miércoles, 20 de julio de 2016

EL SILENCIO por Mons. Fulton J. Sheen

"Yo os digo que hasta de cualquier palabra ociosa que hablaren los hombres han de dar cuenta en el día del juicio" Mt. XII, 36.
Señor, guarda mi boca y pon un candado a mis labios
para que no se deslice mi corazón a palabras
maliciosas, que sirven de pretexto al pecado.
(Oración durante la incensación en la Misa).


Un filósofo chino ha dicho: “Los americanos no son felices; ser ríen demasiado.” Una risa ruidosa es disipación; una sonrisa es comunión. La risa es chillona y sale de fuera del corazón; la sonrisa es tranquila y sale del interior del corazón. ¿Por qué tiene tanto atractivo el ruido en la moderna civilización? Probablemente porque las almas carentes de dicha y desilusionadas tienen necesidad de él para no fijarse en su insatisfacción. Ninguna casucha es tan pequeña ni está tan oscura, tan húmeda ni deteriorada como el interior de un modernista. El bullicio y el ruido externo apartan al alma de la contemplación de las heridas íntimas y retrasan su cicatrización.

Cuanto más nos aproximamos al espíritu, tanto más aumenta el silencio. A cada paso que da la criatura hacia el Creador, disminuyen las palabras. En los comienzos, el amor habla; luego, al profundizar en su abundancia, desaparecen las palabras. Al principio está el Verbo hecho carne; después, el Espíritu, que es demasiado profundo para las palabras. Al principio, el Verbo se “expresa” en Galilea; luego vienen los nueve días de silencioso retiro, en espera de Pentecostés. 

El silencio es la condición ambiental que
 mejor favorece el recogimiento, la meditación,
la oración y la escucha de Dios; porque Él habla
en el silencio y hay que saberlo escuchar.
Son tontos los que dicen que sólo se quieren porque les gustan las mismas cosas: los paseos de otoño, la música de Wagner, la poesía, los valets o los objetos raros. Estas predilecciones “exteriores” no les servirán para nada si no se quieren entre sí en silencio. El amor aumenta y se despierta con el silencio. La amistad nace con las palabras; el amor proviene del silencio.

También tiene el silencio armonías y equilibrio. Se precisan cuando menos dos personas para producir verdadero silencio. En el desacuerdo puede existir silencio, pero no comunidad de paz. El conferenciante que no se ha preparado habla más que el que se preparó. Cuanto más clara es la intuición de la verdad, menor es el número de palabras que se necesitan. En Dios sólo existe una Palabra que resume todo lo que se conoce o debe ser conocido.

La clave del misterio de María, Madre de Jesús, la tenemos en su silencio. Los Evangelios solamente nos recuerdan hablando siete veces a lo largo de los treinta y tres años de íntima convivencia con Su Divino Hijo. Esto desmiente a los que atribuyen locuacidad a la mujer. La Virgen se calló aun en momentos en que creemos que debiera haber hablado. ¿Por qué no descubrió a José cuando pensaba repudiarla que el Niño lo había concebido en el templo de Su Cuerpo por el amor del Espíritu Santo? Tal vez le impulsara a frenar su lengua un sentido de pudor femenino, pero parece más probable que callase por saber que Dios, que había empezado el milagro en ella, aclararía también el misterio.

Es una regla absoluta de santidad no justificarse nunca ante los hombres. El Evangelio nos dice sencillamente que, acusado falsamente ante los jueces, “Jesús callaba.” El Señor nunca contestó a una mentira.

miércoles, 13 de julio de 2016

CURACIÓN DE LAS EMOCIONES SEGÚN THOMAS KEATING

Recordar pausar la música de fondo de este blog clickeando en las líneas perpendiculares del ícono "bella música" que figura debajo y a la derecha de esta página. Que lo disfruten. Es largo, pero vale mucho la pena!!!



sábado, 25 de junio de 2016

... LA CURACION DEL ESPÍRITU

... La curación es progreso y resurrección. Puede entenderse de alguna manera contemplando las heridas de Cristo crucificado.
Estas siguen todavía presentes. La resurrección no las hace desaparecer . Pero están glorificadas, transformadas, transfiguradas. Ahora son hermosas. En el mismo sentido, la meditación puede eliminar los efectos mutiladores de las dolorosas heridas que tenemos y puede hacer hermoso lo que antes era feo. Y puede dar a la personalidad tal profundidad en el amor y en la visión, que los espíritus ya no pueden volver a amedrentarnos así como tampoco las sirenas nos seducen más.

Y luego viene la liberación del verdadero Yo, cuando el Padre y el Hijo neurótico han perecido de hambre o de desprecio. Entonces, el Hijo natural, alimentado por este gran amor, surge desde las profundidades del propio ser. Este Hijo, contrariamente al neurótico, es inocente, inquisitivo, religioso, artístico ... la fuente de la creatividad. Es el Hijo contemplativo, sujeto de la oración de quietud. Ahora empieza a AMAR, a cantar, a danzar y a desear la belleza. Pero sobre todo grita: ¡"ABBA, PAPÁ"!  Es aquí el momento en que despertamos y somos curados.
No obstante, así como la iluminación no es nunca completa en este mundo, tampoco lo es la curación.

De esto hablaremos en una entrada futura ...

... Continuará ...

miércoles, 1 de junio de 2016

LA CURACION DEL ESPÍRITU - William Johnston

 

La gran estabilidad del místico nace de saberse amado. Dios no ama a su pueblo porque es santo, sino para hacerlo santo. Su fe no es primordialmente una creencia en la existencia de Dios, sino en que Dios lo ama y es este amor el que lo mantiene.

Cuando, a través de la meditación, entro en niveles profundos de conciencia, pueden aflorar a la superficie (mente conciente), sentimientos del pasado. El miedo enterrado puede subir desde el inconciente, pero yo no presto atención a estas voces inquietantes del pasado porque he entrado en un nivel más profundo del espíritu donde puedo desecharlas y permanecer silencioso y totalmente libre de su dominio. Quizás la conciencia de mis problemas, sin por ello dejar que existan, me lleva a una especie de iluminación de los mismos haciendo que pierdan su fuerza.
 
El adentrarse en los estados más profundos de conciencia por medio de la meditación, produce efectos psicofisiológicos de gozo, de gran alegría, calma e integración, que son el lado positivo frente a lo que sucede negativamente en la memoria. Esta calma es un gran tesoro. Pero esta curación nunca será completa sin la presencia de dos factores: EL AMOR es el primero y el segundo es el sentido: no habrá curación completa a menos que el ser humano se sepa amado por Dios, se deje invadir por ese amor para darlo a los demás y además, encuentre una razón completa para vivir. No olvidemos  que LA GRACIA es la que actúa otorgando al alma los dones que ella vaya necesitando. Meditemos y abrámonos a esa gracia del Señor. Nos está esperando!!!
... continuará ...

lunes, 23 de mayo de 2016

INVITACIÓN AL DESIERTO

La entrada en el desierto es siempre un momento solemne. Abandonas el ambiente normal de las relaciones sociales por la incógnita de la soledad. Se empieza por desgarramientos, rupturas. No se lleva a cabo sin lágrimas esa universal y definitiva repulsa de cuanto nos era más querido. Lo suyo les costó a los Hebreos dejar Egipto, y lo lamentaron por mucho tiempo. Eso que salían en familia. A ti se te pide la fe y el valor de Abraham: Vete de tu tierra, y de tu patria, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré.... Marchó, pues, Abram,como se lo había dicho Yahveh (Génesis 12,1-4). No se lee que vacilara o le pesara. ¡Échalo todo por la borda, y pronto! Los miramientos, los aplazamientos sólo harán que sean más costosos unos sacrificios que un día bien tendrás que aceptar, so pena de nunca ser Ermitaño y no poder perseverar. El Dios que te llama a esas renuncias será tu fortaleza. Hizo salir a los judíos de Egipto in manu forti. “Dios no desata, arranca; no doblega, rompe; más que separar rasga y devasta todo”, así habla Bossuet en el segundo sermón de la Asunción. Más tarde entenderás esta palabra de Dios: “Vosotros mismos habéis visto...cómo os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí” (Éxodo 19, 4) No le tomes el peso a tu cruz; se te caería el alma a los pies. Fíate del que, por amor, te recibe tal como eres; sin hacer caso de tu indignidad, y dice: "Voy a seducirle, le llevaré al desierto y le hablaré al corazón..." (Oseas 2,16-18). Cuando practicamos nuestros momentos de oración de silencio y quietud diarios, nos retiramos a este desierto.

viernes, 29 de abril de 2016

Ejercicio espiritual sobre “El peregrino ruso”



  “Alma cristiana, si no encuentras en ti misma la fuerza de adorar a Dios en espíritu y en verdad, si tu corazón no siente aún el calor y la dulce satisfacción de la oración interior, entonces aporta al sacrificio de la oración lo que puedas, lo que esté dentro de las posibilidades de tu voluntad, lo que esté en tu poder. 
Familiariza, ante todo, al humilde instrumento de tus labios con la invocación piadosa, frecuente y persistente.
Que ellos invoquen el poderoso Nombre de Jesucristo a menudo y sin interrupción.
No es un gran esfuerzo, y está dentro de las posibilidades de todo el mundo. Esto es, también, lo que ordena el  precepto del Santo Apóstol:
“ Por Él ofrezcamos de continuo a Dios sacrificio de alabanza, esto es, el fruto de los labios que bendicen Su Nombre”. (Hebreos 13, 15)
No silencies la ininterrumpida invocación de tu oración, aun cuando puede que tu llamada salga de un corazón aún en guerra consigo mismo y medio lleno por el mundo.
No te preocupes. Sigue adelante con la oración, no dejes que enmudezca, y no te inquietes.
Ella se irá purificando a sí misma por la repetición. Nunca dejes que tu memoria olvide esto: Mayor es Quien está en vosotros que quien está en el mundo
Dios es mayor que nuestro corazón, y conoce todas las cosas, dice el Apóstol”.

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Breve comentario y ejercicio

Como si fuera el último día de nuestra vida, hagamos lo que esté en nuestro poder para rezar más y mejor, para avisarle a la mente que un nuevo hábito esta naciendo desde el calor del corazón…
Desde nuestra profundidad surge un anhelo de unión con Dios, una búsqueda amorosa que hemos llevado adelante toda la vida, aunque a veces hayamos creído perseguir otras cosas.
¿Que hemos buscado desde que vinimos a la vida sino el abrazo amoroso de Aquél que nos creó? ¿No nos hemos sentido cautivados una y otra vez por Su misterio?
Cuantas veces hemos dicho: ¡ Amor de mi vida, donde estás que no te puedo encontrar !
Lo hemos buscado tanto y terminaremos diciendo mas tarde o más temprano, como el santo:  ”sino que eras tú quien …… estabas dentro de mí, más interior que lo más íntimo mío…” (Confesiones San Agustín)

Les proponemos el siguiente ejercicio para hoy

Sin decir nada, en el más silencioso de los secretos, concentrémonos en mirar  a los ojos a los demás, a los que nos vamos a cruzar durante el día, en el trabajo, la familia, el estudio…
Nada llamativo, discretamente, cuando hablemos, saludemos, entablemos relación, prestemos atención a los ojos del otro. Quizás lo hagamos con frecuencia con algunas personas que amamos; se trata en este caso de hacerlo con el panadero, la verdulera, el taxista.
Miremos los ojos del otro y si lo recordamos, cuando le atendamos, repitamos con suavidad en nuestro interior:
“Señor Jesucristo,  ten misericordia de todos nosotros”