jueves, 14 de noviembre de 2019

LA IRA. EL DOMINIO DEL FUEGO INTERIOR - THICH NHAT HANH

Todos tenemos una energía habitual en nosotros. Somos lo bastante inteligentes como para saber que si hacemos o decimos algo movidos por nuestra energía habitual, estropearemos nuestras relaciones. Sin embargo, a pesar de ser inteligentes, seguimos haciendo y diciendo cosas arrastrados por la ira.
Por eso muchos de nosotros hemos causado tanto sufrimiento en las relaciones que mantenemos con los demás. Después de haber hecho daño a alguien, lo lamentas muchísimo y te prometes no volver a hacerlo nunca más. En ese momento eres muy sincero y estás lleno de buenos deseos. Pero la próxima vez que una situación parecida vuelva a presentarse, harás exactamente lo mismo, volverás a decir exactamente lo mismo y causarás el mismo daño una y otra vez.
La inteligencia y el conocimiento no te ayudarán a cambiar tu energía habitual, lo único que puede ayudarte es la práctica de reconocerla, abrazarla y transformarla. Por eso el Buda nos aconsejó practicar la respiración consciente, para reconocer nuestra energía habitual en cuanto se manifieste y cuidar de ella. Si logras abrazar tu energía habitual con la energía de ser consciente, estarás a salvo y no volverás a cometer el mismo error.
Siempre que nuestra energía habitual se manifieste, lo único que necesitamos hacer es reconocerla y llamarla por su nombre. Respiramos conscientemente y decimos: «Hola, envidia; hola, miedo; hola, irritación y cólera. Sé que estás ahí, y estoy pendiente de ti. Cuidaré de ti y te abrazaré con la energía de ser consciente». Inspirando, damos la bienvenida a nuestra energía habitual; espirando, le sonreímos. Cuando lo hacemos, nuestra energía habitual deja de dominamos. Estamos a salvo. Nos hemos liberado

miércoles, 13 de noviembre de 2019

LA IRA. EL DOMINIO DEL FUEGO INTERIOR - THICH NHAT HANH


En la psicología budista existen cincuenta y una formaciones mentales. Hay formaciones negativas, como la ira, los vehementes deseos y la envidia, y otras positivas, como el ser consciente y la ecuanimidad.

 Cuando experimentamos una formación mental positiva, como la alegría o la compasión, hemos de inspirar y espirar para ser conscientes de la alegría y la compasión que hay en nosotros. Cuando abrazamos nuestra alegría y nuestra compasión respirando conscientemente, ambas se multiplican diez o veinte veces. La respiración consciente nos ayuda a sustentarlas durante más tiempo y a experimentarlas con mayor profundidad. Por eso es tan importante abrazar las formaciones mentales positivas como la alegría, la felicidad y la compasión cuando surjan, porque son una especie de comida que nos ayuda a crecer.

Hablamos de «la alegría de la meditación como alimento diario» porque el sentimiento de alegría que surge de la meditación, de ser conscientes, nos alimenta y sustenta.

De igual modo, cuando surjan formaciones mentales negativas como la ira o la envidia, hemos de volver a nosotros mismos y abrazarlas tiernamente, calmándolas al respirar conscientemente, como una madre tranquilizaría a su afiebrado hijo. «Inspirando, tranquilizo mis formaciones mentales; espirando, tranquilizo mis formaciones mentales.»

martes, 12 de noviembre de 2019

LA IRA. EL DOMINIO DEL FUEGO INTERIOR - THICH NHAT HANH

Hay varios métodos sencillos para cuidar de tus emociones fuertes. Uno de ellos es «la respiración abdominal», que consiste en respirar con el abdomen. Cuando quedamos atrapados en una emoción fuerte, como el miedo o la ira, hacemos la práctica de dirigir la atención al abdomen, porque quedarse al nivel del intelecto es peligroso. Las emociones fuertes son como una tormenta, y permanecer en medio de ella es muy arriesgado. Sin embargo, la mayoría lo hacemos al quedamos fijos en la mente dejando que los sentimientos nos aneguen.
En lugar de ello, hemos de intentar enraizarnos llevando la atención hacia abajo. Nos centramos en el abdomen y practicamos la respiración consciente, fijándonos sólo en cómo el estómago sube y baja. Podemos hacer esta práctica sentados o tendidos.
Cuando observas un árbol en medio de una tormenta, ves que la punta es muy inestable y vulnerable. El viento puede romper las ramas más pequeñas en cualquier momento. Pero cuando observas el tronco del árbol, te da una sensación completamente distinta. Ves que el árbol es muy sólido y no se mueve, y sabes que será capaz de soportar la tormenta. Nosotros también somos como un árbol. Nuestra cabeza es la copa del árbol durante la tempestad de una emoción fuerte, de modo que hemos de centrar la atención al nivel de nuestro ombligo. Después empezamos a practicar la respiración consciente. Nos concentramos sólo en la respiración y en cómo el estómago sube y baja. Es una práctica muy importante porque nos ayuda a ver que aunque una emoción sea muy fuerte, sólo permanecerá un determinado tiempo y después se irá; no durará siempre. Si aprendes a practicar de esta forma en tiempos difíciles, sobrevivirás a estas tempestades.
Has de saber que tus emociones no son más que emociones. Surgen, se quedan por algún tiempo y luego se van. ¿Por qué habría de morir alguien por culpa de una emoción? Tú eres algo más que tus emociones; y es importante recordarlo.
Durante una crisis, cuando inspiras y espiras, ten presente que tus emociones se irán si sigues practicando. Después de haberlo logrado varias veces, confiarás en ti mismo y en la práctica. No te quedes atrapado en tus pensamientos y sentimientos. Centra tu atención en el estómago e inspira y espira. Esta tormenta desaparecerá, no temas.
Abrazamos nuestro cuerpo con la energía de ser conscientes para calmarlo, y podemos hacer lo mismo con nuestras formaciones mentales: «Inspirando, soy consciente de mis formaciones mentales. Espirando, soy consciente de mis formaciones mentales».

lunes, 14 de octubre de 2019

CINCO CONTEMPLACIONES SEGÚN EL MAESTRO THICH NHAT HANH.

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Es mucha la felicidad que puede proporcionarnos contemplar el alimento pocos segundos antes de comer y comerlo luego atentamente. En nuestros centros de práctica utilizamos las cinco contemplaciones como forma de recordarnos de dónde viene el alimento y su objetivo.
La primera contemplación consiste en cobrar conciencia de que el alimento procede directamente de la tierra y del cielo. Es un regalo de la tierra y del cielo y de las personas que lo han preparado.
La segunda contemplación tiene que ver con ser merecedores del alimento de vamos a comer. Y, para ser merecedores, debemos comerlo atentamente, siendo conscientes de su presencia y agradeciendo la posibilidad de disfrutar de él. No podemos perdernos en elucubraciones, miedos o enfados relativos al pasado o el futuro. Es justo que, como el alimento está presente para nosotros, nosotros estemos también presentes para el alimento. Come atentamente y serás merecedor del cielo y de la tierra.
La tercera contemplación te ayuda a cobrar conciencia de tus tendencias negativas y a no dejarte arrastrar por ellas. Tienes que aprender a comer con moderación, es decir, a comer la cantidad adecuada de alimento. No en vano el cuenco utilizado por el monje o la monja es conocido también como “la medida apropiada”. Es muy importante no comer más de la cuenta. Si masticas y comes lenta y atentamente, tu nutrición será más completa. La cantidad adecuada de alimento que debes comer es aquella que te ayuda a permanecer sano.
La cuarta contemplación tiene que ver con la calidad de la comida. Por ello decidimos comer tan solo aquellos alimentos que no intoxiquen nuestro cuerpo y nuestra conciencia, es decir, comemos alimentos que nos mantengan sanos y nutran nuestra compasión. Eso es comer atentamente. El Buda dijo que comer de un modo que destruya en ti la compasión es como devorar la carne de tu propio hijo. Come, pues, de un modo que mantenga viva la compasión en ti.
La quinta contemplación tiene que ver con la conciencia de que nos alimentamos para realizar algo. Nuestra vida debe tener sentido, y ese sentido consiste en aliviar el sufrimiento ajeno y ayudar a los demás a permanecer en contacto con la alegría de la vida. La vida empieza a tener sentido cuando nuestro corazón alberga la compasión y podemos reducir el sufrimiento ajeno. Ese es, para nosotros, un alimento muy importante y que puede proporcionarnos mucha alegría. Una sola persona puede ayudar a muchos seres vivos, y eso es algo que puede hacerse en cualquier lugar.
Fuente: Felicidad - Thich Nhat Hanh.