Este signo prodigioso es el símbolo del misterio más grande de amor que se renueva cada día en la Santa Misa a través de los sacerdotes. Cristo entrega su Cuerpo y su Sangre para la vida de la humanidad. Y todos aquellos que participen de su banquete con dignidad se convierten en instrumentos vivos de su presencia de amor, misericordia y paz.
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