acostumbraros a orar juntos al atardecer o antes de dormir. ¡Apaga la televisión … tu alma te lo agradecerá!
A los niños les resulta muy fácil la oración siempre y cuando no se les complique con palabrerías inútiles o con doctrinas que no llegan a comprender. Enséñales a orar con el Padre Nuestro o con una invocación simple. Los niños captan magníficamente el “sabor” de lo Sagrado y les deja un recuerdo indeleble en sus almas. Valen más unos minutos de oración contemplativa todas las noches; viendo además el ejemplo de sus padres; que todas las explicaciones teóricas que se les pueda dar. Cuando sean mayores te agradecerán las horas pasadas en esa atmósfera sagrada en vez de viendo la televisión. Habrás sembrado una semilla de paz, alegría y plenitud con unas consecuencias que ni siquiera imaginas ahora.
 
Si en periodos largos de oración sientes molestias en el cuerpo, aprende a moverte muy lenta y armoniosamente. Inclínate hacia delante, hacia los lados o extiéndete hacia atrás. Haz, armoniosa y lentamente, torsiones hacia los lados o cualquier otro movimiento que te alivie las molestias. Aprende a moverte tan suavemente que el movimiento no perturbe el estado de oración. Así el movimiento también será oración e invocación.
De la misma manera que una palabra o una frase pueden invocar y evocar lo sagrado, también un movimiento, un gesto o la evocación visual de una imagen pueden hacerlo. Si sinceramente ese es tu caso hazlo así, pero no lo hagas por estar a la moda o por ser original; mira si eso realmente te sitúa en presencia de lo Sagrado. A fin de cuentas lo que importa es llegar a la presencia de Dios y el vehículo que empleemos para ello será, simplemente, aquel que más nos ayude a ese fin.
 
Reconocerás la presencia del Espíritu por sus frutos. Ahí donde aparezca una Alegría sin motivo mundano, una Bondad desinteresada, un Amor en estado puro y sin excepciones, una Belleza que todo lo abarca con su manto, una Paz interior y un Agradecimiento independientes de las circunstancias exteriores, ahí estará sin duda el Espíritu.
Cuando aparezca esa Alegría sin objeto, contémplala, quédate mirándola; permanece en esa vivencia durante todo el tiempo que puedas, minutos, horas o días. Cuando aparezca la Bondad, contémplala, quédate impregnándote de esa vivencia; quédate con ella todo el tiempo que puedas. Así con todas las demás cualidades divinas: el Amor, la Libertad, la Misericordia, la Infinitud, el Silencio, la Paz profunda, etc… Conforme vayan apareciendo en la oración, quédate contemplándolas y así irán tomando cada vez más presencia en tu vida.
También reconocerás la presencia de lo Sagrado cuando al intentar describir la vivencia aparezcan las paradojas. Expresiones como: una “vacuidad plena”, una “plenitud sutil”, un “silencio sonoro”, una “densidad ligera”, una “soledad acompañada”, etc. denotan que se ha visitado ese lugar donde mora el Espíritu.
A veces también lo puedes reconocer por algunos cambios físicos: notarás un cambio en la respiración que tomará una calidad “diferente”, más profunda o más intensa o más lenta, según el momento o las personas. Puedes notar también algunos cambios en la calidad de la mirada, o en la relajación de la columna o de los plexos nerviosos. Pero todos estos cambios, si es que ocurren, ocurrirán de manera espontánea y como consecuencia de la profundización, no puedes forzarlos ni fingirlos desde afuera.
 
De la oración contemplativa, al silencio contemplativo solo hay un paso. No fuerces el silencio; llegará de forma natural cuando el alma quede impregnada del Espíritu en una unidad. Entonces, de manera natural, cesará la repetición de la plegaria y te mantendrás en la simple presencia silenciosa. No quieras, por orgullo, llegar a lo más alto y permanece tranquilamente ahí donde Dios te ha puesto y donde puedas sentir su presencia. En estos tiempos es una pena que muchas personas con gran capacidad y vocación de interioridad, por querer llegar directamente al último peldaño de la unión mística…. ni siquiera alcancen el primero de paz interior. El silencio forzado será un silencio “vacuo”, desprovisto de gracia, y que no tiene ningún sentido espiritual. Con frecuencia, incluso, se convierte en algo angustioso. El silencio en sí mismo no es el objetivo, sino la presencia de Dios. La presencia de Dios viene acompañada de silencio, pero el silencio no siempre es acompañado por la presencia de Dios.
La palabra caerá como una fruta madura cuando aparezca lo que ella invoca. Entonces reposa y descansa en ese Santo Silencio, en esa Santa Presencia. Cuando veas que ese perfume desaparece, cuando veas que vuelve la inquietud o la sequedad, entonces vuelve a la palabra hasta que el fuego se avive de nuevo. Una y mil veces.
 
Por otra parte no debes forzar la oración verbal, la palabra, cuando veas que el silencio te ha tomado o esté llamando a tu puerta. En esos momentos, incluso la palabra que te elevaba puede convertirse en un estorbo y hacerte descender de esa «ligereza plena». No tengas miedo al silencio. La simple presencia, o el simple aliento son oración cuando están impregnados de Gracia.
Si tienes la bendición de encontrar un maestro de oración aprende de él, será una gran suerte. Desgraciadamente en los tiempos que corren, esto es cada vez más difícil por no decir imposible. Esto no debe desanimarte, confía en la inspiración y en la ayuda del Espíritu Santo y haz el camino en soledad. Si no tienes ayuda en la tierra confía en la ayuda del Cielo. La ayuda para el espíritu llega a raudales a las pocas personas que, en este profanado mundo de hoy en día, optan por una orientación interior. Con el tiempo puede que encuentres a algunas pocas personas como tú. Os reconoceréis enseguida.
Aunque estés en soledad, ponte en camino y ora en soledad. El mundo del espíritu ha estado desde siempre lleno de ermitaños y solitarios, y ahora, con el actual descalabro espiritual, sigue estándolo aunque permanezcan ocultos en las ciudades. Si lo puedes hacer en grupo o en familia hazlo así, pero sea cual sea la situación no dejes de meditar, orar y contemplar lo Sagrado.

 
No puede un ser humano hacer acto más bello que la oración. Sumergirse en el acto orante es sumergirse en la belleza que encierra dicho acto… El abandono y la entrega al acto orante es la mayor belleza que puede acompañar nuestra vida; esa entrega… esa rendición ante lo que nos sobrepasa…
Uno puede optar por cubrir su vida con un manto de belleza o permanecer en la sequedad, el desasosiego, la inquietud, la fealdad o en la amargura. En algún momento de tu vida tendrás que optar por lo uno o por lo otro, más allá de ideologías, argumentaciones y razonamientos de la mente pensante.
Merece la pena apostar por lo primero y que tu paso por este mundo esté acompañado de la Luz, el Calor y la Belleza de lo Sagrado, convirtiéndote así en un foco de irradiación de esas cualidades para tu entorno.
Si tu impulso y tu vocación son fuertes, esa opción se hará de una vez y para siempre. Pero lo más habitual es que esa opción sea un gesto que se renueva cada día o cada momento del día en una apuesta y una decisión constante.
Hay momentos de “sequedad” interior; cuando la “noche oscura”, el desánimo y la aspereza invaden cada célula. En esos momentos lo mejor es poner orden en la vida exterior y mantener un “mínimo” de oración. Pueden bastar tres minutos a la mañana y tres a la noche. Eso no cuesta ningún esfuerzo a pesar de que estemos en plena “noche oscura”. Aunque te parezca poco, eso es mejor que nada. En esos momentos tienes que ser humilde y reconocerte en tu humanidad. No puedes en ese estado ponerte metas muy altas; se como un niño, Dios no te pide nada más allá de tus posibilidades actuales. 
 
Algunos consejos para cuando se hace oración en grupo
Si en algún momento tienes la bendición de encontrar otras personas que, como tú, también practican la oración contemplativa, puede ser positivo el reunirse para orar en común, algún día de la semana.
Cuando varias personas se reúnen es necesario un mínimo de estructuración para que la reunión pueda ser espiritualmente enriquecedora y no termine por ser un desorden y una dispersión. Recuerda que la belleza y el orden son un reflejo y una cualidad de lo Absoluto.
Al tomar cualquier decisión, hasta la más mínima, o hasta la que parezca sin ninguna importancia, no perdáis nunca de vista el objetivo de «estar en presencia de lo Sagrado». Comprobar si aquella decisión realmente es buena para favorecer la presencia de Dios o no.
Hay que ser muy sincero y muy tajante en esto porque de ello depende la eficacia espiritual del grupo.
Los salmos se pueden recitar en grupo simplemente con el tono normal de lectura, pero todavía mejor es hacerlo con la entonación gregoriana que es muy sencilla de aprender y practicar, y que además crea una atmósfera mucho más contemplativa.
De utilizar cánticos, que sean gregorianos, evitando esa clase de músicas emocionales y dulzonas que se acostumbran hoy en día y que no favorecen para nada la elevación espiritual.
Al estar en grupo es mejor marcar unos periodos de oración que resulten adecuados para el grupo. Alguien se encargará de marcar el tiempo con un toque de campana y si se hace la salmodia, alguien se encargará de dirigirla mínimamente.
Sobre todo nada de complicación y de dispersión. Lo más simple es lo más eficaz. Si a la simple oración se añaden algunos elementos es con el fin de facilitar la presencia del Espíritu, la inspiración, o el funcionamiento grupal, pero no es para nada obligatorio. Si no es necesario añadir nada, tanto mejor; y si se hace, que sea para mejorar la calidad de transparencia interior no para difuminarlo todo con decoraciones o emocionalidades.
El lema de un grupo contemplativo orante debe ser el tradicional monástico de «Soledad compartida».