miércoles, 22 de abril de 2020

Autor desconocido

Que si nació hoy, que si nació ayer, que si nació aquí, que si nació allá. Que si murió a los 33, que si murió a los 36. Que cuántos clavos, que cuántos panes y pescados. Que si eran reyes, que si eran magos. Que si tenía hermanos, que si no tenía. Que dónde está, que cuando vuelve...
A mí me agarró de la mano cuando más lo necesitaba.
Me enseñó a sonreír y agradecer por las pequeñas cosas.
Me enseñó a llorar con fuerza y a soltar. Me enseñó a despertarme saludando al sol y a acostarme con la cabeza tranquila.
A caminar muy lento y descalzo.
Me enseñó a abrazar a todos y a abrazarme a mí mismo.
Me enseñó mucho. Me enseñó a quererme con ganas. A querer al que tengo cerca y, de cuando en cuando, a extenderle la mano.
Me enseñó que siempre me está hablando en lo cotidiano, en lo sencillo, a manera de mensajes y que para escucharlo, tengo que tener abierto el corazón.
Me enseñó que un gracias o un perdón lo pueden cambiar todo.
Me enseñó que la fuerza más grande es el amor y que lo contrario al amor es el miedo.
Me enseñó cuánto me ama a través de mil detalles.
Me enseñó que los milagros sí existen. Me enseñó que si yo no perdono, soy yo el que se queda prisionero, y para perdonar primero tengo que perdonarme.
Me enseñó que no siempre se recibe bien por bien, pero que actúe bien a pesar de todo.
Me enseñó a confiar en mí y a levantar la voz frente a la injusticia.
Me enseñó a buscarlo dentro de mí y no fuera.
Me deja que me aleje, sin enojarse. Que salga a conocer la vida. A equivocarme y aprender.
Y me sigue cuidando y esperando.
Hasta me deja aprender de otros maestros, sin ponerse celoso. Porque es de necios no escuchar a todo aquel que hable de amor.
Me enseñó que solo vengo a estar aquí por un tiempo, y solo ocupo un lugar pequeño. Y me pidió que sea feliz y viva en paz, que me esfuerce cada día en ser mejor y en compartir mi luz conociendo mi sombra, que disfrute, que ría, que valore, y que él SIEMPRE va a estar en mí....que aunque dude y tenga miedo, confíe, ya que esa es la fe: confiar en Él a pesar de mí....
Se llama Jesús.

martes, 7 de abril de 2020

Espiritualidad y salud mental: reflexiones a raíz de la pandemia por el virus SARS-CoV-2

Entrevistamos a Maribel Rodríguez, doctora en Medicina, médico psiquiatra, máster en Psicoterapia y experta en Logoterapia y en Hipnosis. Ha sido profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad San Pablo CEU y de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales de la Universidad Pontificia de Comillas. Actualmente es directora de la Cátedra Edith Stein en el Centro Internacional Teresiano Sanjuanista (CITeS) de Ávila, cuya tarea central es tender puentes entre antropología, psicología y espiritualidad. Ejerce su actividad clínica en su consulta privada en Madrid.
¿Qué definición propone del término espiritualidad?
Las definiciones de lo que es la espiritualidad son muy variadas, quizás haya tantas formas de vivirla como personas. Procuraré resumir las que me parecen más acertadas, con una variedad de opciones en la que cualquier persona pueda encontrar su manera de entender la espiritualidad.
La espiritualidad tiende a considerarse como la dimensión más esencial del ser humano, o a relacionarse con aspectos inmateriales de la existencia, como nuestra capacidad de amar o de tener compasión o de sacar fuerzas de lo más profundo de nosotros mismos. También se asocia con la trascendencia, con la esperanza, con la inspiración, con el propósito y con el sentido de la vida y con el sentido último de todas las cosas. En otros casos se ha relacionado la espiritualidad con la capacidad de conectar armónicamente con lo más profundo de uno mismo, con los demás, con la naturaleza, con Dios o con una realidad superior. O bien se ha entendido como lo que inspira y alimenta el amor, la ética, la creatividad, la consciencia o la percepción de lo sagrado.
Viktor Frankl plantea que la espiritualidad es lo que tenemos de humano y la dimensión esencial en la que acontece nuestra existencia. La espiritualidad puede aportar ciertos recursos internos y puede darnos fuerzas, creatividad, humanidad o sentido a la vida. Algo que puede ser muy importante en las situaciones difíciles que se nos presentan, aportándonos elementos que permitan superarlas o afrontarlas mejor.
¿Cuál es la relación entre espiritualidad y salud mental?
En la mayoría de los estudios que tratan de buscar esa relación, se encuentra una asociación positiva entre cultivar la dimensión espiritual y mejor salud mental (menos ansiedad, menos depresión, menos adicciones, menos riesgo de suicidio, mejor pronóstico de enfermedades mentales, etc.). La espiritualidad también se ha relacionado con un mayor bienestar psicológico. No obstante, hay algún estudio que pone de manifiesto que esa relación puede ser inversa cuando se viven formas de espiritualidad más infantiles o narcisistas. Por lo que habría que discernir, en cada caso, si la espiritualidad lleva a mirar más allá de uno mismo y a amar más a otros (y en este caso hablaríamos de espiritualidad más “saludable”), o bien si la espiritualidad es una forma de regresión narcisista al servicio de los propios egoísmos (y en ese caso, esa manera de vivirla nos perjudicaría y no sería “saludable”).
A la hora de abordar el sufrimiento psíquico en las circunstancias actuales, ¿cómo debe acercarse el clínico a la exploración de la dimensión espiritual del sujeto?
Hay varias formas de acercarse a la espiritualidad del sujeto, con dos líneas fundamentales de abordaje. La primera es preguntando directamente si a una persona en concreto la religiosidad o la espiritualidad le ayuda a sobrellevar mejor su situación de sufrimiento (lo que incluiría preguntar aspectos generales de su visión espiritual y por prácticas espirituales o religiosas que le puedan resultar de ayuda). También es importante preguntar si esa religiosidad o espiritualidad puede generarle algún problema (pensemos en cuando se vive de forma estricta, cuando hay conflictos con una comunidad, etc.).
La segunda línea general de abordar la cuestión es con preguntas más indirectas, como plantearle a la persona qué le está dando fuerzas en estos momentos de dificultad o qué le ha dado fuerzas en otros momentos difíciles de su vida (muchas veces surgen alusiones a la espiritualidad).
En cuanto a los profesionales de la salud, ¿cree que deben cuidar la dimensión espiritual o que, sin saberlo, ya lo están haciendo? ¿Tiene que ver este cuidado con comulgar con una confesión religiosa o es aplicable a cualquier ser humano? 
No considero que el cuidado de la dimensión espiritual se pueda considerar como un “deber”, sino que creo que es una oportunidad de crecer y de encontrar fuerzas adicionales y sentido ante lo que nos toca vivir. Creo que todo ser humano que busca expresar ciertos valores en su vida, como el bien y la verdad, la justicia o el amor, ya está poniendo de manifiesto algo espiritual que le construye como persona y que le ayuda a dar sentido a su vida cotidianamente. El hacernos conscientes de ello nos puede ayudar a cultivarlo con más énfasis y a darnos cuenta de cómo nos llega a construir como personas, de una manera más completa, aportándonos más riqueza, profundidad, más luz y fuerzas para combatir las dificultades que tenemos que atravesar en nuestros días.
Ese cuidado puede hacerse dentro o fuera de una confesión religiosa. Al ser una dimensión constituyente de todo ser humano, se da en todas las personas, tanto si son religiosas como si no. La diferencia es que la religión aporta, entre otras cosas, un método de cultivar la dimensión espiritual y un camino compartido con otros.
¿Cómo se cultiva esa otra escucha de uno mismo y de los demás? Más aun teniendo en cuenta que están en circunstancias muy adversas por lo que respecta a la propia seguridad, desbordados por la virulencia de la infección, viéndose obligados a ser los únicos acompañantes de enfermos moribundos o teniendo que informar a sus familias.
Hay muchas formas de cultivar esta dimensión. Creo que la principal, en estas circunstancias, es aprender a mirar lo mejor y más profundo de nosotros mismos y a potenciarlo, siendo conscientes del bien que podemos albergar y aportar a otros, valorando lo que somos como seres humanos que tienen la oportunidad de traer salud, alivio y compañía humana a otras personas que sufren (pacientes y compañeros de trabajo). Acordarnos de esto y ponerlo en práctica, en nuestro trabajo como profesionales de la salud, me parece que es algo fundamental.
Añado una serie de posibilidades, porque creo que puede ser de ayuda para contemplar diversas opciones:
  • Ser conscientes de qué puede ser esa dimensión espiritual, preguntarnos por ella, explorándola para conocernos mejor a nosotros mismos. Conocernos puede hacer que nos demos cuenta de esa dimensión que todos tenemos en lo profundo y que puede aportarnos luz y fuerzas en la adversidad y ayudarnos a afrontar las dificultades cotidianas que nos toca vivir.
  • Cultivar la conexión con la espiritualidad: con oración, meditación, petición, intención de tener compasión y amor (hacia nosotros mismos y hacia los demás), lecturas espirituales, etc. También puede ayudar el hecho de darnos espacios para el silencio (aunque sea durante segundos), para estar con nosotros mismos y cultivar así nuestra vida interior. Podríamos aprovechar ese silencio interior para mirarnos con empatía y amor, apoyándonos en la perspectiva de que algo que nos sostiene desde dentro o más allá de nosotros puede ser de gran ayuda ante la adversidad. Otra opción puede ser hacer una oración en mitad de la acción pidiendo fuerzas, pidiendo por la salud y el bienestar del paciente que tenemos delante o simplemente transmitiéndole acogida y cariño (algo que es también fundamental hacer con nosotros mismos). También se puede meditar poniendo plena atención al momento presente y a lo que toca hacer en este momento, dejando de lado distracciones y “ruidos” mentales.
  • Tener experiencias comunitarias: tener una red de encuentro y de soporte, dentro de la misma fe, perspectiva espiritual o práctica de meditación, puede ser también de gran ayuda. En nuestro trabajo, también ayuda si compartimos algo de esa práctica con compañeros que tengan una perspectiva similar a la nuestra, o al menos podemos hablar de ello y apoyarnos mutuamente.
  • Buscar el sentido de la vida, como planteaba Viktor Frankl, captando el valor de lo que hacemos y de lo que sucede en cada momento. También se puede buscar el sentido mirando la vida desde una perspectiva global de nuestra existencia o buscando el sentido último de todas las cosas (como, por ejemplo, tratando de percibir un orden implícito que lo sostiene todo).
  • Buscar sentido al sufrimiento: ante el sufrimiento, Viktor Frankl propone poner en marcha los valores de actitud. Por ejemplo, tomar consciencia de que ante lo que estamos pasando puede existir la posibilidad de adoptar una actitud constructiva, viéndola como posibilidad de aprendizaje, entrega, superación personal, cooperación con otros, etc. Para Frankl esa libertad de cultivar la mejor actitud posible se sostiene en la capacidad del espíritu para oponer resistencia a circunstancias adversas.
  • Cultivar la aceptación, dándonos cuenta de que nuestro yo no es el que lo controla todo y de que la realidad que nos rodea es más que nosotros mismos y nuestros deseos. Para las personas religiosas, esto se manifestaría poniendo todo lo que no pueden controlar en manos de Dios y centrando la acción en lo que realmente sea posible controlar. La aceptación es un elemento fundamental para tolerar la incertidumbre y desarrollar humildad y apertura ante la realidad.
  • Cultivar la libertad interior: lo que quiere decir que en nuestro interior hay un espacio íntimo en el que no puede entrar nadie más que nosotros, desde donde podemos mirar lo que ocurre fuera con más libertad y perspectiva, así como encontrarnos con nosotros mismos en lo más íntimo y profundo que tenemos. Tomar consciencia de la libertad interior nos permite ejercerla y tener más capacidad de elección, lo que puede dar más posibilidades de crecer en la adversidad.
  • Tomar consciencia de fuerza del amor y ponerlo en práctica: el amor es fundamental para sobrevivir en situaciones adversas, para unirnos a otros y dar sentido a la relación de ayuda. Ese amor debe incluirnos también a nosotros mismos para ser completo y debe llevarnos a cuidarnos de manera adecuada. A su vez, el amor nos ayuda a mirar más allá de nosotros mismos y aumenta las posibilidades de que podamos ver más allá de nuestro dolor. En la situación que vivimos hay muchas vías de expresar ese amor, desde el cuidado de nuestros pacientes actuando con ellos como nos gustaría ser cuidados nosotros, hasta el cuidado y respeto a las relaciones con nuestros compañeros, familiares, etc., pues a todos nos toca, hoy en día, bregar con una dosis, mayor o menor, de sufrimiento.
  • Cultivar la consciencia de la belleza: la belleza aporta sentido, nos abre el horizonte hacia una percepción más amplia de las situaciones dolorosas, de tal forma que, si prestamos atención a la belleza de las pequeñas cosas cotidianas, es más fácil poder soportar los días adversos y que la negatividad no nos invada. Puede consistir en darnos tiempo para ver imágenes que nos resulten bellas, percibir detalles cotidianos que nos inspiren esa belleza en mitad de las dificultades que nos toquen vivir (a veces, tan sólo mirar por un instante la luz que entra por la ventana, nos puede conectar con la belleza y aliviar nuestro malestar).
El filósofo Wittgenstein acaba el “Tractatus Lógico-Filosófico” con el aforismo: “de lo que no se puede hablar, más vale callar”. ¿Qué le sugiere? ¿Recomendaría una cierta dosis de silencio en las actuales circunstancias?
Sí, necesitamos silencio ante lo que aún no podemos comprender y asimilar. Lo que no quiere decir que una vez comprendido, discernido y sometido a un juicio crítico, no podamos hacer un análisis correcto de la situación y actuar en consecuencia.
Por último, como directora de la Cátedra Edith Stein de Ávila, ¿qué nos diría una mística como ella hoy?
Creo que nos diría fundamentalmente que el sufrimiento tiene sentido, siempre y cuando sepamos mirarlo desde el lugar más profundo de nosotros mismos, con apertura al amor, a la entrega y a la empatía con el sufrimiento de otros. Para ella, el sufrimiento supone una oportunidad de aprender y de estar más unidos a un Dios que sufre con nosotros porque se ha permitido vivir la vulnerabilidad humana en la cruz, por lo que nos acompaña hasta en los dolores más intensos de la vida. Para ella, también es importante la experiencia de vivir con la confianza en que nuestra realidad interna y externa es sostenida por Dios, a pesar de todas las cosas difíciles que nos queden por atravesar.

viernes, 6 de marzo de 2020

UN COMENTARIO DE JUAN TAULERO

 Juan Taulero, beato dominico, místico de gran influencia en San Juan de la Cruz, que escribe sobre el año 1300 y se pregunta sobre la crisis de los monjes que a la edad de 50 años dejan el monasterio o abdican de su vocación. Para él una crisis es una coyuntura de cambio en cualquier aspecto de una realidad organizada, pero inestable. Un cambio crítico tiene incertidumbre en sus consecuencias que ponen en riesgo el desarrollo y crecimiento normal. En las crisis espirituales no hay gusto, no hay paz, uno queda agotado. No puedo hacer nada, sin embargo hay que ver que la crisis es obra de Dios. Descubrir mi fondo, es fundamental madurar… pero reaccionamos mal. Incluso no vale solo la oración ni la ascesis. Dios obra por mi vida.

Existen tres formas de afrontar una crisis:
* Primero la huida:
1. Me niego a mirarme, busco la reforma de lo externo. Que cambie otro.
2. Aferrarme a las prácticas de toda la vida de manera formal, no afronto lo interior.
3. Nuevas formas de hacer incesante. Espero solución de fuera, consumismo espiritual. La vida espiritual tiene un escalonamiento que no acepto ni entiendo.
De aquí provienen los famosos giróvagos, nada les contenta en donde están y cambian de lugar. Dice Tomás de Kempis: “El cambio de lugar a engañado a muchos.” 


* Segundo inhibición y endurecimiento:
1. Endurecimiento de mis prácticas de piedad. Caigo en la dureza de corazón y la intransigencia. Solo vale la forma exterior, sin amor. Mis principios son mis ídolos. Mi seguridad son mis convicciones, no en el encuentro con el Dios vivo. Fariseísmo. Hay miedo.
2. Dios es un extraño, caemos en ser cisternas secas.
3. Las monjas de Port Royal, puras como ángeles y orgullosas como demonios.

* Tercera respuesta, la correcta: El autoconocimiento desde Dios, la madurez y la interioridad:
1. Es una vía dolorosa. Hay verdades que no deseo ni quiero escuchar, por eso me endurezco, pero debo seguir. Aquí es de donde San Juan de la Cruz saca la idea de la noche oscura.
2. Proyecto mis errores en los demás. Es una conmoción, sin embargo me ayuda a madurar.
3. El Espíritu Santo guía a la apertura. Y hay que pasar por apretura, como una serpiente que muda la piel.
4. ¿Cuáles son mis motivaciones y mis actitudes? Observarse, e imaginar. Aquí es donde la lectura del cuento del Padre Sergio y del monje que pone ejemplo Casiano en boca de Moisés cuando dice que deja la Pascua por su ascetismo… ¿a mí qué me mueve a hacer lo que hago?
5. Cuál es mi verdad sin autojustificaciones.
6. Autoconfianza. Descubrir mis mentiras. Focalizar la atención en Cristo.
De esta reacción sacamos un gran beneficio: La serenidad:
1. No es paz estoica.
2. Es entregar mi voluntad a la voluntad de Dios. Es dinámica.
3. Dejar incluso lo bueno, es como una novia que cambia el vestido. Hay cosas que me sirvieron espiritualmente de joven, de adulto son otras, lo anterior tuvo su valor, pero en el avance espiritual descubro nuevos métodos que me valen mejor que lo que hacía de niño y que me hacen crecer en la fe.
4. Disposición para sufrir, pasar por apretura. Como el cambio de piel de la serpiente.
5. Confiar en el Espíritu Santo. Madurar.
6. Hacer, hacer, hacer no vale, sino…….. dejar hacer a Dios. Entrega del corazón. Y entonces hay como una segunda conversión en la vida, es un nuevo nacimiento de Jesucristo en nuestro interior.
Creo que son ideas muy interesantes que incluso el mismo psiquiatra austriaco Carl Jung subraya: la crisis de la madurez, de los 40-50, es una crisis espiritual cuya respuesta está en la interioridad. De esta manera nuestro discernimiento y atención a lo esencial es bien distinta a la infancia espiritual y nos hace crecer.

viernes, 28 de febrero de 2020

ORACION

Condúceme a lo secreto, Señor,
allí donde habitaremos juntos.

Al lugar de la desnudez y el despojo,
a la intemperie de mis miedos y ansiedades,
a la tristeza de mis noches frías
a la soledad del corazón herido
a la incertidumbre de mis frustraciones,
al silencio de mis palabras censuradas.

Condúceme a lo secreto,
allí donde habitaremos juntos.

Al desierto de mil manantiales escondidos,
al cobijo del sol que me alienta,
a la raíz de la vida escondida,
al fuego de los hondos deseos,
a la ternura del afecto que cura
al silencio de la oración confiada.

Condúceme a lo secreto,
allí desde donde resucitaremos juntos.

-Matías Hardoy

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jueves, 27 de febrero de 2020

ORACION DE CUARESMA


Aquí estoy contigo y quiero ser yo misma de verdad.
Quiero entrar dentro de mi
Quiero hacer camino hasta el desierto de mi corazón.
Quiero tocar mi hondura y dejar de vivir desde la superficialidad.
Quiero, Jesús, descubrirme por dentro y vivir desde dentro
Quiero tomar conciencia de lo que no soy, y de lo que soy,
Quiero poner en mi vida razones profundas que me hagan vivir.
Quiero tener motivaciones sanas que me eleven a la altura,
Quiero tener voluntad propia a la hora de decidir.
Quiero, Jesús, dejar la arena y apoyarme en roca firme.
Quiero ser original y no copiar modas,
Quiero vivir en la autenticidad y no perder mi verdad por la imagen barata.
Quiero ser valiente, enérgico/a, decidido/a y no andar en duda continua.
Quiero, Jesús, ser yo.
Ábreme el corazón a la escucha desde el silencio.
Ábreme el corazón al contacto de tu Palabra.
Quiero estar contigo a solas, en paz y en silencio porque se que me amas.

martes, 25 de febrero de 2020

ORACION CONTEMPLATIVA SIGUIENDO A JESUCRISTO

¿Cómo ir caminando hacia el silencio contemplativo? capillita JLVB

Queridos amigos, aquí está la explicación de lo que significa un camino contemplativo cristiano. Para los cristianos, todo es GRACIA. No es el fruto de un esfuerzo personal ni de una técnica en especial. Nosotros, llamados por Jesucristo (esto es una vocación), nos ponemos a disposición de la GRACIA DEL ESPÍRITU SANTO QUE OBRA EN LO MÁS PROFUNDO DE NUESTRO CORAZÓN.

Tomado del blog de José Luis Vázquez Borau

Antes que nada decir que este camino es un camino en el Espíritu del Señor Resucitado. Es un camino de gracia y no un camino de esfuerzo personal, de conquista.Es Él el que nos lleva a un lugar apartado, al desierto, para hablarnos al corazón. Este camino místico no es tarea fácil. Hacer silencio exterior puede ser relativamente fácil. Silenciarse interiormente requiere un cierto método. En primer lugar escoger un espacio pequeño en el hogar donde hacer silencio contemplativo. Se trata de un pequeño templo presidido principalmente por un icono de Jesús y otro de la Virgen María. Hay que recordar que en la tradición oriental los iconos son un presencia real de Jesús, la Virgen y los santos. Por eso cuando entramos en un templo ortodoxo no tenemos la misma sensación que cuando entramos en una iglesia. Allí tenemos la sensación de que entramos en el mismo cielo. Así, una cosa que nos puede ayudar, como hizo Moisés ante la zarza ardiendo del Sinaí, es descalzarnos, como símbolo de pobreza ante el Señor.
Ahora solo nos resta dos cosas: sentarnos y quedarnos quietos. Tener la espalda erguida y las piernas cruzadas en forma de loto o dobladas, arrodillados en un banquillo de oración. La quietud es el silencio del cuerpo. Y ahora centrados ante el icono de Jesús ir repitiendo la «oración del corazón» : Señor Jesús, ten piedad de mi pobre pecador…hasta que nos vamos silenciando interiormente. El silencio no se conforma consigo mismo y va en busca de la palabra. En este caso de la Palabra de Dios. Y lo que se escucha en el silencio del desierto del corazón no es «yo soy» sino , «soy amado», «soy hijo», “soy hermano”. Afirmar que Dios es Padre es afirmar la experiencia del fundamento amoroso de la mística cristiana. Y esto nos proporciona humildad, paz y alegría. Se nos iluminan los ojos para poder descubrir que Dios nos habla a través de los acontecimientos de la vida.

¿SER CONSCIENTES?: ¿CUÁNDO NO SE DEBE MEDITAR? CONTRAINDICACIONES DE ...

¿SER CONSCIENTES?: ¿CUÁNDO NO SE DEBE MEDITAR? CONTRAINDICACIONES DE LA MEDITACIÓN...: Max Ernst, Grätenwald, 1926 La meditación se está convirtiendo en un fenómeno de masas. Es raro quien hoy en día no ha oído hablar...